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Cazabanderas

Por fin termina el 2017. Luego de haber escrito tanto sobre las tribulaciones que dejó María a su paso, es hora de hablar de una buena experiencia: cuando fui cazabanderas.

Entre mediados de junio y principios de agosto visité catorce de las banderas pintadas hasta la fecha en el proyecto 78 pueblos y 1 bandera, a cargo de Héctor Collazo, que consiste en pintar una versión de la bandera puertorriqueña en cada pueblo de la Isla.

Fue de las mejores experiencias que he tenido en la vida. Primero, es divertido planificar el viaje. Segundo, se conoce gente en cada punto. Tercero, se descubren lugares de Puerto Rico que quizás no se conocían. Por último, y lo mejor, es una experiencia familiar.

18 de junio de 2017

Cazabanderas en el Este

San Lorenzo, Humacao y Fajardo

Fue la primera vez de Wu Siumán y yo en estos trotes. Cathy y Lucy nos acompañaron. Visitamos la de San Lorenzo, que se caracteriza por estar al revés, la de Humacao, que en realidad eran cinco banderas, y la de Fajardo.

La Humacao era mi favorita. Simplemente espectacular.

4 de julio de 2017

Cazabanderas en el Sur

Cayey, Salinas, Yauco, Juana Díaz y Ponce

La intención inicial del viaje era llegar a la playa de La Guancha para respirar salitre y mejorar la tos constante que me aqueja al día de hoy. Las perrijas nos volvieron a acompañar. En el camino hicimos parada en Cayey, Salinas, Yauco, con su estrella colgante, Juana Díaz, que se nos hizo difícil encontrar (parte de la magia de ser cazabaderas), y la de Ponce, que estaba recién pintada.

De este grupo, la de Yauco me encantó.

21 de julio de 2017

Cazabanderas palesianos

#teamPalés en Ponce | Fotografía tomada por Paloma Martínez

En esta ocasión, estaba en un encuentro profesional en la UPR en Ponce, donde nos presentamos los estudiantes del proyecto de Palés y yo y aprovechamos para visitar la de Ponce y beber frappé en La Guancha.

27 de julio de 2017

Cazabanderas en el Norte

Guaynabo, Bayamón y Cidra

Esta vez montamos a mi sobrina en el carro y dimos una vuelta mucho más larga de lo que parece. Además de cazar banderas vistamos otras atracciones por el camino.

Vimos las banderas de Guaynabo, Bayamón y Cidra. Esa última fue la favorita de mi sobrina. No se quería bajar del columpio.

4 de agosto de 2017

 

Cazabanderas en la montaña

Aibonito, Barranquitas, Naranjito y Bayamón

Aprovechamos que fuimos a visitar a mis sobrinos y cazamos algunas banderas en la montaña. La de Aibonito fue la más difícil de fotografías, la de Barranquitas resultó fácil de encontrar, la de Naranjito por poco pasamos de largo y la de Bayamón otra vez porque se puede repetir.

En resumen, la más difícil de localizar fue la de Juana Díaz; la más original, la de Yauco; la más divertida, la de Cidra, y la más espectacular y mi favorita, la de Humacao.

Si tanto me gustó la experiencia, ¿por qué la suspendí? Por culpa de Irma y de María. Entre los caminos intransitables, el ajetreo diario de vivir sin electricidad y el hecho de que María destruyera varias, entre ellas la de Humacao, se me han quitado las ganas de continuar.

Recientemente, vi las de Cayey y Ponce. La primera está en un estado lamentable; la segunda, intacta. El ying y el yang. Así es la vida. Puede que en algún momento del 2018 me sienta con ánimos para. retomar la actividad de ser cazabanderas.

Una ducha de agua caliente

La felicidad es una ducha de agua caliente

A veces pensamos que la felicidad tiene una forma específica. Es cierto. Para mí, es una ducha de agua caliente.

