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Sobre poemarios.

Ficha de la Antología del Certamen Nacional de Poesía

Antología del Certamen Nacional de Poesía José Gautier Benítez (2006-2012)

Con Antología del Certamen Nacional de Poesía José Gautier Benítez (2006-2012) culmino el reto mensual de lectura. Se supone que para diciembre leyera un libro que dejé a medias. Nada de eso. Decidí que si estuve once meses leyendo prosa, me tocaba uno de poesía.

Como bien dice el título, se trata de la antología que recoge los poemas ganadores del Certamen Nacional de Poesía José Gautier Benítez, Nombre al pensamiento grato, que auspicia el municipio autónomo de Caguas. Entre los años 2016 y 2012 se llevaron a cabo las primeras siete ediciones. De los poemarios ganadores, Jaime Marcano Montañez, escritor residente de Caguas hizo una selección de aproximadamente tres poemas por poeta ganador.

En la mayoría de las ediciones, los premios consistían en un primer lugar y un segundo lugar compartido. En otros casos, los tradiciones primero, segundo y tercer lugares y dos menciones. Por obligación, la selección es variada.

No voy a hacer una reseña de los poemas, porque insisto en no reseñar autores puertorriqueños vivos. Y es que entre los poetas ganadores aparecen nombres de escritores destacados en el Puerto Rico de hoy.

Voy a decir que además de los poemas, aparecen varios mensajes, viñetas y textos complementarios. Algunos relacionados con los poemas o el certamen y otros más cerca de una vena política.

En cuanto al trabajo de corrección, todo lo complementario está bien editado, no así los poemas en sí. Supongo que se parte de la teoría, bastante común en el mundo editorial, de que el autor es infalible y no debe corregírsele. Es cierto en la gran mayoría de los poemas que componen la antología, pero unos pocos son producto de un poeta falible que olvidó un acento, una coma o un punto. Posiblemente, el poeta no se percataría de la corrección al recibir su ejemplar de la antología.

Desconozco si el certamen se llevó a cabo este año. El huracán María pasó dos semanas antes de la fecha límite para enviar manuscritos. No he visto en ningún lugar algún comentario al respecto; ni de cancelación o posposición ni el laudo. Ojalá el año próximo se retome. Mientras tanto, tenemos la Antología del Certamen Nacional de Poesía José Gautier Benítez con una selección de las primeras siete ediciones.

Con estoy doy fin al reto mensual del lectura del 2017.

Logo del reto de lectura de 2017

Logo del proyecto Editing Dangerously | © Philip Uglow

2017: The Year of Editing Dangerously

I believe more in the scissors
than I do in the pencil.
Truman Capote

Si algo aprendí en el 2016 es que no todas las personas tienen que ser escritoras. No es una obligación, ni siquiera moral. Habrá a quien simplemente no le interese. También aprendí que no todo el mundo tiene la capacidad de ser escritor. Habrá quien quiera y realmente no puede, y quien no puede, pero tampoco quiere. Por último, también aprendí que de nada sirve querer ser escritor, si no se está dispuesto a pasar el trabajo de editar. Para eso hay que tener babilla. Como todavía estoy deliberando cuál es mi posición como escritora, me propuse que el 2017 sería “the year of editing dangerously” (ya sé que como traductora debería usar la versión en español, pero en inglés suena más peligroso. Apedréenme si quieren).

Maquinilla Olympia con flores | © Valeria Moschet

Instrumento para reescribir | Fotografía de Valeria Moschet

Ensayos académicos

Es cierto que la redacción académica no es creación literaria, pero no quiero cerrarme a la posibilidad de que este sea el único tipo de escrito al que me debería dedicar. En el 2016 produje cuatro “papers”, tres de los cuales se publicaron y el que falta aún no se ha sometido a consideración.
Este tipo de trabajo no se me hace fácil. Requiere mucha investigación. No me quejo; investigar es una de mis pasiones. No obstante, producir el texto puede conllevar meses de búsqueda, lectura, descarte de recursos, redacción, corrección, verificación, corrección, edición y corrección.
Por mi línea de trabajo no me queda más opción que realizar ensayos académicos. Es un requisito, es lo que se espera de mí, me guste o no. Por suerte, lo disfruto.

