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Porque la familia a veces merece una mención

Cathy de paseo en Semana Santa

Semana Santa 2016: Vacaciones necesarias

Marcadores y bolígrafo para corregir

Mis útiles de trabajo a la hora de corregir

Todos los años espero impaciente las vacaciones de Semana Santa. No lo hago porque me interese pasármela metida en la iglesia o porque quiera ayunar o conmemorar ningún acontecimiento religioso. No, solo quiero descansar. Y como ocurre todos los años, no puedo. Es tanto el trabajo pendiente que apenas lo logro.

Lo peor es que este año me toca corregir y lo odio. Odio corregir. Lo odio, lo odio y lo odio.

No he podido escribir, no he podido bordar, no he podido tejer. Nada. He permanecido rodeada de papeles y resaltadores de colores.

Como estoy mentalmente agotada, he aprovechado cada oportunidad para salir de paseo. El Domingo de Ramos montamos a Cathy en el auto y nos fuimos a explorar el Este. Visitamos Yabucoa, Naguabo y Fajardo. El lunes hicimos una parada en el Paseo de las Artes de Caguas; el martes, intenté buscar un lugar donde trabajar. No tuve éxito. No importaba dónde me metiera, estaba lleno a capacidad. Había olvidado que era feriado por el Día de la Abolición de la Esclavitud. ¡Qué ironía! Yo trabajé como de costumbre. El miércoles fui a Cayey a resolver un asunto pendiente de mi faceta de escritora.

Hoy me preparo para encerrarme en casa con el único propósito de corregir, previo al acostumbrado maratón del Viernes Santo. Como el trabajo no se detiene aunque haya decidido rendirle culto por un día al sedentarismo, supongo que pasaré un sábado entre papeles y resaltadores gloriosos y un domingo en el que de seguro múltiples exámenes y trabajos escenificarán el milagro de la resurrección.

Así que, como todos los años, espero con ansias las vacaciones de Semana Santa para no descansar como anhelo.

Mi madre durmió en casa

Mi madre durmió en casa. Pero no se trata de aquella a la que no supe cuidar, sino lo que quedó de ella.

Mi madre durmió en casa.No dejo de preguntarme si puedo haber hecho algo diferente. Quizás todavía estuviera aquí. O si se fue sabiendo cuánto la queríamos. Sé que lo hizo pensando que estábamos bien, encaminadas. Dejó tres hijas idénticas a ellas, diferentes entre sí. De seguro pensó que ya nos valíamos por nosotras mismas. Eso no evita que nos sintamos huérfanas.

No fui una buena hija. Me porté tan bien que no la preparé para la horrible adolescencia de mis hermanas. Tampoco fui particularmente cariñosa y encima me convertí la peor enfermera que jamás tuvo. Pero daría cualquier cosa por volver a tener la oportunidad de cuidar de ella. Lo haría mejor que la primera vez.

La rosa que creció el día de la muerte de mi madre.El día de su muerte, floreció una rosa que había sembrado no hacía mucho. El olor a rosas es uno de esos recuerdos constantes de la niñez. Vivíamos las cuatro en un apartamento en cuyo balcón no estaban sembradas, pero aun así el olor se colaba. Como su olor. Mi madre tenía un olor particular que nada tenía que ver con el perfume que usara.

Ese olor podía ser narcótico. Recuerdo a la menor durmiendo la siesta, arropada con una de sus batas. Ya era adulta y no resistió quedar dormida como cuando éramos bebé y mi madre usaba ese mismo método para dormirnos.

Mi madre descansa aquí.Las tres hablamos de su olor el día que esparcimos sus cenizas. La noche antes fue la última que durmió en casa, o más bien lo que quedó de ella. Ahora duerme en la naturaleza tal y como pidió que se hicieran tras su muerte.

Atrás dejó tres huérfanas, dos yernos y cuatro nietos que la adoraban y que ya no tendrán la oportunidad de crecer con su presencia.

