Archivo de la etiqueta: Diario de una profesora disidente

De todo sobre los cursos que imparto.

Los géneros literarios: Una guía para escritores

En bastante común embarcarse en proyectos que no despegan. Esa es la historia de la entrada de hoy, esa es la razón por la voy a escribir sobre los géneros literarios para escritores.

Antologías de cuentos, uno de los géeros lterarios

Colección de antologías de cuentos

Hace un tiempo, me habían propuesto participar en una revista electrónica. Mi participación consistiría en una columna cuyo tema sería el blog y la literatura. Publicaría alternativamente consejos para publicar un blog y para crear literatura. El proyecto no se concretó.

Hace poco, revisando el revolú de documentos que tengo en la nube (que levante la mano quien no sepa de qué hablo) y me encontré con que tenía escritas las dos primeras entradas de cada tema. Tengo un blog, ¿no? Pues a publicar se ha dicho.

Playa en las rocas en Ocean Park

Cualquier lugar es bueno para escribir.

Quería empezar a hablar sobre creación literaria por lo básico: los géneros literarios. Partía de la premisa de que el lector tenía claro lo que es la literatura (arte que expresa la belleza por medio de la palabra, en la definición más reduccionista que utilizo) y que está empezando en el oficio de escribir.

 

Por experiencia sé que cuando se empieza no necesariamente se tiene claro qué se quiere escribir. No me refiero al contenido, sino a la forma. Hay quien prefiera contar una historia o jugar con los sonidos o quizás ver representado lo escrito o incluso expresar sin restricciones mayores lo que quiera. Para eso, había preparado una guía para identificar los principales géneros literarios del mundo moderno.

Narrativa: Este es el género dedicado a contar o narrar sucesos. En el mismo, la acción, que puede estar regida por la relación de causa y efecto, es lo importante. Para ello, se desarrollan personajes que llevan a cabo la acción y entran en conflicto entre ellos, la naturaleza o la sociedad, entre otros, hasta la resolución de dicho conflicto. Este género se subdivide en dos grandes grupos que se distinguen, principalmente, por su extensión:

  • El cuento: Es breve, por lo que hay menos desarrollo de la acción. En este género la precisión y concisión es lo principal.
  • La novela: Se trata de un texto extenso, con más detalles, mayor desarrollo de la acción y más complejidad.
Atardecer en Condado

También cualquier hora del día

Poesía: Se caracteriza por el uso del verso, aunque también existe la poesía en prosa. En este caso, lo importante es el sonido, dónde se acomodan los versos y el ritmo. El uso de la rima también se asocia con la poesía, pero no es obligatoria.

Teatro: Este género tiene el propósito de que lo que se escriba se represente sobre un escenario. Por eso el diálogo es su base.

Ensayo: Contrario a los otros géneros, este no es ficticio. El ensayista trata el tema que prefiera de forma generalmente breve y el arte cosiste en el dominio de la palabra.

Frozen sangriarita

No me voy a meter con las decisiones de bebidas de cada quien.

La definición sencilla de los géneros se debe al tipo de revista en donde se publicaría y a que esperaba trabajar cada uno extensamente más adelante. Por supuesto que terminaba con una sugerencia motivacional:

Lo importante para cualquier persona que aspire a ser escritor es leer mucho, escribir, experimentar, aceptar críticas y descubrir qué le apasiona más.

Me desconozco. Una pena que el proyecto no despegara. Creo que me hubiera gustado escribir más sobre los géneros literarios.

Cazabanderas

Por fin termina el 2017. Luego de haber escrito tanto sobre las tribulaciones que dejó María a su paso, es hora de hablar de una buena experiencia: cuando fui cazabanderas.

Entre mediados de junio y principios de agosto visité catorce de las banderas pintadas hasta la fecha en el proyecto 78 pueblos y 1 bandera, a cargo de Héctor Collazo, que consiste en pintar una versión de la bandera puertorriqueña en cada pueblo de la Isla.

Fue de las mejores experiencias que he tenido en la vida. Primero, es divertido planificar el viaje. Segundo, se conoce gente en cada punto. Tercero, se descubren lugares de Puerto Rico que quizás no se conocían. Por último, y lo mejor, es una experiencia familiar.

