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Sobre novelas, cuentos y cualquier otro texto cuyo fin sea narrar.

Nada que perder: La novela que escribí para NaNoWriMo

Terminé Nada que perder, la novela con la que participé en NaNoWriMo 2016.

Para ganar en este evento, es preciso escribir 50 000 palabras, aunque no se complete la novela. Yo escribí 38 752. Lo importante es que completé mi novela en tres semanas. ¡Tres semanas! Para mí fue suficientes. No habré ganado para efectos de NaNoWriMo, pero sí a un nivel personal.Conteo de palabras al terminar NaNoWriMo 2016

Otro aspecto que me ayudó fue que el grupo de Puerto Rico hacía carreras de redacción. No pude participar en todas, pero reconozco que resultaron de inspiración. Además, la conversación entre nosotros sirvió de estímulo para continuar escribiendo. Incluso ganaron cuatro de las 17 personas registradas, lo cual no está nada mal.

Portada de Nada que perder

Diseño a base de una fotografía de Subhendu Barman

Para motivarme a revisar y no dejarla en la gaveta, como parece que le ha ocurrido a Destino errante, he decidido crearle una portada nueva. La primera dejó de convencerme cuando, a punto de terminar la novela, me di cuenta de que no reflejaba lo que había escrito. La nueva, más monocromática y clásica, funciona mejor y me obliga a hacer algo con la novela, así sea publicarla en Wattpad, a ver si uso esa plataforma alguna vez.

Mojito de piña para celebrar

Celebré las bendiciones que trajo noviembre con un mojito de piña

Recuerdo que, al empezar este proyecto, lo hice bajo malos augurios. Los primeros días de noviembre habían sido terribles. De hecho, ni siquiera pensé en que terminaría la novela y a mitad no parecía ver el final. No obstante, el mes concluyó de la mejor manera posible. Tenía razón cuando dije que no tenía nada que perder.

Escribí una novela en menos de un mes

Banner de NaNoWriMo 2016

NaNoWriMo 2016: A siete días de finalizar el evento

A punto de terminar el mes en el que se supone que escriba una novela corta, no sé si tendré éxito. La razón: NaNoWriMo ha resultado impredecible.

Actualizacion del NaNoWriMo 2016Se supone que escriba 1667 palabras diarias para un total de 50 000 al final del mes. El primer día no escribí nada y a partir de ahí, no he sido consistente a la hora de producir la cantidad de palabras. Un día logro 120 palabras y el próximo llego a cerca de las 4 000. Aun así, cuando el 15 de noviembre arribó, no estaba cerca de las 25 000 palabras que debía tener escritas para ese día.

Contrario a la experiencia con “Destino errante” que se extendió a lo largo de un año, por lo que tuve varios episodios del síndrome de la página en blanco, hasta ahora el cansancio del día es lo que más me ha afectado a la hora de escribir. Prefiero aprovechar la mañana y cuando logro escribir desde temprano produzco mucho. Por motivos diversos, no siempre lo consigo, así que me valgo de las carreras de escritura que lleva a cabo todas las noches el grupo de Puerto Rico. No obstante, hay veces que estoy tan cansada que se me hace imposible pasar de 10 palabras.

Tampoco ayudaron mucho las elecciones. Recuerdo que cuando las elecciones presidenciales en Perú, estuve a punto de publicar que en Puerto Rico las superaríamos por mucho. En efecto, fue así. También, un mes antes había predicho el resultado de las de Estados Unidos. Me cuestionaron hasta último minuto, pero al final, tuve la razón. La noticia no me provocó una depresión como a muchas personas, pero perdí tiempo por estar pendiente a los medios.

Ahora me conviene aprovechar este fin de semana de cuatro días, para tratar de adelantar los más posible. De todos modos, ya me siento ganadora, que en el mundo del NaNoWriMo es llegar a las 50 000 palabras. Lo escrito hasta ahora, ha seguido el bosquejo original con cambios menores, me parece un trabajo con más posibilidades de publicación que “Destino errante” y, aunque habrá que sacar la tijera cuando comience el proceso de revisión en enero, no me preocupa porque, en esta ocasión, no ha sido traumático la redacción de la historia.

Participante en el NaNoWriMo 2016

Voy a escribir una novela corta en un mes

Tengo en muy alta estima a los valientes que deciden escribir una novela completa durante noviembre y he afirmado que yo no soy una de esas. Insisto que no lo soy, pero estoy tan cansada de la política, la situación general y lo mal que me fue en octubre que decidí, como método de escapismo, escribir una novela corta en un mes.

Los primeros días de noviembre no han sido un paseo en un jardín de rosas, todo lo contrario, prometen que el mes será tan malo como el anterior. Aun así, he decidido continuar con el proyecto. Se trata de una novela de no más de 80 000 palabras que apenas está concebida. Sin embargo, prefiero dedicarle 30 minutos diarios a un texto sin orden ni lógica, es decir, escaparme por media hora, a seguir enfrentando el mundo real de frente.

Meme sobre escribir una novela cortaMi novela corta

El proyecto se titula “Nada que perder”, porque refleja cómo me siento con él. No he logrado mucho en los primeros días, pero nadie dirá que no lo intenté.