Pasé los días de fiesta en Ponce como todos los años. Luego de 95 días, pude bañarme bajo una ducha de la que salía agua caliente. Después de graduar el agua a la temperatura perfecta, el ducharme resultó una experiencia gloriosa. Lo mismo ocurrió al día siguiente y al siguiente y aún más cundo me lavé la cabeza.

La felicidad también es efímera. Fue difícil abandonar la luminosidad de Ponce por la oscuridad de Caguas. Pero lo más difícil fue abandonar la ducha.

Algún día podré experimentar la felicidad dentro de mi propia casa; la felicidad que sale de una ducha de agua caliente.

Té con leche al estilo María con leche el polvo

Té con leche al estilo María

Hace poco revisé las entradas ya escritas o en estado de borrador y me percaté de que muchas son de recetas que preparé antes del paso del huracán María por Puerto Rico, cuando todavía tenía electricidad.

Me parece absurdo publicarlas ahora que llevo meses sin electricidad y que la mayoría de las personas en el país están pasando por la misma situación. Sin embargo, hay una receta que puedo compartir.

Té con leche al estilo María listoTé con leche al estilo María

Por suerte el té se puede preparar en una estufa de gas. Gracias a eso, no he tenido que sacrificar este gusto, aunque sí cualquier versión fría. Pero como el frío navideño se apodera de las mañanas, una receta como esta es perfecta.

Ingredientes

(Las cantidades son aproximadas. Después de María me doy permiso de hacer desarreglos).

Ingredientes para el té con leche al estilo María.

1 cucharadita de té en hoja o 1 bolsa del preferido

8 onzas de agua.

1 cucharadita de azúcar

3 cucharadas de leche en polvo

Procedimiento

Para este paso a paso, usaré una mezcla de té verde, piña y coco.

  1. Hervir el agua hasta que la tetera pite o el agua en la cacerola hierva vigorosamente. Olvidemos eso de alcanzar una temperatura específica. No estamos para buscar ningún termómetro.
  2. Poner las hojas en un infusor y colocar en la taza o echar la bolsa de té en la taza.
  3. Infusor con el té para el té con leche al estilo María.Verter el agua con mucho cuidado y dejar reposar en infusión lo que indiquen las instrucciones del té, casi siempre unos cinco minutos, más dos minutos adicionales.
  4. Azúcar para el té con leche al estilo María.Retirar el infusor, colar si es necesario y añadir azúcar a gusto.
  5. Té con leche en polvoAñadir la leche en polvo y mezclar. Uso una medida, pero no la lleno al tope porque la leche en polvo tiene un sabor dominante.
  6. Beber de inmediato.

Advierto que no queda tan espeso como si se preparara con leche fresca. Recomiendo experimentar con las cantidades, sobre todo de la leche en polvo, hasta llegar al sabor deseado.

Desde Caguas

Antes de María tenía planes. Uno de ellos era Desde Caguas. Sería una sección en el blog dedicada a mi experiencia como nueva habitante de Caguas. Hasta tenía una entrada preparada. Ahora me parece tan alejada de la realidad. Aquí la reproduzco:

Atardecer desde Caguas

Los atardeceres son espectaculares

Hace tres años dejé Hato Rey atrás y no voy a negar que me ha costado. Se trataba de mi centro de operaciones. Hasta me declaré hatorreña. Pero luego de una década nos tocó partir. Nunca expliqué el porqué de la mudanza. Fueron dos las razones: los actos delictivos estaban aumentando en Parque Florido y la vecina de los altos puso nuestra seguridad en riesgo al bloquear una de nuestras dos salidas. De haber una emergencia, la puerta de atrás era la salida más rápida, pero ella la bloqueó con tres arbustos sembrados en tiestos gigantes, tan solo porque la puerta daba a su estacionamiento. Anteriormente, nos había bloqueado el acceso al buzón colectivo porque estaba frente a una de sus dos puertas.

