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Sobre poemarios.

Los libros del 2014

Me había resignado a que en el 2014, leería la misma cantidad de libros que en el 2013, sin embargo, en el último momento me propuse emular el 2012. Para lograrlo, debo admitir con un chin de vergüenza que hice trampa. Me dije que había leído demasiados libros serios y que me merecía alguno que otro frívolo e inconsecuente, pero, sobre todo, corto. Fue así como terminé leyendo sesenta libros.

Los libros leídos durante el 2014Los datos de este año son los siguientes:

  • 25 libros electrónicos, 32 en papel y 3 blogs (un formato nuevo este año).
  • 17 libros de autores puertorriqueños.
  • 37 libros en español, 22 en inglés y una traducción del inglés al español.
  • El género literario más leído fue el cuento, seguido de la novela, luego el teatro y, por último, la poesía.
  • 7708 páginas leídas, menos que el 2013 cuando leí una cantidad mayor de libros impresos.
  • El libro impreso más extenso fue La ortografía de la lengua española (que comencé en el año de las guácaras y es un suero de brea) y el más corto, Tanatorio urbano.
  • El libro puertorriqueño más extenso fue Cien de treinta y tantos y el más corto, otra vez, Tanatorio urbano.
  • El libro electrónico más extenso fue The Works of Edgar Allan Poe (que comencé a leer en 2013 y me tomó trece meses terminarlo) y el más corto es más difícil de determinar, pero me sospecho que se trata de Ya no puedo oír tu voz.

No incluyo en la cuenta los trece audiolibros ni, por razones obvias, los dos manuscritos. Para el 2015 voy a aumentar el reto a 55 libros. Sé que los puedo leer sin hacer trampa… aunque esto último no lo prometo.

2014 Reading Challenge Logo

Membrete: Tarro de libros

Tarro de libros

Se me hace difícil decidir qué libro leeré después de terminar uno. Quizás por eso leo varios a la vez.

Durante las pasadas vacaciones de primavera, intenté terminar El héroe de las mil caras, de Joseph Campbell. En las de verano tenía la intención de salir de uno de los otros dos mamotretos que leía al momento, la Nueva Ortografía, que me tomará bastante tiempo, y The Works of Edgar Allan Poe. No logré ninguna de las metas: el de Campbell lo terminé en julio y al de Poe todavía le falta algo. La Ortografía lo di por perdido; creo que me queda un año más. Entre un libro y otro he leído alguno que otro más, pero siempre con la incertidumbre de cuál leeré después.

Hace un tiempo descubrí un método bastante popular en el ciberespacio para escoger las próximas lecturas: el tarro de libro. La idea es escribir el título de los libros que se deseen leer en papeles de colores, doblarlos y meterlos en un tarro o pote de Mason para irlos sacando al azar.

Me pareció una propuesta ingeniosa y decidí ponerla en práctica, pero como soy disidente le hice varios cambios. He aquí mi versión:

Papeles en blanco y tarro vacío.

1. Primero, escogí el tarro de una vela, reciclado por eso de conservar el ambiente, y busqué varias hojas de papel del mismo color.

Guillotina y títulos de libros.

2. Después escribí los títulos de 192 libros y piqué las tiras del mismo tamaño para no hacer trampa.

Títulos de libros.

3. Luego mezclé las tiras con los títulos para que la selección fuera aún más aleatoria.

Títulos listos para el tarro.

4. Antes de introducir las tiras al tarro, las doblé cada una de la misma manera.

Tarro de libros.

5. Por último, coloqué el tarro en un lugar prominente de la casa.

Estos libros son solo una parte de los que tengo pendiente para leer e incluyen novelas, colecciones de cuentos, libros de historia, de filosofía, de teoría literaria y alguno que otro tema misceláneo. El formato es tanto impreso como electrónico. También están las dos partes que me faltan de la serie de Álvaro Mendiola, de Goytisolo, y las tres de La lucha por la vida, de Baroja. Si sale alguno fuera de orden, regresará al tarro hasta que salga el que corresponda.

