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Sobre libros de ensayos.

Ficha de la biografía Joaquín Sabina: Perdonen la tristeza

Joaquín Sabina: Perdonen la tristeza, de Javier Menéndez Flores

Para el mes de mayo, en el reto de lectura mensual, está pautada la lectura de un libro epistolar o una biografía. El único libro epistolar que recuerdo poseer es Love and Freindship, de Jane Austen, que ya leí. Sin embargo, hace unos años, poseo el libro Joaquín Sabina: Perdonen la tristeza, de Javier Menéndez Flores y, como se trata de una biografía, me lo leí. Resulta que se trató de una relectura.

El libro consiste de un prólogo titulado “Capítulo 0”, trece capítulos, un epílogo, la opinión de catorce famosos españoles, una cronología, varias fotografías y muchísimas otras partes que sirven de relleno.

Los capítulos coinciden con los trabajos discográficos de Sabina hasta la fecha (2000). De esta forma, se convierte en una biografía tipo vida y obra con más obra que vida. Se nota cierta grandilocuencia en la redacción que, sin embargo, trata de ser accesible. Además, mucho del relleno y las opiniones de los famosos se acercan peligrosamente a la alabanza desmedida.

El libro sirve con una recopilación básica de la información discográfica, artística y biográfica de Sabina. Nada que no se encuentre en la red. Para los fanáticos de Sabina, no ofrece nada nuevo.

De regreso al tema de la redacción, me pareció que carece de brillo, de energía o de un “je ne sais quoi” que provoca que lo leído se olvide con facilidad. Fue a mediados de la lectura que me di cuenta que, para mí, se trataba de una relectura.

El libro es apropiado para un entusiasta reciente o para quien no conozca nada del cantautor. Para quienes conocen a Sabina, la información presentada en este libro no añade a su conocimiento de Sabina.

Logo del reto de lectura de 2017

Architecture in Detail Chicago, por Thomas J. O’Gorman

Architecture in Detail: Chicago, de Thomas J. O’Gorman

Hace unos años me obsequiaron Architecture in Detail: Chicago, de Thomas J. O’Gorman, como una forma de conocer el lugar donde nací. Desde entonces apenas lo he ojeado, pero decidí que era hora de sentarme a leerlo para el reto mensual.

Chicago Board of Trade at Night | © Daniel Schwen

Quiero ir a Chicago tan solo para visitar el edificio de la Cámara de Comercio | Fotografía por Daniel Schwen

Architecture in Detail: Chicago es lo que se conoce en inglés como “coffee table book” o libro ilustrado, pero en formato pequeño. La idea no es sentarse a leerlo como tal, si no disfrutar de la información y las fotografías de manera aleatoria. Leer sobre uno de los veinte libros que se reseñan es divertido; más de dos, pesado.

Lo parte escrita por O’Gorman es interesante, sin embargo, me parece desconectada de las fotografías –muy hermosas, por cierto–. No todos los edificios presentan una imagen completa y, en más de una ocasión, se señala algún detalle curioso del que no hay ninguna foto.

Aun así, logró convencerme de visitar Chicago, una ciudad que no he visitado desde que cumplí el año. Por supuesto que visitar la familia y los lugares que quizás recorrí de bebé son aliciente demás, pero la idea de estar parada frente al edificio de la Cámara de Comercio de la ciudad se ha convertido en meta. Es Art Déco. Con eso basta.

Cook County Hospital | © Paul Goyette

Nací en este hospital, antes de que lo abandonaran | Fotografía por Paul Goyette

Para el que tenga la duda, sí, soy una de millones de boricuas que nació en la diáspora. No soy oriunda de Chicago; no me crie ahí. Tampoco me considero gringa. Pero, de vez en cuando, se me ocurre que debería visitar la ciudad, tan solo porque viví mi primer año allí.

El libro que me corresponde leer en marzo, debe tener nombre de mujer en el título y como no tengo intenciones de volver a leer María, de Jorge Isaac, encontré uno cuyo título es el apodo de un personajes histórico femenino y para mí es suficiente.

Logo del reto de lectura de 2017

Ficha de A Brief History of Time

A Brief History of Time, de Stephen Hawking

Según el reto de lectura mensual en el que me metí, en enero se supone que haya leído un libro de un género nuevo para mí. Pero como creo haber leído algo de todos los géneros y me propuse que para este reto me circunscribiría a libros que ya tengo en la casa, cambié el tema a un libro de un género que no acostumbro a leer. Entra en escena: A Brief History of Time, de Stephen Hawking.

No se trata del primer libro dedicado a la física al que me enfrento. Creo que es el segundo. No acostumbro a leer libros científicos, aun cuando Wu Siumán es físico. Por eso pensé que sería el libro idóneo para comenzar este reto.

Entrada al laboratorio del científico loco

Wu Siumán es científico, así se establece en la puerta de entrada a su laboratorio

A Brief History of Time consta de once capítulos y tres apéndices, además del reconocimiento, un glosario, el índice y la introducción a cargo de Carl Sagan. No es un libro dirigido a especialistas. El propio Hawking lo establece al justificar la sencillez del mismo y la falta de fórmulas (excepto la inevitable E = mc2), debido a que está enfocado en el público general.

