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Sobre teoría literaria.

Ficha del libro Cómo leer y por qué, de Harold Bloom

Cómo leer y por qué, de Harold Bloom

El título debió haber sido Qué leer, cómo y por qué debido a que se trata principalmente de la presentación de obras cuya lectura, según Bloom, es indispensable, acompañadas de la forma en qué se debe leer el texto en discusión.

El libro está dividido en cinco capítulos dedicados a cuentos, poemas, novelas de la literatura universal, obras teatrales y novelas de la literatura norteamericana. Llama la atención que quien afirma la muerte inminente de la novela dedica dos capítulos a las misma; mientras que el género que considera superior, la poesía, no aparece colocado en una de las dos posiciones privilegiadas: primera o última.

Bloom se coloca en una posición abiertamente elitista para seleccionar los textos que discute. La misma es la del hombre blanco, protestante y anglosajón (es muy curioso que solo uno de los términos le aplica en su carácter personal). Por tal razón, no debe sorprender el que en su selección predominen textos de la literatura en inglés y el que considere a William Shakespeare el paradigma a seguir en todos los géneros.

En términos generales, estoy de acuerdo con buena parte de su selección, aunque, por razones obvias, hubiera preferido ver un escogido mayor de la literatura del mundo hispánico, además de Miguel de Cervantes y Jorge Luis Borges. Por ejemplo, ¿hubiera escrito Ralph Ellison su Invisible Man si no se hubiese publicado El Lazarillo de Tormes siglos antes?

No necesariamente estoy de acuerdo con su cómo leer y su porqué para cada uno de los textos que presenta, lo cual no me sorprende dado que no soy ni hombre, ni blanca, ni protestante, ni anglosajona. Tampoco estoy de acuerdo con dos de sus afirmaciones: que muy pocos han alcanzado la perfección en el cuento y que la novela está abocada a desaparecer. Sin embargo, debo reconocer que vale la pena leer el libro para atisbar visiones distintas a las propias y porque es evidente que son producto de la erudición y el análisis concienzudo.

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Ficha del libro How to Read Novels Like a Professor, de Thomas C. Foster

How to Read Novels Like a Professor, de Thomas C. Foster

Reconozco que siento debilidad por libros con títulos tan tontos como este. Cuando lo compré, no tenía intención alguna de usarlo para mis clases y, sin embargo…

Un título como How to Read Novels Like a Professor podría sonar infantil, pero lo cierto es que los que estudiamos literatura no leemos como el resto de la gente, nos guste admitirlo o no. Recuerdo cuanto leía por el puro placer de leer mucho antes de mi maestría incluso (que no es en literatura, pero que ya había afectado para siempre mi forma de leer). Lo que quería era simplemente entretenerme y escaparme por un tiempo. Ahora no, ahora ando buscándole las cinco patas al gato y aunque lo disfruto y me escapo, ya no es lo mismo.

Para un especialista en literatura, Foster no trae nada nuevo. Para un lector lego, Foster abre todo un mundo de posibilidades. El libro se divide en veintidós capítulos, un prefacio, una introducción, un interludio, una conclusión y una lista de lecturas. Poco a poco y en un lenguaje muy sencillo el profesor trabaja desde la elusiva definición de la novela hasta teorías literarias bastante complejas.

Aunque presta principal atención al género en el idioma inglés, dado que esa es su especialidad (literatura en inglés), la novela en español tiene dos grandes representantes. El primero es Don Quijote, de Cervantes, texto al que Foster considera como la primera gran novela (“big first”), y con eso me ganó para el resto del libro. Por otro lado, hace constante referencia a Cien años de soledad, de García Márquez, como una de las grandes novelas contemporáneas y ya con eso fue suficiente para saber que How to Read Novels Like a Professor es excelente.

En realidad, el libro es bueno, independientemente de que mencionara los dos textos claves de la novelística en español. Con ejemplos precisos, presenta aspectos tales como los personajes, el ambiente, la importancia de la primera página, distintas técnicas narrativas como el flujo de conciencia, la voz narrativa, la metaficción y la función del lector, entre otros. Utiliza una prosa muy simple para mostrar todos estos conceptos y he tomado algunas de sus explicaciones para presentarlas en mis propias clases.