Mi madre durmió en mi casa, en la casa de la mayor, en la casa de la persona con la que inició su experiencia con la maternidad, en la casa de la primera en el hola y la última en el adiós.

Nueve fotos: Lo mejor de Instagram en el 2015

Hay momentos en los que una desea algo con tanta fuerza que lucha contra todo con tal de alcanzar esa meta. El día que se logra es de los más felices que se haya vivido. Casi de inmediato, la realidad se hace evidente y no queda más remedio que aceptar que se podía vivir sin ese objeto, persona, lugar o lo que sea. De eso tengo que hablar antes de tan siquiera mencionar las nueve fotos.

La EOS Rebel T5i de Canon

EOS Rebel T5i de CanonHace dos años, me compré una cámara réflex, la EOS Rebel T5i de Canon. Estaba feliz. Había tomado cursos de fotografía y notaba las limitaciones de mi compacta y de las cámaras de los celulares. Veía las fotos de mis compañeros de clase y mis profesores y notaba cómo lograban captar detalles o definiciones que yo no conseguía con el equipo con el que contaba.

Sí, sufría de un caso severo de envidia fotográfica.

Así que cuando logré ahorrar lo suficiente para comprarme la réflex y por fin la tuve en mis manos, fui increíblemente feliz.

La felicidad me duró poco.

La cámara era muy pesada para llevarla a todos lados como solía hacer con la compacta. Las fotos resultaban espectaculares, pero la gran mayoría las seguía tomando con el celular. Lo pensaba dos veces antes de llevármela a un viaje. En fin, me arrepentí de haberla comprado, pero por cabecidura nunca dije nada.

PowerShot ELPH 310 HSMe di cuenta del error que cometí al comprarla casi de inmediato, pero no la devolví. La compacta que le precedió, una PowerShot ELPH 310 HS que todavía lloro, decidió averiarse una semana después de haber adquirido la réflex. Supongo que murió de tristeza al verse remplazada.

Dos días después de que se agotara la garantía extendida que le había comprado a la réflex, se cayó. No es simplemente que se me haya caído es que el gutapanazo que se dio la dejó inútil y yo sin posibilidades de arreglarla. Oquei, reconozco que no he hecho mucho por que la reparen. De todos modos, lo que quiero decir es que a final de cuentas para mis necesidades no necesitaba una cámara tan grande.

Las mejores nueve fotos del 2015

Tableta Surface 2 de WindowsNo es de extrañar, entonces, que la mayoría de mis mejores fotografías del 2015 se haya tomado con la cámara de mi teléfono celular, un Galaxy S5 de Samsumg. No es que ninguna saliera de la réflex, es que mi celular y mi tableta Surface 2 de Windows son más livianas y fáciles de manejar.

Un resumen por estación lo prueba:

Durante los primeros días del 2016, descubrí que se puso de moda en Instagram publicar un collage con la mejores nueve fotos del 2015. Existe hasta una aplicación para ello (por cierto, no la recomiendo). Seguí la corriente e identifiqué las que, en mi vanidosa opinión, son las mejores fotos que produje el año pasado. ¿Y saben qué descubrí? Todas se tomaron con el celular.

Aún sigo debatiendo en lo más superficial de mi ser si debo llegar hasta la última instancia para reparar la réflex. Quizás deba volver a una compacta. Mientras tanto, las cámaras del celular y la tableta no tomarán las mejores fotos, pero satisfacen mis necesidades.

De madre

Ayer fue el Día de las Madres y como tengo la impresión de que hay quienes piensan que no tengo una –especialmente cuando se enfrentan a uno de mis exámenes que, por alguna razón que no acabo de encontrar, tienen mala fama–, quise probar que no soy producto de la generación espontánea. He aquí la evidencia:

Se que estoy de madre y aquí está la prueba.

La de la mini es mi mamá; yo soy la muñeca del centro