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Retratos de personas a las que no conozco.

Diario de viaje: NYC 2014

En junio estuve en Nueva York y ha sido el viaje del que más he hablado: al comienzo, al medio, al final y una vez más solo porque sí. ¿Y por qué no hacerlo otra vez?

¿Qué más puedo hacer si la pasé genial? Aunque debo reconocer que en lo que respecta la fotografía, no ha sido el mejor viaje que he tenido. Por razones prácticas, dejé la réflex en casa y viajé solo con un celular, cuya batería se negaba a cargar apropiadamente, y con una tableta, que apenas conoció la ciudad. Se trataba de un viaje de estudios, no una excursión fotográfica.

Ya estoy planificando el próximo viaje y si todo sale bien, será al Viejo Mundo. ¿Cómo me las arreglaré con la fotografía? Ya resolveré. Mientras tanto la calidad no me importa si las fotos me traen tantos buenos recuerdos.

La búsqueda del tesoro

El tema de este mes del grupo La vuelta al mundo fue la búsqueda de doce tesoros, preferiblemente en la misma ciudad. La lista consistía en un campanario, señales con nombres de calle, un puente, un beso, una puerta de color, la fachada de una tienda, una verja, un hidrante, una muchacha desconocida (robado), un buzón de correos, letras en el suelo y una Vespa. Las instrucciones incluían una serie de recomendaciones como que las fotos fueran urbanas, que las personas fueran desconocidas, que los retratos se tomaran durante el mes y que hubiera consistencia a la hora de editarlas.

La búsqueda del tesoro: Reto finalizado
Tesoros encontrados

Lo primero que se me ocurrió fue tirarme la de sanjuanera e irme de pasadía al Viejo San Juan. De seguro allá encontraría todos los tesoros. Pero paseando a Cathy por la urbanización me di cuenta de que al menos la mayoría de los tesoros estaba alrededor mío. Las primeras ocho fotos las tomé en cuatro días.

Las cuatro fotografías restantes me dieron trabajo. Como sabía que no las encontraría en Parque Florido, decidí que no repararía en limitaciones geográficas para encontrarlas. Para la primera de ellas, el puente, me fui hasta Trujillo Alto para retratar el antiguo puente de metal que tanto me gusta. Recuerdo cuando niña el susto que me daba que uno de esos frágiles puentes se cayera justo cuando estábamos pasando por él. Quizás de ahí viene mi fascinación por ellos.

La Vespa fue otra historia. No aparecía. Descubrí solo una tienda que las vende y localizarla no fue fácil. Hay demasiadas calles o avenida de Diego en San Juan y la numeración es aleatoria. Por supuesto, luego de que encuentro la tienda y que tomo la foto a un chispo de la motora que se veía a través de la vitrina que está en un segundo piso, me pasa por el lado un motorista en una Vespa.

La chica y el beso fueron casi imposibles. Eso de fotografiar a las personas sin pedirles permiso me da mucha vergüenza, así que los retratos que había tomado quedaban de espanto. Hasta que, pasando por la posita de Piñones, decido tomar fotos a lo loco literalmente y desde el auto en movimiento logro la que publiqué.

Un beso es tan efímero que las poquísimas oportunidades que tuve para fotografiar uno no me sirvieron de nada porque no lo lograba captar. Lo más cercano había sido un encuentro en Piñones entre Cathy y otro perro que terminó en una garata monumental. Recordé que tenía una chapa con un beso marcado y busqué un lugar bonito de la urbanización, la coloqué y la fotografié. Aún así no estaba contenta. La foto de Cathy es ambigua y la de la chapa es trampa. Hasta que fui al supermercado y mientras esperaba en la fila para pagar me percaté de unos besitos de coco… ¿Son besos, no?

Para obtener la consistencia, utilicé la misma cámara, una PowerShot A590 IS de Canon, y las edité con PhotoScape, usando la misma marca de agua y la misma viñeta. A continuación la presentación con todas las fotos para este reto. Incluye las diferentes versiones de dos de los temas (la Vespa y el beso) y los mosaicos que preparé.