Archivo de la etiqueta: Familia

Porque la familia a veces merece una mención

Otra cara de Ivelisse

Otra cara de Ivelisse y sus hijas

Estas pueden ser Ivelisse y sus hijas | Fotografía de Robert Wiedell

¿Recuerdan a Ivelisse? Hay varias historias que le competen. Esta presenta otra cara de su personalidad y tiene como centro a una de sus hijas.

Vivían en un edificio por apartamentos y todas las tardes el conserje limpiaba el pasillo. Pasaba frente al apartamento de Ivelisse, donde estaban sus hijas y cuya puerta permanecía abierta por el calor de la tarde, las niñas adentro con piezas de ropa pequeñas. Recordemos que hacía calor.

El hombre llamó a una de las chicas y a través del portón le entabló una conversación que desvió para decirle que era muy bonita, que tenía un cuerpo muy lindo y que pasaría a hablar con ella al día siguiente.

¿Qué hizo la niña? Le dijo a Ivelisse, por supuesto. Ella no tenía costumbre de ocultarle a su madre algo así.

¿Qué hizo Ivelisse? Contrató a unos sicarios y le mandó a dar una pela al conserje. ¿Qué esperaban? ¿Una historia de tolerancia y comprensión?

En realidad, no se sabe qué hizo Ivelisse, pero lo que fue funcionó de manera instantánea porque al hombre jamás se le volvió a ver por el edificio. Las chicas continuaron usando ropas mínimas las tardes de calor y la puerta permaneció abierta.

A ver quién se atrevía a decirles algo después de que Ivelisse mostró su otra cara.

La historia de Ivelisse

Una posible Ivelisse | Fotografía de Jose Antonio Alba
Una Ivelisse a la búsqueda de climas más cálidos | Fotografía de José Antonio Alba

La historia de Ivelisse es típica: Una joven, llegada del campo, conoce a un hombre guapísimo y casado. Ya saben lo demás, ¿verdad?

¿Habrá considerado Ivelisse la posibilidad de que él se divorciase? ¿Se lo habrá prometido él? Quién sabe.

Como suele ocurrir en estos casos (dije que la historia era típica), Ivelisse se embarazó. Sola. Porque le dijo al hombre guapo y este identificó a otra persona como el donante del espermatozoide. ¿Ven? Nada extraordinario.

¿Consideró Ivelisse un aborto? Hubiera sido la decisión más sabia, pero me imagino que pesaron en ella caducas consideraciones religiosas de las que nunca logró desprenderse.

La historia se complica cuando el embarazo resultó de alto riesgo. Como el donante verdadero seguía en negación, ella partió hacia extraña nación, a una ciudad de vientos. Allá tendría el bebé.

Una madrugada de primavera, Ivelisse dio a luz a una cosa diminuta, arrugada y negra que tuvo que dejar en el hospital en una incubadora porque sus pulmones no se habían terminado de desarrollar in utero.

Día a día, iba Ivelisse a visitar a su hija. Logró sacarla y le dijeron que la pobre sería casi pigmea y no lograría mucho en la vida porque también sería retrasada (vocabulario de la época). Eso último lo podemos discutir hasta la saciedad, pero lo otro no se cumplió. Por lo menos no mucho.

Eventualmente, hubo que buscar climas más cálidos porque los pulmones de la niña no eran los más saludables. Es así como Ivelisse regresa a Puerto Rico.

Esta parte de la historia podría resultar confusa. No lo es. El donante, ¿recuerdan?, el hombre guapo y casado, decidió demandar para que la niña tuviera su apellido. Se le parecía mucho y no pudo seguir negándola. Como la ley establecía que todo niño debía tener un padre, el juez accedió a la petición, pero añadió responsabilidades económicas que el donante hizo lo posible por no cumplir y detuvo cuando la niña cumplió 18 años. Insisto: esta historia es típica.

¿Qué pasó con Ivelisse? Cometió el mismo error dos veces más, enseñándoles a sus hijas, de paso, que los chicos lindos no valen la pena, lección que tardarían en aprender.

El día que Ivelisse murió, estaba satisfecha. Había logrado echar pa’lante a sus tres hijas, a las cuales nunca llamó bendiciones y las dos más comemierdas se lo agradecieron. Sus hijas podían valerse por sí mismas.

Lo que jamás imaginó fue que, después de que fuera ceniza echada al viento, sus hijas la necesitarían más que nunca, sobre todo, esa cosa diminuta, arrugada y negra, que no resultó pigmea o retrasada, y con la que inició la maternidad.

Acción de Gracias 2018

Este día de Acción de Gracias 2018 debió ser igual que los anteriores. Pero no fue así.

En años anteriores, he aprovechado el día libre para alguna aventura culinaria. La más ambiciosa fue la del 2010 cuando mi mamá vivía con nosotros.

Collage del día de Acción de Gracias 2010

Así de grande fue la cena del 2010

Desde que murió mi madre pasamos el día en casa de mi hermana. En esta ocasión, quise participar preparando algo, lo que, por razones que desconozco no había hecho antes. Los platos que confeccioné fueron una ensalada de papas y un pastel de queso de limón.