El acercamiento al estudio de la astrofísica (universo, tiempo-espacio) es histórico por lo que todas las explicaciones se presentan según la cronología de los descubrimientos. La redacción es fácil de seguir aun cuando la dificultad aumenta. Llama la atención cómo el conocimiento del universo (origen, comportamiento y composición) ha cambiado a lo largo de los siglos, aunque en el siglo XX el adelanto fue monumental. Los especialistas conocen hoy día más que la ciudadanía de a pie. Tiene que ser así, porque la velocidad en la que se producen los descubrimientos es tal que solo unos pocos en el planeta logran mantenerse al día. No se debe perder de perspectiva que el libro se publicó a finales de la década de los 80. Han pasado 28 años desde entonces. Asusta imaginar qué ha descubierto la astrofísica en este tiempo.

Como dato curioso, Hawking transmite una personalidad relajada, propensa al buen humor, pero no al chiste fácil. No sé cuánto corresponda a la realidad.

En A Brief History of Time se presenta de manera sencilla la evolución del estudio del universo para que cualquier lector puedan entender sin mayores dificultades, pese la cantidad de información y del uso de un vocabulario especializado, forzoso en este tipo de texto, aun cuando esté dirigido a todo tipo de lector.

Para febrero, se supone que el libro sea de un autor de mi zona. Sin embargo, me pareció más interesante cambiar el tema un tanto: un libro que trate del lugar donde nací. Sabrán el título cuando lo reseñe.

Logo del reto de lectura de 2017

Logo del proyecto Editing Dangerously | © Philip Uglow

2017: The Year of Editing Dangerously

I believe more in the scissors
than I do in the pencil.
Truman Capote

Si algo aprendí en el 2016 es que no todas las personas tienen que ser escritoras. No es una obligación, ni siquiera moral. Habrá a quien simplemente no le interese. También aprendí que no todo el mundo tiene la capacidad de ser escritor. Habrá quien quiera y realmente no puede, y quien no puede, pero tampoco quiere. Por último, también aprendí que de nada sirve querer ser escritor, si no se está dispuesto a pasar el trabajo de editar. Para eso hay que tener babilla. Como todavía estoy deliberando cuál es mi posición como escritora, me propuse que el 2017 sería “the year of editing dangerously” (ya sé que como traductora debería usar la versión en español, pero en inglés suena más peligroso. Apedréenme si quieren).

Maquinilla Olympia con flores | © Valeria Moschet

Instrumento para reescribir | Fotografía de Valeria Moschet

Ensayos académicos

Es cierto que la redacción académica no es creación literaria, pero no quiero cerrarme a la posibilidad de que este sea el único tipo de escrito al que me debería dedicar. En el 2016 produje cuatro “papers”, tres de los cuales se publicaron y el que falta aún no se ha sometido a consideración.
Este tipo de trabajo no se me hace fácil. Requiere mucha investigación. No me quejo; investigar es una de mis pasiones. No obstante, producir el texto puede conllevar meses de búsqueda, lectura, descarte de recursos, redacción, corrección, verificación, corrección, edición y corrección.
Por mi línea de trabajo no me queda más opción que realizar ensayos académicos. Es un requisito, es lo que se espera de mí, me guste o no. Por suerte, lo disfruto.

El mal de la poesía

Me persigue. Y no soy poeta. No. Trato muy mal los poemas pacos que escribo a lo loco. Ni los reviso. Aun así, tengo el descaro de escribir un poemario en una semana. Me parece que la aseveración anterior merece una explicación. Lo habré escrito en tiempo récord, pero llevaba pensando en él casi un año. Se trataba de un sentimiento que tenía que sacarlo del sistema y que aún no estoy lista para tratar en narrativa. En otras palabras, parece que desarrollé sentimientos y no sabía qué hacer con ellos; los vertí en verso y ahora… no sé qué hacer con ellos. Se trata de todo un poemario y me siento incapaz de separar los hermanos poemas. Eso sería una crueldad.

Útiles de oficina para editar | © Stefan Schweihofer

Instrumentos imprescindibles para editar | Fotografía de Stefan Schweihofer

Narradora escribiendo

Quiero ser narradora… igual que todo el mundo y su primo. Y la prima también. Y no olvidemos a Raymundo. Ni a los puristas que ahora están convulsando. A este respecto estoy considerando que quizás se trate de un asunto de querer y no poder. Quizás mi misión es ser lectora y no escritora. Total, debe haber más lectores que escritores, si no esto sería un club exclusivo en el que nos leeríamos unos a otros y no admitiríamos la intrusión del mundo exterior.

Disculpen la digresión. Durante el 2016 me encontré con una situación anómala: escribí narraciones extensas. Soy fanática de la microficción y comencé por ahí. Incluso, una vez me quejé de que me siento encajonada en la clasificación de microcuentista. Pero este año, hasta escribí una novela corta en tres semanas (espero que nadie piense que es una obra maestra).

O estoy madurando como escritora u ocurre una alineación planetaria extraña.