18 de junio de 2017

Cazabanderas en el Este

San Lorenzo, Humacao y Fajardo

Fue la primera vez de Wu Siumán y yo en estos trotes. Cathy y Lucy nos acompañaron. Visitamos la de San Lorenzo, que se caracteriza por estar al revés, la de Humacao, que en realidad eran cinco banderas, y la de Fajardo.

La Humacao era mi favorita. Simplemente espectacular.

4 de julio de 2017

Cazabanderas en el Sur

Cayey, Salinas, Yauco, Juana Díaz y Ponce

La intención inicial del viaje era llegar a la playa de La Guancha para respirar salitre y mejorar la tos constante que me aqueja al día de hoy. Las perrijas nos volvieron a acompañar. En el camino hicimos parada en Cayey, Salinas, Yauco, con su estrella colgante, Juana Díaz, que se nos hizo difícil encontrar (parte de la magia de ser cazabaderas), y la de Ponce, que estaba recién pintada.

De este grupo, la de Yauco me encantó.

21 de julio de 2017

Cazabanderas palesianos

#teamPalés en Ponce | Fotografía tomada por Paloma Martínez

En esta ocasión, estaba en un encuentro profesional en la UPR en Ponce, donde nos presentamos los estudiantes del proyecto de Palés y yo y aprovechamos para visitar la de Ponce y beber frappé en La Guancha.

27 de julio de 2017

Cazabanderas en el Norte

Guaynabo, Bayamón y Cidra

Esta vez montamos a mi sobrina en el carro y dimos una vuelta mucho más larga de lo que parece. Además de cazar banderas vistamos otras atracciones por el camino.

Vimos las banderas de Guaynabo, Bayamón y Cidra. Esa última fue la favorita de mi sobrina. No se quería bajar del columpio.

4 de agosto de 2017

 

Cazabanderas en la montaña

Aibonito, Barranquitas, Naranjito y Bayamón

Aprovechamos que fuimos a visitar a mis sobrinos y cazamos algunas banderas en la montaña. La de Aibonito fue la más difícil de fotografías, la de Barranquitas resultó fácil de encontrar, la de Naranjito por poco pasamos de largo y la de Bayamón otra vez porque se puede repetir.

En resumen, la más difícil de localizar fue la de Juana Díaz; la más original, la de Yauco; la más divertida, la de Cidra, y la más espectacular y mi favorita, la de Humacao.

Si tanto me gustó la experiencia, ¿por qué la suspendí? Por culpa de Irma y de María. Entre los caminos intransitables, el ajetreo diario de vivir sin electricidad y el hecho de que María destruyera varias, entre ellas la de Humacao, se me han quitado las ganas de continuar.

Recientemente, vi las de Cayey y Ponce. La primera está en un estado lamentable; la segunda, intacta. El ying y el yang. Así es la vida. Puede que en algún momento del 2018 me sienta con ánimos para. retomar la actividad de ser cazabanderas.

Atardecer sin palomas

No son ustedes, soy yo

El martes me levanté con la sensación de que algo anda mal. No era la primera vez que lo sentía, pero fue más fuerte que en las veces anteriores. Me di cuenta de que no son ustedes, soy yo la que no está lista para reanudar las clases.

Y lo supe después de publicar la entrada anterior.

Seamos realistas

Antes de continuar, creo que lo que dije en esa entrada todavía aplica. Hay mucha improvisación en este proceso, que ahora entiendo dadas las circunstancias. La falta de electricidad, agua, internet y señal no ayuda nada. Por último, la situación personal de cada estudiante, profesor y empleado afecta la reincorporación a cierto tipo de rutina. Seamos realistas: Las universidades no están listas.

Pero yo tampoco

El problema no es mi competencia profesional. Como profesora ya sé lo qué haré, tengo preparadas algunas estrategias que incluyen consultar constantemente a los estudiantes y vislumbro cambios no solo en la manera de impartir las clases, sino en la de evaluar. Y lo más curioso es que estoy expectante ante este experimento educativo en el que me embarco gracias a las circunstancias.