El mal de la poesía

Me persigue. Y no soy poeta. No. Trato muy mal los poemas pacos que escribo a lo loco. Ni los reviso. Aun así, tengo el descaro de escribir un poemario en una semana. Me parece que la aseveración anterior merece una explicación. Lo habré escrito en tiempo récord, pero llevaba pensando en él casi un año. Se trataba de un sentimiento que tenía que sacarlo del sistema y que aún no estoy lista para tratar en narrativa. En otras palabras, parece que desarrollé sentimientos y no sabía qué hacer con ellos; los vertí en verso y ahora… no sé qué hacer con ellos. Se trata de todo un poemario y me siento incapaz de separar los hermanos poemas. Eso sería una crueldad.

Útiles de oficina para editar | © Stefan Schweihofer

Instrumentos imprescindibles para editar | Fotografía de Stefan Schweihofer

Narradora escribiendo

Quiero ser narradora… igual que todo el mundo y su primo. Y la prima también. Y no olvidemos a Raymundo. Ni a los puristas que ahora están convulsando. A este respecto estoy considerando que quizás se trate de un asunto de querer y no poder. Quizás mi misión es ser lectora y no escritora. Total, debe haber más lectores que escritores, si no esto sería un club exclusivo en el que nos leeríamos unos a otros y no admitiríamos la intrusión del mundo exterior.

Disculpen la digresión. Durante el 2016 me encontré con una situación anómala: escribí narraciones extensas. Soy fanática de la microficción y comencé por ahí. Incluso, una vez me quejé de que me siento encajonada en la clasificación de microcuentista. Pero este año, hasta escribí una novela corta en tres semanas (espero que nadie piense que es una obra maestra).

O estoy madurando como escritora u ocurre una alineación planetaria extraña.

La maldición de la mención

Parece que la superé. Quizás tenga algo que ver lo poco que participé en certámenes para concentrarme en convocatorias para revistas y antologías. Sin embargo, tampoco sometí muchos textos para este tipo de evento.

Me sorprendo de mí misma porque usaba los concursos como medio de obligarme a escribir. Es decir, me topaba con unas bases que me llamaban la atención. Escribía algún cuento que girara entorno al tema presentado, antes de la fecha de cierre, y lo enviaba. ¿Qué seguía? Una súplica a Yukiyú para que no obtuviera premio que en el 99 % de los casos se me concedía, lo que me daba tiempo para revisarlo. Solo hay un detalle muy pequeño, insignificante en realidad: rara vez lo revisaba con calma. Eso significaba que si encontraba otras bases que parecieran admitir el texto, lo revisaba como pudiera, lo envía y volvía a suplicarle a Yukiyú. ¿Ven el patrón? Me consolaba con que tenía un cuento terminado.

Pero en el 2016 no necesité de bases con temas y fechas límites. Muchos relatos surgieron, así nada más, por generación espontánea. Encima los terminaba aun sin tener fecha límite. No necesito concursos para escribir.

Té de hierbas para la edición | © Mira DeShazer

Té de hierbas para la inspiración | Fotografía de Mira DeShazer

The Year of Editing Dangerously

Lo antes escrito me lleva a pensar que tengo muchos textos sin revisar. Escribir es fácil si se tiene la capacidad o si se quiere. No hay duda de que pertenezco a ese último grupo. No obstante, para mí, la labor más importante de quien escribe es revisar. Reconocer que lo primero que se escribió no sirve y para mejorarlo hay que reescribir, recortar, editar para luego alejarse del texto antes de volver a revisar, reescribir, recortar y editar. Para eso hay que tener babilla, se debe reconocer que uno no es un genio, que ser escritora implica pasar trabajo.