Menú del día de Acción de Gracias 2013

La del 2013 incluyó un menú

Sin embargo, hace unos meses que no tengo suerte en la cocina. Es raro que prepare algo que quede realmente bueno o que se vea bien. Por ejemplo, el pastel de queso quedó feo. De hecho, por poco se quema. Al menos sabía bien.

Casi se veía tan feo como los pasteles que preparé en el 2011

En el caso de la ensalada de papas, encontré papas de colores en el supermercado y decidí preparar una ensalada de papas multicolores. Salvo la papa azul, casi no se notaba la diferencia entre las papas rojas, blanca y amarilla. Además, no se cocieron de forma pareja y la papa blanca se desmoronó. Lo que logró que la ensalada se viera multicolor fueron el pimiento verde, el que les dejara las cáscaras y la manzana roja, porque una ensalada de papas sin manzana no es ensalada de papas.

Ensalada de papas multicolor para el día de Acción de Gracias 2018

Ensalada de papas multicolor

Sin embargo, el día como tal comenzó mal. Al despertar, sentía como si tuviera una pila de ladrillos encima. No es la primera vez que me pasa y tal parece que se relaciona con el tratamiento anticáncer, pero es la primera vez que me ocurre cuando tengo un compromiso.

Logré levantarme y terminar de preparar la ensalada. En el camino, empecé a sentir nostalgia y recordé el último día de Acción de Gracias que pasé con mi madre. Solo puedo decir que fue un día agridulce para mí, no como los anteriores.

Día de las madres sin mi madre

Mami Sol en el día de las madres sin mi madreEste no es el primer día de las madres sin mi madre, pero es el primero en el que no iré a ningún lado.

Es muy triste pasar este día sin la madre. A veces me da con pensar a dónde hubiéramos ido a comer; en cuál casa nos hubiéramos reunido o qué hubiéramos hecho. Sé que no gano nada con esto, sin embargo, no puedo ni quiero evitar, por ahora, pensar en todas las posibilidades que ya no serán.

La extraño mucho. Pensé que con el tiempo lo haría menos y es cierto, pero no del todo. Ya no siento la compulsión de llamarla para contarle algo, pero no he podido borrar su número de mis contactos. Ahora que estoy compartiendo el proceso de publicar mi primer libro, no puedo evitar pensar en que ella no lo leerá. Estoy pasando por un momento de salud intenso y solo pienso en todo lo que me hubiera apoyado.

Todavía sueño con ella. Lo más reciente es que había acabado la universidad, conseguí trabajo en Australia y a allá nos fuimos todas: mi mamá, mis hermanas adolescentes y yo. Estábamos montando la casa que alquilamos y las adolescentes se quejaban de que el inglés que habían aprendido en Puerto Rico no les servía en la escuela australiana.

Cuando sueño con ella son situaciones cotidianas, lo que no puedo compartir con ella ahora. Por eso decidí no visitar a nadie el día de hoy. Me toca pasar un día de las madres sin mi madre, acompañada solo de su recuerdo.

Una vez estuve dispuesta a mudarme a Jamaica

Rockhouse Hotel - Negril, Jamaica - Jon Lee Clark

Imagen idílica de Jamaica por Jon Lee Clark

Una vez estuve dispuesta a mudarme a Jamaica. Sola, ahí está el detalle. Tampoco que fuera la primera vez que, por motivos de trabajo considerara mudarme a otro sitio sin Wu Siumán. Ahora, ni pensarlo

La precariedad laboral en la que he estado sumergida hace años, me ha llevado a buscar trabajo donde sea. No solo a mí, a Wu Siumán también. Arabia Saudita, Corea del Sur y la Antártica no parecían buenas ideas, pero él sigue buscando un lugar donde podamos ir los dos.

Yo he buscado opciones en Puerto Rico o lo más cerca posible. Por eso estuve dispuesta a mudarme a Jamaica.

He tenido entrevistas de trabajo en instituciones muy lejos de la zona de Caguas. De haber obtenido alguno de esos trabajos, de seguro hubiera tenido que hospedarme. Pero por mi maldición de ser casi ganadora: era muy buena para entrevistar, muy mala para darme una oferta de empleo.

Ese no fue el caso de Jamaica. Ni siquiera me llamaron. Me hubiera gustado muchísimo haber tenido esa experiencia. Allá hubiera pasado exactamente la misma precariedad laboral que vivo acá. El sueldo era irrisorio, apenas daba para pagar un hospedaje. Sin embargo, estaba dispuesta a mudarme por un año académico. Trabajar en un sistema tan distinto con estudiantes que no son hispanohablantes hubiera sido magnífico.

Pero la vida es así.

Ahora, buscar trabajo con el internet limitado es difícil para Wu Siumán y para mí. Y después de María ninguno está dispuesto a mudarse a ningún lugar del planeta sin el otro. Ni siquiera a Jamaica.