Mi problema es emocional. No me gustaría decir que se trata de una recaída. Pero llevo arrastrando algo desde diciembre del año pasado y lo peor es que no sé qué es. Lo que sea se ha revolcado con María, o más bien con su secuela, con estos 50 días sin electricidad, de acostarme tan pronto oscurece, de matar mosquitos, del ficus todavía frente a la casa, de lavar a mano, de sacar escombros, de limpiar, limpiar y limpiar y que sigan apareciendo escombros.

Hay algo mal

La manifestación física más evidente ha sido una pérdida de peso constante desde diciembre pasado. Ningún intento por aumentar ha tenido éxito y los análisis médicos reflejan un excelente estado de salud.

A muchos les ha dado con decirme lo bien que me veo. Yo sé que no es cierto. No se trata de un problema de autoestima, simplemente no me siento bien. Sé que hay algo mal en mi cuerpo y lo peor es que ningún médico ha podido dar con el problema.

La otra manifestación evidente es una tos seca que me ha acompañado desde junio. Fui al médico, seguí sus instrucciones, sané por una semana y la tos regresó como si nada. Ni siquiera tratando de replicar el tratamiento se me ha quitado y los polvos del Sahara y las emanaciones de las plantas eléctricas de los vecinos han abonado a que continúe la tos.

Mis vecinos pelearon

Los vecinos de atrás, que de noche tienen la cortesía de apagar la planta, lo cual les agradezco en el alma, pelearon el martes pasado. Es la primera vez que los escucho discutir. No sé cuál fue el detonante ni las palabras exactas a pesar de los gritos: ella le recriminó por algo, él se defendió, ella malinterpretó lo que dijo, él insistió en que no fue eso lo que quiso decir, ella se encerró en un cuarto, él quería que le abriera, ella prendió el carro y se fue y él se echó a llorar. Él está pasando por una depresión. Fue de las pocas cosas que escuché con claridad.

En mi casa, la depresiva soy yo y por poco lloro hoy. No por mi vecino, aunque desde el principio de la discusión tenía el pecho apretado. Fue mucho antes y no sé por qué, pero quería llorar. Eso no es normal en mí. Por lo general sé por qué lloro. Por suerte, el ansiolítico no me lo permitió.

El martes pasado no fue un buen día, aun cuando hubo muchos momentos satisfactorios. Desde que desperté, que no es lo mismo que levantarme, tuve la sensación de que algo anda mal. Sé que se trata de más de un “algo”, pero lo más importante es que, en esos momentos, me di cuenta de que soy yo la que no estaba lista para reanudar las clases.

Cual bandada de palomas

Cual bandada de palomas
que regresan del vergel
ya volvemos a la escuela
anhelantes de saber.

Virgilio Dávila

Ayer reanudaron las clases en la Universidad de Puerto Rico en Cayey donde trabajo. Soy profesora. Debería haber estado deseosa de regresar al salón de clases y, sin embargo, el proceso me llenaba de ansiedad.

Ninguna universidad estaba lista

Estoy en récord que desde el principio puse en duda la capacidad de cualquier institución de educación superior de recomenzar las clases. Sin agua, electricidad, señal celular, wi-fi, hospedajes habitables, con medidas improvisadas, dificultades para conseguir alimentos, problemas de transportación y una lista larga que termina con que, en ningún momento, se ha considerado las necesidades de los profesores. Es como si ninguno de nosotros hubiera pasado por la emergencia de María y viviéramos en una burbuja o en la consabida torre de marfil y no tenemos preocupación alguna.

Insisto en que aún no estamos listos, ni siquiera las instituciones que llevan casi un mes dando clases. Pero no recae en mí la toma de esa decisión. Además, ¿qué institución quisiera devolver los fondos federales si tardan en reanudar las clases? ¿Qué institución no quiere terminar este semestre para poder cobrar el próximo?

Las palomas querían regresar

Sabía que los estudiantes deseaban regresar a tomar clases. Los pronósticos catastróficos de deserciones masivas no se cumplieron. No me extrañó ver a la mayoría de mis estudiantes de vuelta. Y como me debo a ellos, aunque las condiciones no sean favorables, les daré la mejor clase que las circunstancias me permitan.

Sé que lo lograremos. No por nada enseño a los mejores estudiantes de Puerto Rico.