Aspiro a pasar buena parte del 2017 revisando, reescribiendo, recortando y editando. Puede que cree algo original, pero su destino terminará siendo el de lo escrito anteriormente. Quizás así logre publicar un libro decente. O quizás descubra que no tengo la babilla suficiente, que no estoy hecha para ser escritora y me olvide del asunto.

Por todo lo anterior, armada con una tijera y un bolígrafo rojo, he denominado al 2017: The Year of Editing Dangerously (ya sé que debería decir “revising” y no “editing”, pero a veces me paso de optimista).

El 2016 en libros

Siempre me quejo de que leo poco. Me parece que para alguien que enseña literatura debería leer más. Por eso me llaman la atención los retos de lectura. Me han permitido contabilizar cuántos libros leo y de qué tipo. A partir de los resultados de los cuatro años anteriores, me propuse que para el 2016 leería 60 libros. No me fue tan mal. El 2016 en libros se resume en sesenta y cinco.

Collage de los libros leídos en 2016

Los libros del 2016

Los datos, la parte aburrida, son los siguientes:

  • 38 libros electrónicos, 26 en papel y 1 blog.
  • 17 libros de autores puertorriqueños.
  • 35 libros en español, 25 en inglés y cinco traducciones.
  • El género literario más leído fue la novela, seguido del teatro, luego el cuento y, por último, el ensayo.
  • 8,846 páginas leídas, que no incluyen la mayoría, que correspondería a los libros electrónicos.
  • El libro más extenso fue el Decamerón, versión impresa, y el más corto, The Girl Who Sang Rose Madder (uno de mis favoritos), versión electrónica.
  • El libro puertorriqueño más extenso fue Sandino: La última “Guerra Bananera”: La Guerra Constitucionalista 1926-1927 (Vol. I), que si juntamos el segundo volumen sumarían 772 páginas, y el más corto, El español de Puerto Rico: Historia y presente, cuya autora era española, pero el tema no es más boricua porque no es posible.

Este año, dediqué mucho tiempo a leer ciencia ficción y los clásicos, sobre todo, de la literatura española. También descubrí literatura de excelencia junto a unos textos terribles, que me han hecho reconsiderar la pertinencia de publicar mi libro. No leí durante buena parte de septiembre, nada en el mes de octubre y casi un mes, repartido entre noviembre y diciembre. No obstante, la mayoría de las lecturas se llevaron a cabo durante la segunda mitad del año.

Collage de los libros del tarro leídos en 2016

Los libros que corresponden al reto del tarro

La totalidad de los libros que salieron del tarro nos es patética porque el primer año solo leí uno. Esta vez número fue cinco, porque el sexto apenas lo he comenzado. De hecho, al concluir el año me restaban dos libros por terminar: Feminisms, del que me falta leer 1057 páginas de 1207, y Amadís de Gaula, de que ya comencé el tercer libro, así que superé la marca del 50 %.

Reto de lectura mensual (espero personalizarlo)

Reto de lectura mensual

¿Qué espero para el próximo año? Reincidiré en la meta de los 60 libros, continuaré con el reto del tarro y añadiré un reto de lectura mensual personalizado. Queda claro que no me gusta complicarme la vida.

Logo del reto de lectura de 2016

No me llamen poeta, por favor

Mención en el 10º Certamen Nacional de Poesía

La prueba de que gané mención en un certamen de poesía

Hasta ahora, el 2016 ha resultado extraño. He superado la barrera de las menciones en los certámenes literarios. Esta racha comenzó en diciembre de 2015. Gané una mención en un certamen de poesía y ahora resulta que me llaman poeta cuando no lo soy.

Creo que debo una explicación. Nunca he sido fanática de la poesía. La enseño porque no me queda más remedio. Para mí, una clase perfecta de Literatura consiste en pura narrativa: cuento, novela y todo entre medio. No es extraño, entonces, que como escritora me haya decantado por el género narrativo.