Conteo de palabra en NaNoWriMo

Así que, al lío del día de la elección, el fin del semestre y la lucha diaria por sobrevivir, le añado que escribiré una novela corta en un mes. No sé si tendré la babilla para llevar a cabo este proyecto, pero pa’lante.

Cambio de planes; me publicaron

Lo tenía todo preparado para una de mis actividades favoritas: quejarme. Sin embargo, me he visto obligada a enfrentar un cambio de planes. La historia es la siguiente.

Como recordarán, llevo algún tiempo tratando de hacerme un nombre como escritora –treinta años muy tarde, debo añadir–, no obstante, sigo pa’lante aunque el asunto camine bastante lento. He sometido textos narrativos a todo tipo de convocatoria para certámenes o para publicar en revistas o antologías con resultados predecibles: pocas publicaciones y pocos premios, principalmente menciones.

En ese proceso, descubrí una de tantas revistas especializadas en publicar cuentos, Visor. Para cada número, abren una convocatoria y ya he sometido a cuatro.

El escribir un cuento, someterlo y esperar a que no pase nada se había convertido en un pasatiempo. Incluso tengo una carpeta con textos para convocatorias futuras. Visor es una revista de calidad. No publica cualquier cosa. Este semestre he asignado algunos de sus cuentos y hay estudiantes que me han comentado cuán buena es y que no publica porquerías. Por lo tanto, no esperaba que me publicaran.

Esa última es la razón por la que me iba a quejar. Había preparado una entrada para el blog en la que hablaría de mi experiencia con Visor y terminaría admitiendo que pensaba seguir sometiendo textos a sus convocatorias porque me da una motivación para terminar una historia y porque me parecer divertido. Sin embargo, un buen día recibí la siguiente comunicación:

La carta que me llevó a un cambio de planesDebí haberme imaginado que algo andaba mal, por decirlo de algún modo, porque días antes me habían comunicado que me publicarían en otra revista electrónica. La revista Le.Tra.S. de la Universidad Metropolitana en Bayamón abrió una convocatoria para un número dedicado a los narradores puertorriqueños, sometí dos narraciones (una micro y otra breve) y decidieron publicar “Entre paellas y vecinos” que apareció originalmente en Mundillo: Te contamos historias de mujeres (el enlace lleva a la tienda electrónica donde lo venden).

Portada de MundilloAhora resulta que formo parte del grupo de narradores puertorriqueños y me siento rara por eso. Sobre todo, porque parece que los de Visor piensan lo mismo. Y toda esta racha de buena suerte me ha obligado a cambiar los planes originales de escribir una entrada para quejarme. ¿Cómo podría?

Ficha bibliográfica de Moby Dick, de Herman Melville

Moby Dick; or, the Whale, de Herman Melville

Moby Dick, de Herman Melville, es una novela adelantada a su tiempo. Es posible que esa sea la razón por la que se le considere la gran novela gringa del siglo XIX. Y realmente lo es.

El texto narra las aventuras de un grupo de marinos a bordo del barco ballenero Pequod, comandado por el capitán Ahab, quien está obsesionado con encontrar la ballena que le arrancó la pierna. La historia la cuenta Ishmael quien establece una amistad profunda con el arponero Queequeg.

Además de proveer una de las mejores primeras oraciones de la literatura universal (“Call me Ishmael”, aún me causa escalofríos), la novela resulta ser un collage en la mejor tradición posmoderna, un siglo previo al surgimiento de la posmodernidad. Ishmael, cuyo nombre puede ser otro, no es la única instancia narrativa. Hay capítulos dramáticos, otros dedicados a tratados de tipo científico, histórico o filosófico, y todavía otros narrados por una tercera persona omnisciente. En fin, la ambigüedad que inicia con la primera oración es la norma del texto.

Verisón electrónica de Moby Dick

Sorprende cómo el capitán Ahab posee el carisma suficiente como para convencer a sus marinos a que lo sigan en una cacería inútil tras Moby Dick el que, a pesar de darle título a la novela, aparece casi al final y en pocos capítulos. Todos en el Pequod saben que la empresa está destinada al fracaso, pero aun así continúan con ella hasta que mueren, excepto Ishmael (alguien tiene que quedar para contar la historia, ¿no?).

Queda claro que el texto está lleno de simbolismos y el leviatán el mayor y el más variado de todos. Sin embargo, debido a lo poco confiable que resulta la voz narrativa –recordemos que da un nombre que no es necesariamente el suyo– al final vence la incertidumbre sobre todo lo leído, como si hubiese sido publicado un siglo más tarde.

A pesar de algunos capítulos bastante aburridos, Moby Dick es, sin duda, una obra maestra del siglo XIX. Lo cual no deja de ser irónico. ¿Recuerdan cuando comenté que Ishmael y Queequeg se convierten en buenos amigos? Lo cierto es que las claves para identificar la relación como homosexual son bastante evidentes y ahí radica la ironía. La gran novela decimonónica estadounidense tiene como narrador y uno de sus personajes principales a un homosexual y ningún fanático republicano podrá cambiar esa realidad.

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