Arcoíris y cables desde Caguas

Nunca faltan los arcoíris

El casero intercedió y logró restaurar el acceso al buzón, pero la vecina hizo caso omiso en cuanto a los tiestos y, por no denunciarla con los bomberos y meternos en más líos, Wu Siumán y yo optamos por mudarnos. Luego de diez años como arrendados, quisimos probar suerte como propietarios. Las únicas viviendas en nuestro presupuesto estaban en Caguas y aquí vinimos a parar.

Adquirimos una casa, que desde el primer momento supe que estaba reservada para mí. Cotizaba por debajo de nuestro presupuesto, ubica en una buena urbanización y cumple con mi exigencia más importante: una buena cocina. Además, el nombre de la calle me recuerda a Wu Siumán.

Huerto casero desde Caguas

Tenemos un huerto casero

Nos mudamos el 1º de junio de 2014, exactamente diez años después de la mudanza a la casa de Hato Rey. Fue una de esas casualidades que me parecen de buen augurio. Al final de cuenta, me gustaba vivir en Parque Florido.

No puedo negar que, de entrada, se me hizo difícil la transición. Sin embargo, han pasado tres años desde entonces y, aunque, como se puede ver, he tomado algunas fotografías de Caguas, apenas he escrito en el blog sobre la experiencia de trasplantarme a esta nueva ciudad.

Helado artesanal desde Caguas

Descubrimos una heladería artesanal

Luego venía el anuncio de la sección Desde Caguas. Las fotos son lo más aquel, pero ya no representan la realidad que María nos dejó. El huerto quedó destruido, aunque los atardeceres siguen siendo espectaculares.

Ahora mismo no me siento con ganas de hablar de mi experiencia en Caguas o en ningún otro lugar. Puede que más adelante aborde el tema, pero desde la realidad pos María.

Destino errante: A empezar de nuevo

A revisar Destino errante¿Alguien recuerda que allá, para el 2013, pasé el año escribiendo una novela? Se titulaba Destino errante e hice lo posible por informar cómo había sido la experiencia.

¿Recuerdan? Después de terminarla escribí alguna entrada realenga para actualizar a mis lectores. La última fue a finales del 2014, cuando intenté revisarla de alguna manera.

Ahora que saben de qué hablo, diré que para el NaNoWriMo 2017 decidí reescribirla. La había releído durante el verano y quedé horrorizada.

Como declaré el 2017 The Year of Editing Dangerously, el proyecto caía perfecto. Durante el mes de agosto, rehíce el bosquejo. No me alejaba tanto de la premisa inicial, solo agarré la tijera y eliminé un montón de personajes inservibles, de episodios repetitivos, de situaciones poco verosímiles y de capítulos.

Luego pasó María.

Originalmente había pensado en aprovechar los últimos meses del año para la reescritura y utilizar el NaNoWriMo 2017 para un proyecto que tengo pendiente.

NaNoWriMo 2017 Participant BadgeMaría me dejó sin electricidad, sin internet y sin ganas de escribir. Aun así, cuando anunciaron el inició de NaNoWriMo 2017, pensé en la reescritura de “Destino errante”.

Me tomó el mes entero reescribir la nueva versión de 15 capítulos. El total de palabras está cerca de las 15 000. Muchos días me obligaba a escribir, por eso tardé tanto. Sin embargo, fue una experiencia necesaria.

Como ya conozco tan bien la trama y los personajes pude concentrarme en las acciones y los diálogos. Apenas escribí descripciones porque muchas están en versiones anteriores de la novela y las puedo reciclar. Los detalles, se los pego luego.

La sorpresa: el punto culminante está colocado en un capítulo alejado del final. Los capítulos que me dieron más trabajo fueron los que le siguen, precisamente porque sentía que eran innecesarios.

Todo esto implica que me esperan más revisiones. Escribir una novela, así sea corta, como terminará siendo “Destino errante” no es fácil. El problema no es escribirla en sí. El año pasado probé que podía hacerlo en tres semanas. Lo más difícil es la revisión, el estar dispuesta a guardarla, para luego releer, revisar, eliminar y reescribir. Hay demasiadas novelas publicadas que se hubieran beneficiado de ese proceso. No quiero que la mía sea una de ellas.