La carta de rechazo

En la vida de un escritor hay varias constantes; la carta de rechazo debería ser una de ellas. No lo es.

Buzones para recibir la carta de rechazo

Fotografía de Maite Ramos Ortiz

La carta de rechazo es la comunicación que recibe quien haya enviado un manuscrito o texto a una editorial, una revista o una convocatoria con el propósito de que su libro o texto breve sea considerado para publicación.

Mi experiencia se reduce a tres tipos: la carta que explica la razón del rechazo, la carta que no lo explica y, la más común, la carta ausente.

La carta que explica la razón del rechazo es una rara avis que podría tener como justificación la genérica “no es lo que buscamos”. Si se tiene suerte, podría ser más específica y dar algún motivo. Como solo he recibido una de este tipo y la razón se relacionaba con el contenido, no sé si se señalarían aspectos ortotipográficos.

Cualquiera tiene la oportunidad de recibir la carta que no explica la razón del rechazo. En este caso, las preguntas de cuál es el error y qué puedo hacer para corregirlo quedan sin respuesta. Al menos, el trabajo se libera y es posible descartarlo o revisarlo y volverlo a someter a otra convocatoria.

Pila de cartas

Fotografía de Andrys Stienstra

Por desgracia, lo que he venido a llamar la carta ausente parece ser la norma. Si los editores de revistas o antologías o quienesquiera que estén a cargo de una convocatoria supieran cuán frustrante es someter un texto y nunca saber de él o peor que envíen un acuse de recibo y jamás vuelvas a escuchar de ellos, de seguro enviarían una carta de rechazo, aunque fuera genérica.

En el primer caso, al no recibir ninguna comunicación siempre queda la incertidumbre de qué ocurrió con la colaboración y la pregunta de si será apropiado o no someterla a otra convocatoria. En el segundo, se sabe que el texto se recibió, pero no qué pasó con él. Por supuesto que si se publica la revista o antología y lo que se envió no aparece ahí, ya se sabe que no fue seleccionado. Sin embargo, hubiera sido mejor saberlo de antemano.

Supongo que la práctica de no enviar una carta de rechazo viene del hecho de que son más los textos rechazables que los dignos de aceptación, por lo que son estos últimos los suertudos que reciben una carta. O quizás no se quiera herir la sensibilidad del escritor. Sin embargo, es una cuestión de cortesía. Y si el escritor se ofende, que se aguante. Es parte de la profesión que escogió. Porque insisto que en su vida, la misma que pretendo compartir, la carta de rechazo debería ser una constante.

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