Como dije anteriormente, no se trata de un libro dirigido a especialistas, ya que no presenta nada nuevo. Tampoco pretende serlo. Estamos ante un texto dirigido a un público no iniciado en los vericuetos de los literatos y por eso la tontería del título que adelanta a quién se propone captar. No por eso es un mal libro, todo lo contario. Funciona como una guía perfecta para quien lea por placer y desee profundizar más allá en una novela.

Lecturas navideñas

Debido al reciente descubrimiento de mi naturaleza marxista, la cual desconocía totalmente, he decidido dedicar estas seudovacaciones navideñas para educarme en mi nueva ideología.

De mi biblioteca, he seleccionado una serie de libros que, por alguna razón u otra, aún no he leído (a excepción de Literaty Theory) y cuyos autores son marxistas conocidos. Por supuesto, que debería comenzar con el Manifiesto comunista, de Charlie y Freddy, pero no lo encuentro. Tal parece que lo presté y no me lo han devuelto. Los libros que leeré son los siguientes:

Pienso leerlos en ese mismo orden en un período de dos semanas. Sé que es casi suicida, sobre todo, porque tengo otros proyectos para estas seudovacaciones como la limpieza de Año Nuevo, algo de costura, algo de tejido y otros más que no vienen al caso. Sin embargo, todo lo hago en aras de mi educación política.

Pienso reseñarlos en mi Biblioteca de Amaranta. Cuando comencé ese proyecto, me había propuesto no reseñar ningún libro de algún puertorriqueño vivo. Sin embargo, la situación ha cambiado y sé que a Bernabe no le molestará lo que tenga que decir sobre sus libros.

Espero que todas estas lecturas me sirvan para contestar una pregunta que me inquieta desde que descubrí que soy marxista pelúa: ¿se puede compaginar el ser izquierdosa y sufrir, con gusto debo agregar, del síndrome de Imelda?

Lecturas navideñas
Mis lecturas navideñas.
Fíjense que alegres se ven sobre el fondo festivo

Sobre “Secreto y narración: Tesis sobre la nouvelle”, de Ricardo Piglia

"Secreto y narración: Tesis sobre la nouvelle”, de Ricardo Piglia, tomado de El arquero inmóvil, ed. Eduardo Becerra
“Secreto y narración: Tesis sobre la nouvelle”, de Ricardo Piglia,
tomado de El arquero inmóvil, ed. Eduardo Becerra

(Resumen de la clase del viernes, 10 de diciembre de 2010)

Varios son los puntos que presenta Piglia que serán útiles a la hora de analizar “El verano del murciélago”, de Poli Délano, o cualquier otra novela corta. Piglia comienza por establecer que este género es “incierto”, en otras palabras, es de difícil definición. Para tratar de explicarlo sugiere una lectura “en relación con el cuento” (187). Esto nos recuerda a Julio Cortázar quien define la novela corta como “género a caballo entre el cuento y la novela”.

Piglia establece “tres formas en las que habitualmente se codifica la información en el interior de los cuentos” (187) y así mismo ocurre en la novela corta. Se trata del enigma, el misterio y el secreto. El enigma lo define como “la existencia de algún elemento . . . que encierra un sentido que es necesario descifrar” (188). Por el otro lado, el misterio es “un elemento que no se comprende porque no tiene explicación” (188) y, por último, el secreto “es en verdad un sentido sustraído por alguien” (190). Debemos recordar que en la novela corta se encuentran tanto el enigma como el misterio y el secreto. Veamos el ejemplo de Aura, de Carlos Fuentes. Es precisamente el personaje de Aura quien encierra el enigma que es preciso que, como lectores, descifremos; el misterio, ya que todo lo que le rodea e, incluso, ella misma es, durante buena parte del texto, difícil de explicar; y ella es el gran secreto de doña Consuelo.