La maldición de la mención

Parece que la superé. Quizás tenga algo que ver lo poco que participé en certámenes para concentrarme en convocatorias para revistas y antologías. Sin embargo, tampoco sometí muchos textos para este tipo de evento.

Me sorprendo de mí misma porque usaba los concursos como medio de obligarme a escribir. Es decir, me topaba con unas bases que me llamaban la atención. Escribía algún cuento que girara entorno al tema presentado, antes de la fecha de cierre, y lo enviaba. ¿Qué seguía? Una súplica a Yukiyú para que no obtuviera premio que en el 99 % de los casos se me concedía, lo que me daba tiempo para revisarlo. Solo hay un detalle muy pequeño, insignificante en realidad: rara vez lo revisaba con calma. Eso significaba que si encontraba otras bases que parecieran admitir el texto, lo revisaba como pudiera, lo envía y volvía a suplicarle a Yukiyú. ¿Ven el patrón? Me consolaba con que tenía un cuento terminado.

Pero en el 2016 no necesité de bases con temas y fechas límites. Muchos relatos surgieron, así nada más, por generación espontánea. Encima los terminaba aun sin tener fecha límite. No necesito concursos para escribir.

Té de hierbas para la edición | © Mira DeShazer

Té de hierbas para la inspiración | Fotografía de Mira DeShazer

The Year of Editing Dangerously

Lo antes escrito me lleva a pensar que tengo muchos textos sin revisar. Escribir es fácil si se tiene la capacidad o si se quiere. No hay duda de que pertenezco a ese último grupo. No obstante, para mí, la labor más importante de quien escribe es revisar. Reconocer que lo primero que se escribió no sirve y para mejorarlo hay que reescribir, recortar, editar para luego alejarse del texto antes de volver a revisar, reescribir, recortar y editar. Para eso hay que tener babilla, se debe reconocer que uno no es un genio, que ser escritora implica pasar trabajo.

Aspiro a pasar buena parte del 2017 revisando, reescribiendo, recortando y editando. Puede que cree algo original, pero su destino terminará siendo el de lo escrito anteriormente. Quizás así logre publicar un libro decente. O quizás descubra que no tengo la babilla suficiente, que no estoy hecha para ser escritora y me olvide del asunto.

Por todo lo anterior, armada con una tijera y un bolígrafo rojo, he denominado al 2017: The Year of Editing Dangerously (ya sé que debería decir “revising” y no “editing”, pero a veces me paso de optimista).

El 2016 en libros

Siempre me quejo de que leo poco. Me parece que para alguien que enseña literatura debería leer más. Por eso me llaman la atención los retos de lectura. Me han permitido contabilizar cuántos libros leo y de qué tipo. A partir de los resultados de los cuatro años anteriores, me propuse que para el 2016 leería 60 libros. No me fue tan mal. El 2016 en libros se resume en sesenta y cinco.

Collage de los libros leídos en 2016

Los libros del 2016

Los datos, la parte aburrida, son los siguientes:

  • 38 libros electrónicos, 26 en papel y 1 blog.
  • 17 libros de autores puertorriqueños.
  • 35 libros en español, 25 en inglés y cinco traducciones.
  • El género literario más leído fue la novela, seguido del teatro, luego el cuento y, por último, el ensayo.
  • 8,846 páginas leídas, que no incluyen la mayoría, que correspondería a los libros electrónicos.
  • El libro más extenso fue el Decamerón, versión impresa, y el más corto, The Girl Who Sang Rose Madder (uno de mis favoritos), versión electrónica.
  • El libro puertorriqueño más extenso fue Sandino: La última “Guerra Bananera”: La Guerra Constitucionalista 1926-1927 (Vol. I), que si juntamos el segundo volumen sumarían 772 páginas, y el más corto, El español de Puerto Rico: Historia y presente, cuya autora era española, pero el tema no es más boricua porque no es posible.

Este año, dediqué mucho tiempo a leer ciencia ficción y los clásicos, sobre todo, de la literatura española. También descubrí literatura de excelencia junto a unos textos terribles, que me han hecho reconsiderar la pertinencia de publicar mi libro. No leí durante buena parte de septiembre, nada en el mes de octubre y casi un mes, repartido entre noviembre y diciembre. No obstante, la mayoría de las lecturas se llevaron a cabo durante la segunda mitad del año.

Collage de los libros del tarro leídos en 2016

Los libros que corresponden al reto del tarro

La totalidad de los libros que salieron del tarro nos es patética porque el primer año solo leí uno. Esta vez número fue cinco, porque el sexto apenas lo he comenzado. De hecho, al concluir el año me restaban dos libros por terminar: Feminisms, del que me falta leer 1057 páginas de 1207, y Amadís de Gaula, de que ya comencé el tercer libro, así que superé la marca del 50 %.

Reto de lectura mensual (espero personalizarlo)

Reto de lectura mensual

¿Qué espero para el próximo año? Reincidiré en la meta de los 60 libros, continuaré con el reto del tarro y añadiré un reto de lectura mensual personalizado. Queda claro que no me gusta complicarme la vida.

Logo del reto de lectura de 2016