Todo esto no impedirá que lea algún libro que no está entre los del tarro, principalmente por motivos de trabajo. Por lo pronto, ya veremos cómo me va con este nuevo proyecto. Sí puedo anunciar que salió el primero que comencé a leer ayer mismo. Se trata de Avatars of the Word, de James J. O’Donnell, y que resultó una casualidad de las buenas porque me viene bien para un trabajo profesional en el que estoy inmersa.

Avatars of the Word: primer libro del tarro.

Oda a la infidelidad

Alan Gonçalves en Oda a la infidelidad

Alan Gonçalves

Elucubraciones a propósito de “I Heard Love Is Blind”, de Amy Winehouse

Dicen que la crítica habla más del crítico que del criticado. No tengo idea de qué dirá sobre mí lo que escribiré a continuación ni cómo reaccionará mi familia política, pero a estas alturas no debería ponerme con pudores.

Mi canción favorita de Amy Winehouse es “I Heard Love Is Blind”. ¿Qué puedo decir? Es una genialidad. Se trata del quinto sencillo del álbum Frank (2003) que está lleno de pequeñas joyas como esta.

I couldn’t resist him
His eyes were like yours
His hair was exactly the shade of brown
He’s just not as tall, but I couldn’t tell
It was dark and I was lying down

Caratula de Frank, disco de Amy Winehouse

El verso inicial deja claro, sin ningún tipo de rodeo, que lo que vendrá a continuación es la justificación de una infidelidad. La primera excusa que se ofrece es la incapacidad de resistir lo que supongo que es una atracción arrolladora del tercero en la relación y que consiste en que el otro es idéntico a la pareja: tienen los mismos ojos y tono de cabello solo que –y es aquí que comienza lo bueno– no es igual de alto, aunque quién se fija en esos detalles en plena oscuridad y en posición horizontal. (Vamos, ¿alguien lo hace?). En otras palabras, “te las pegué con alguien casi parecido a ti, aunque estaba oscuro, así que no sé”. ¿No es una maravilla? La justificación de la infidelidad se basa en unos argumentos que no se sostienen, pero no importa porque ya se consumó.

You are everything — he means nothing to me
I can’t even remember his name
Why’re you so upset?
Baby, you weren’t there and I was thinking of you when I came

Como al parecer la primera excusa no funcionó, la segunda comienza con la típica antítesis del adultero: tú lo eres todo; la otra persona, nada. De ese modo, la pregunta lógica es “¿cuál es el problema?”, al final de cuentas ni recuerda el nombre del fulano. Sin embargo, la genialidad de la estrofa está al final. Este verso hay que traducirlo a español de pie: “¿Quién te manda a no estar ahí? Pero no te preocupes, mi’jo, que cuando me vine, pensaba en ti”. ¿Cómo comentar esto sin meterme en líos? Este verso adelanta el tema de la infidelidad fiel que se desarrolla más adelante.

What do you expect?
You left me here alone; I drank so much and needed to touch
Don’t overreact — I pretended he was you
You wouldn’t want me to be lonely

El tercer intento comienza con el proceso de la transferencia. La voz poética le echa la culpa a su pareja quien no podía pretender que ocurriera otra cosa cuando la dejó sola. ¿Cuál es la consecuencia? Ella bebió de más, lo que provocó que surgieran ciertos deseos que satisfizo con otra persona. Fin. Por supuesto que aclara que no hay por qué exagerar en las recriminaciones, si total, ella pretendió que el otro era el oficial. Y otra vez un último verso maravilloso que traduce algo así como “yo sé que no hubieras querido que me quedara sola”.

How can I put it so you understand?
I didn’t let him hold my hand
But he looked like you; I guess he looked like you
No he wasn’t you
But you can still trust me, this ain’t infidelity
It’s not cheating; you were on my mind

Como nada ha funcionado, ahora entramos a la etapa de desesperación, de tratar de que la pareja entienda que no se trata de una infidelidad. Primero dice que no estuvo agarrada de manos con el otro. Supongo que funcionaría si se obvia todo el asunto de los cuerpos desnudos (o al menos parcialmente desnudos), el intercambio de fluidos y el contacto genital. Quizás en Ingleterra un apretón de manos es más grave. Luego pasa al punto culminante de la canción: una gradación que culmina en un reconocimiento implícito del engaño: primero los dos no se parecen, después pensó que se parecían para concluir con un “no, no eras tú”. Al final pide un voto de confianza porque si cuando se está con el otro, se piensa en el oficial, no se puede catalogar eso como una infidelidad. Más lógico, imposible.