Piglia también nos da los ejemplos de Borges y Hitchcock quienes presentaban en sus obras y, en palabras de Borges, una “tensión entre la causalidad real y la causalidad mágica” (191). Esto quiere decir que a la hora de construir un texto no hay por qué ser fiel a la realidad, sino a la lógica interna del relato que se cuenta. Fijémonos otra vez en Aura, la lógica de la realidad queda afuera del relato en el momento en que Felipe Montero entra a la casa. A partir de ahí es la lógica de la narración la que prima a tal nivel que el propio Montero deja de usar reloj.

Por otro lado, Piglia presenta un elemento importante en cualquier narración: el narrador, que en clase hemos llamado “voz narrativa”. Recordemos que se trata de un ente diferente del autor o de la autora y Piglia va más allá al decir que “tampoco el que escribe la historia debe ser confundido con la persona real” (193). “Autor” se convierte, entonces, en una construcción diferente del ser real de carne y hueso que se desliga del texto una vez lo termina (sigo aquí el planteamiento a ese respecto que presenta Francisco Ayala, autor de uno de los cuentos que leímos, en su ensayo “Presencia y ausencia del autor”).

Pligia establece la presencia de dos narradores, particularmente en la novela corta, más que en el cuento: uno débil y otro imperial, al que he venido a llamar, “fuerte”. Para Piglia el narrador débil es “un narrador que vacila, que narra un acontecimiento que no termina de entender, y que va construyendo un universo narrativo que él mismo, en cierto sentido, también trata de descifrar” (193-94). Así ocurre con la voz narrativa de Aura que descifra junto con nosotros el universo dentro de la casa de Consuelo Llorente. Por otro lado, el narrador imperial es el que “se impone, que impone el orden del mundo y define los valores, siempre del lado donde las cosas deben aclararse del este modo o del otro” (195). El mismo Piglia pone el ejemplo de García Márquez. Si damos un vistazo a “La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada”, el narrador es fuerte, impone su visión de cómo deben ser las cosas. Tanto así que se trata de un yo testigo que nos ha engañado haciéndonos creer que es tercera persona omnisciente y que nunca explica cómo vino a conocer los acontecimientos que nos narra. Es lógico, entonces, preguntarse qué tipo de narrador es el que aparece en “El verano del murciélago”.

Por otro lado, Piglia establece que el narrador de muchas novelas cortas “cuenta una historia que no es la de él, se interesa por una historia que le es ajena” (196). No importa si esta voz narrativa está en primera, segunda o tercera persona, la historia no le pertenece y, por eso, la trata de descifrar.

Para Piglia, lo más importante en la novela corta es el secreto que describe como “un lugar vacío que permite unir tramas narrativas diversas y personajes distintos que conviven en un espacio atados por ese nudo que no se explica” (200). El secreto se utiliza para construir la trama y proporciona “esa sensación de ambigüedad, de indecisión, de las múltiples significaciones que tiene una historia” (200). Todo se debe a que las múltiples historias que se cuentan en una novela corta son, en realidad, un mismo cuento “contado muchas veces” (201). Quiero que piensen en esto cuando lean “El verano del murciélago”.

El lector es importante a la hora de leer una novela corta, ya que para Piglia se trata de la persona que “tiene que narrar” (202). En otras palabras, es el lector quien, en última instancia, reconstruye la historia y la descifra, si bien, de algún modo. Sin embargo, una de las características del género es la “ambigüedad extrema”, dado que “nunca terminamos por estar seguros de si la historia que pensamos que se ha contado es la que verdaderamente se ha contado” (204). Es decir, hay dudas sobre la “veracidad”, si se puede usar este término en un trabajo de ficción, de la historia que acabamos de leer. No necesariamente sabemos lo que ha pasado y más aún cuando se intersecan más de una historia. Debemos poner en perspectiva también que la novela corta tiene como característica un desarrollo narrativo menor, lo que aporta a la ambigüedad, ya que no se cuenta todo.

Por último, recordemos que todos estos planteamientos de Piglia se aplicarán a “El verano del murciélago”, de Délano.