En mi juventud, pensaba, como todo el mundo parece creer, que un llamarse escritor era preciso consagrarse como poeta. Así que me puse a escribir poesía. Menos mal que pronto de mi cuenta de mi equivocación y ahora que intento tomarme en serio este asunto de la escritura creativa, me he lanzado de cabeza en las aguas de la narración.

Pero…

Siempre hay un pero. Un día recibí la convocatoria para el 10mo Certamen Nacional de Poesía José Gautier Benítez “Nombre al pensamiento grato” (sí, todo eso es el título del concurso) y me dije: “¿por qué no?”.

Premiación del 10º Certamen Nacional de Poesía en La Semana.

Noticia en el períodico regional La Semana

Tenía unos poemas vomitivos de mi fiebre de aspirante a poeta que pegué con Uhu o Crazy Glue, aún no estoy segura, a unas ideas que me rondaban la cabeza. Bajo el tema de la pérdida, preparé un poemario con las piernas o las patas, si lo prefieren. Literalmente.

Me encontraba en la fila para encuadernar el manuscrito antes de enviarlo cuando se me ocurre que quizás, como tengo esta suerte absurda, era capaz de ganar algún premio con esos poemas mal compuestos. Nada más que para que el destino se ría de mí. ¿Qué ocurrió? Me gané una mención.

Desde entonces, me han llamado poeta en varias ocasiones. Sin embargo, hoy quiero dejar las cuentas claras.

En primer lugar, quiero agradecer al dueño del establecimiento dispensador de sustancias etílicas que les vendió a los miembros del jurado la bebida que ingirieron antes de leer mi poemario. Gracias a usted, siento que me he ganado el premio Nóbel.

En segundo lugar, y lo más importante, no me llamen poeta. En serio, no lo soy. Lo que ocurrió aquí fue suerte de principiante. Dudo mucho que vuelva a repetirse. (Ya lo intenté, tenía que salir de la duda, y como era de esperarse, no pasó nada. Fue un alivio).

Con esto aclarado, regreso a nadar plácidamente en el mar de la narrativa, donde tampoco me ha ido tan mal en lo que va de año. ¿Intentaría volver a participar en un certamen de poesía? Quién sabe. Ahora mejor no lo descarto. De todos modos, soy consciente de que no soy poeta.

Los libros del 2014

Me había resignado a que en el 2014, leería la misma cantidad de libros que en el 2013, sin embargo, en el último momento me propuse emular el 2012. Para lograrlo, debo admitir con un chin de vergüenza que hice trampa. Me dije que había leído demasiados libros serios y que me merecía alguno que otro frívolo e inconsecuente, pero, sobre todo, corto. Fue así como terminé leyendo sesenta libros.

Los libros leídos durante el 2014Los datos de este año son los siguientes:

  • 25 libros electrónicos, 32 en papel y 3 blogs (un formato nuevo este año).
  • 17 libros de autores puertorriqueños.
  • 37 libros en español, 22 en inglés y una traducción del inglés al español.
  • El género literario más leído fue el cuento, seguido de la novela, luego el teatro y, por último, la poesía.
  • 7708 páginas leídas, menos que el 2013 cuando leí una cantidad mayor de libros impresos.
  • El libro impreso más extenso fue La ortografía de la lengua española (que comencé en el año de las guácaras y es un suero de brea) y el más corto, Tanatorio urbano.
  • El libro puertorriqueño más extenso fue Cien de treinta y tantos y el más corto, otra vez, Tanatorio urbano.
  • El libro electrónico más extenso fue The Works of Edgar Allan Poe (que comencé a leer en 2013 y me tomó trece meses terminarlo) y el más corto es más difícil de determinar, pero me sospecho que se trata de Ya no puedo oír tu voz.

No incluyo en la cuenta los trece audiolibros ni, por razones obvias, los dos manuscritos. Para el 2015 voy a aumentar el reto a 55 libros. Sé que los puedo leer sin hacer trampa… aunque esto último no lo prometo.

2014 Reading Challenge Logo