Yes he looked like you
But I heard love is blind…

Como definitivamente no hay explicación que valga, la voz poética concluye con su aseveración inicial de que ambos se parecían, pero como de todos modos se dice que el amor es ciego, qué importa. Queda implícito que ella no supo distinguir a uno del otro, no olvidemos que había bebido, así que para ella no hubo un engaño.

2003 © Mark Okoh, Camera Press para una entrada sobre la infidelidad

2003 © Mark Okoh, Camera Press

 

Esta canción es una oda a la infidelidad, una justificación que en nuestra cultura occidental, aún demasiado patriarcal en su código genético, en boca de un hombre sería un comentario trivial, pero que en la voz de Amy Winehouse se transforma en una maravilla perfecta para el mes en que se celebra el Día de San Valentín.

El 2013 en libros

En el 2013, leí de todo. Completé 55 libros, 5 menos que el año anterior.

El 2013 en libros.

De acuerdo con las estadísticas, leí menos páginas. Sin embargo, no se toma en cuenta el mayor número de libros electrónicos que no se dividen en páginas. Por eso tengo la impresión de que leí más o por lo menos así lo siento. Otros datos son:

  • Leí 16 libros electrónicos, contrario a los 9 del año pasado.
  • Leí 17 libros de autores puertorriqueños, contrario a los 8 del año pasado.
  • Igual que el año pasado, la mayor parte consistieron en textos narrativos. La mayoría fueron novelas, seguido de cuentos y, finalizando, con novelas cortas.
  • El libro impreso más extenso fue Breve historia de España y el más corto Con las peores intenciones.
  • El libro puertorriqueño más extenso fue Cuentos puertorriqueños en el nuevo milenio y el más corto, otra vez, Con las peores intenciones.
  • El libro electrónico más extenso fue Divergent y el más corto La dama del perrito.

¿Qué espero para el 2014? Volví a ponerme como meta leer 50 libros. Puede que sea una cantidad muy baja para una profesora de literatura que debería leer constantemente. Sin embargo, se trata de libros completos, no incluyo en el reto la enorme cantidad de artículos que consulto para preparar clases y trabajos.

De aquí a un año sabré cómo me fue.

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Ficha para la antología poética Criatura del agua: Obra poética, de Julia de Burgos

Criatura del agua: Obra poética, de Julia de Burgos

Como antesala al centenario del nacimiento de Julia de Burgo, decidí leer esta antología de su obra, ejercicio por demás interesante.

El libro comienza con un estudio preliminar a cargo de José Emilio González que se centra principalmente en los temas del amor, la perdida, el río y la muerte, frecuentes en la obra de Burgos.

Los poemas en sí están divididos en la obra publicada en vida y la póstuma, es decir, los libros Poema en veinte surcos y Canción de la verdad sencilla, publicados en vida; El mar y tú, publicado póstumamente; y poemas sueltos, publicados en periódicos o revistas y algunos inéditos bajo el subtítulo de Criatura del agua.

La edición es muy cuidada y resulta de interés para los estudiosos de obra de Burgos que no es una poeta experimentalista. Su acercamiento a la poesía es bastante tradicional en cuanto a medida, rima y estrofa. Su temática no es particularmente variada. Entre sus peores poemas se encuentran los comprometidos; entre los mejores, los que denotan una angustia existencial.

Este es el tipo de libro que gusta al interesado en la poesía, que no es mi caso. Sin embargo, reconozco que esta mirada a la obra de Julia de Burgos me sirvió para descubrirla más allá de los poemas que siempre se estudian que son buenos, pero no los únicos.

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