Sobre antologías y concursos literarios

Animales formando una o varias antologías debajo de una señal de pare

No voy a adivinar qué son; lo importante es la señal de tránsito, es la pregunta que me hago todo el tiempo

El año pasado presenté trabajos en varios concursos o los sometí a alguna convocatoria para revistas o antologías. No voy a decir cuántos ni cuáles. Sin embargo, esta empresa me ha dejado algunas lecciones.

Se supone que en la vida del escritor se pierde más de lo que se gana y se puede empapelar una habitación con las cartas de rechazo. Mi caso no fue la excepción: la mayoría de los textos sometidos o no ganaron o fueron rechazados o nadie me ha informado de una cosa o la otra, así que los echo a pérdida. Lo que me sorprende es que hubo cuentos que salieron bien parados.

No soy buena en eso de seguir los consejos para someter textos a certámenes y convocatorias. Si tengo uno que cumple con el tema y el formato (en lo que soy quisquillosa), lo someto. En muchas ocasiones, lo reviso después del veredicto y me percato de algún error ortográfico imperdonable o quizás un hueco en la trama del que no noté o el tono irónico no es evidente o el título no es atractivo o la primera oración no engancha. En algunos casos, he descartado el texto de plano por insalvable; en otros, lo vuelvo a trabajar y lo lanzo a ver si tiene mejor suerte, y todavía en algunos, lo guardo porque me doy cuenta de que no es material para concurso, sino para un futuro libro.

Salvando el hecho de que todavía hay certámenes pendientes de fallo, por lo que no sé cuál es el saldo real de esta empresa, puedo decir que al terminar el 2014 me publicaron en una antología un texto, que no cuento, extremadamente rosita-pink; obtuve mención en el único certamen en el que gané algo; firmé mi primer contrato de publicación, a raíz de que se seleccionara uno de mis cuentos para aparecer en una antología que saldrá a principios del 2015, y por primera vez pagué para que me publicaran en otra antología.

¿Qué lecciones saqué de todo esto? Primero, que los certámenes no son lo mío. Segundo, que tengo mejor suerte en las convocatorias. Y, tercero, que si quiero que me publiquen, debo pagar. No muy alentador, ¿verdad? Reconozco que tampoco estuvo mal. No sé si intente participar en certámenes y convocatorias durante el 2015 y el asunto ese de pagar tampoco me convence mucho, pero ya no lo descarto.

Por lo pronto, continuaré escribiendo y ya veremos en qué para todo esto.

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