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Porque la familia a veces merece una mención

De madre

Ayer fue el Día de las Madres y como tengo la impresión de que hay quienes piensan que no tengo una –especialmente cuando se enfrentan a uno de mis exámenes que, por alguna razón que no acabo de encontrar, tienen mala fama–, quise probar que no soy producto de la generación espontánea. He aquí la evidencia:

Se que estoy de madre y aquí está la prueba.

La de la mini es mi mamá; yo soy la muñeca del centro

Cathy, mi perrija

Recientemente leí el artículo titulado “Perrijos: Nueva tendencia que modifica familias boricuas”, escrito por Miladys Soto y publicado en Metro, en el que se define un perrijo como un perro humanizado, cuyos amos lo tratan como a un hijo. Tengo una perra y me pregunto si es mi perrija.

Cathy es shih tzuy es mi perrija.

El artículo enumera cinco de algunas características que identifican a un perrijo. Veamos si aplican a Cathy:

  1. Tiene ropa, accesorios y muchos juguetes: Cathy tiene bastante ropa y le encanta que se la pongan; accesorios tiene pocos y casi ningún juguete porque no les hace caso.
  2. Tiene una alimentación cuidadosa y de acuerdo con sus necesidades: Si por mí fuera solo comería comida seca para perros y galletas limpia dientes, pero Wu Siumán le compra comida mojada para recompensarla por algo que aún no tengo muy claro y de vez en cuando otros miembros de la familia la alimentan con comida para humanos.
  3. Convive más con personas que con perros: Se la pasa todo el tiempo con nosotros. Creo que se puede decir que apenas socializa con otros perros.
  4. Tiene apodos como “mi hijo”, “mi niño” y “mi bebé”: No, eso no. Ella es solo la nena de mamá.
  5. Tiene acceso a todos los espacios de la casa (duerme en la cama, puede posarse en los sillones, etc.): Salvo una habitación, puede entrar a donde quiera, pero no duerme en la cama ni aunque esté enferma. Sin embargo, tiene su propia camita dentro de la habitación.

Creo que puedo afirmar con seguridad que Cathy es mi perrija.

Confesiones extraterrestres

Mensaje típico de extraterrestes en el único idioma que se habla en el espacio exteriorMi historia con los extraterrestres es larga. Comenzó en la niñez, cuando un familiar muy cercano se obsesionó con ellos. Decía que su deseo era tener un encuentro con un ovni que se lo llevara a saber para qué.

Por esa pequeña obsesión, tuve acceso directo a objetos, revistas y libros dedicados a la ufología. También vi películas y documentales sobre el tema hasta convertirme en una experta. El problema surgió cuando del deseo surgieron los sueños; no míos sino los del pariente. Soñaba con frecuencia con los extraterrestres. Comenzó con alguno que otro avistamiento, luego algún secuestro individual, después secuestros en mayor escalas, hasta concluir en secuestros en masa. Siempre había una constante: yo me quedaba atrás.

Solo hay que imaginarse a una niña, susceptible al miedo, a la que se le habla con frecuencia de un tema poco agradable como la experimentación con humanos por parte de extraterrestre y a la que encima dejaban atrás cuando se llevaban a todo el mundo. No era nada divertido. El temor no amenguó en la adolescencia y de adulta evité parajes solitarios o calles oscuras por si el encuentro cercano lo tenía yo.

Por suerte, el tiempo se encarga de todo. No me he encontrado con ningún extraterrestre, aunque sí con algunos terrícolas que lo parecen. Sigo creyendo que existen, pero me di cuenta de que deben tener asuntos más importantes y entretenidos que secuestrar a toda mi familia y dejarme atrás. En cuanto a mi pariente, me temo que continúa esperando la visita del ovni.

A seis meses

El primer regalo que doy para el Día de los Padres a seis meses de sumuerte.

Ayer fue el primer día de los padres en 44 años en el que supe exactamente dónde está mi papá y por primera vez le llevé un regalo.

A seis de su muerte pensé que ya la había superado, pero varios días antes me di cuenta de que no y he llorado como una pendeja. ¿Cómo es que me afecta tanto la muerte de alguien que nunca formó parte de mi vida? Nunca estuvo en los momentos más importantes y, sin embargo, he llorado porque tampoco estará en lo venideros.

El día en que se cumplan los seis meses de su muerte sufriré otra pérdida: uno de mis hermanos se va del país. No soy capaz de decirle que me alegro porque sé que es por su bien y el de su familia, pero que me duele porque es como haber encontrado algo que tenía perdido tan solo para volverlo a perder.

Supongo que algún día lo superaré ambas pérdidas. Debo hacerlo porque me esperan más días de los padres en lo que sabré exactamente dónde está mi papá y puede que le lleve un regalo.

Dos fotos

Tan solo dos son las fotos que me faltan para completar una de las grandes ambiciones de mi vida. Quizás sea un chin hiperbólico eso de “una de las grandes ambiciones de mi vida”, pero al menos es uno de esos deseos que quería cumplir aunque fuera una vez.

Arco iris doble, una de dos fotos.
La foto de noviembre: un arco iris doble

Quiero un mosaico, pero no cualquiera, quiero un mosaico de un año en fotos. Desde que los descubrí a principios de este año quise hacer uno con doce cuadritos en los que apareciera una foto tomada durante cada uno de los meses del año. Sin embargo, para lograrlo, tan solo me faltan dos fotos. Solo dos: noviembre y diciembre. No es mucho pedir, ¿verdad?

Servicio religioso en honor a mi padre, una de dos fotos.
La foto de diciembre: servicio religioso en honor a mi padre

No obstante se trata de los meses más difíciles de este año. Por suerte, la limpieza de fin de año me ha permitido encontrar esas dos fotos solitarias que necesito para mi mosaico. Con ellas termino uno de tantos ciclos que se han cerrado este año. Y todo lo que necesitaba eran dos fotos.