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Todo sobre mi primera novela con el título provisorio “Destino errante”.

Informe de noviembre

Arcoíris sobre Hato Rey para el informe de novimbre

Novelista de fin de semana: undécimo informe

No escribí nada.

No solo pesó sobre mí la decisión de no continuar con la novela, es que simplemente no escribí nada que tuviera que ver con creación literaria. Noviembre se iría en blanco. No obstante, el futuro no parece tan certero como creía y quizás me precipité en tomar decisiones.

Fines de semana 44 y 45: Se supone que durante estos dos fines de semana hubiera terminado con el segundo borrador. Sin embargo, no escribí nada para concluir el segundo acto del primer borrador.

Fin de semana 46: Debía comenzar el tercer borrador, el último. En The Weekend Novelist, Ray establece que este es el momento de releer toda la novela con el propósito de revisarla. Pero, no escribí nada y el primer borrador aún no está listo.

Fin de semana 47: Le tocaba el turno a la tijera o al machete o al instrumento cortante preferido para eliminar los excesos de la novela. ¿Cómo cortar si aún no he terminado? Aun así, no escribí nada de nada.

Fin de semana 48: El proceso de reescritura iniciaría este fin de semana. Sin embargo, no podré reescribir si no escribí nada.

Había claudicado, pero la novela no dejaba de darme vueltas en la cabeza. Y siempre llegaba a la misma conclusión: si no escribo, no termino el segundo acto; si no termino el segundo acto, no termino el tercero; si no termino el tercero, no puedo completar un segundo o un tercer borrador; y si no voy a terminar la novela, mejor lo mando todo al infierno.

Pero no dejaba de pensarla. Incluso en “Continuar o no continuar” abordé el tema. A pocas horas de publicar el escrito, ocurrió un suceso trivial que quizás sea la clave para resolver mis problemas. Navegando por la red, me encontré lo siguiente:

Keep Calm and Get Inspired with Jane Austen (© Rachel, Whishmade)

Por un momento pensé: “Si mi novela es rosa, ¿por qué no? ¿Por qué no inspirarme en Jane Austen? ¿Por qué no usarla como modelo?” Al final de cuentas es una de mis escritoras favorita. A duras penas faltaban unas 32 horas para que se acabara noviembre y me di cuenta de que he estado escribiendo la novela equivocada.

De todos modos, no escribí nada.

Pero sé dónde quiero empezar (punto A) y en dónde quiero terminar (punto B). Solo debo completar este primer borrador -aunque sea a las patadas-, releer a Jane Austen e iniciar el segundo borrador, tijera en mano, para construir apropiadamente el camino de A hasta B.

No prometo nada.

Informe de octubre

Nueva Eva, que nada tiene que ver con octubre.Novelista de fin de semana: décimo informe

Como septiembre, octubre no fue un buen mes para la novela. Según Ray en The Weekend Novelist, este mes debía dedicarlo al segundo borrador. Aún no he terminado la segunda parte del segundo acto y ocurrió un evento inesperado que ha venido a alterar todo lo que tenía planeado.

Fin de semana 40: Solo logré terminar un capítulo. Nada más. Uno solo. Creo que a estas alturas debo reconocer que una tortuga es más rápida que yo.

Fin de semana 41: Durante la semana anterior a este fin de semana, a duras penas comencé un nuevo capítulo porque debía corregir unos exámenes y me informaron que el periódico Metro y el Festival de la Palabra estaban auspiciando un certamen de microcuentos a través de Tuiter. Por supuesto que participé con los cinco cuentos que conforman las “Crónicas casi urbanas” que ya publiqué. Como la fecha límite era el viernes, pensé que durante el fin de semana trabajaría arduamente en la novela, pero entre una cosa y otra escribí muy poco. El domingo por la noche, me enteré del veredicto del jurado. Uno de mis cuentos resultó finalista, así que la celebración tenía prioridad.

Fin de semana 42: El lunes de la semana anterior concluyó el taller de microcuentos que estaba tomando con Emilio del Carril. Hubo más celebración porque otras dos participantes del taller resultaron también finalistas en el concurso. He ahí otra excusa razón para no trabajar en la novela como debía. Tenía la cabeza llena de microrrelatos. Aun así escribí algunas líneas del capítulo nuevo. Sin embargo, lo inesperado ocurrió.

El jueves comencé un taller nuevo titulado “Creación de personajes”. No estaba segura de con qué me encontraría o qué iría a trabajar, pero cuando salí estaba más que segura. Tomé la decisión, creo que errónea, de dedicar las asignaciones de la clase a la protagonista de la novela para redondearla, dado que con cada línea aparecen aspectos de ella que no había planificado. Como teníamos de antemano el tema de cada tarea, pude diseñar un plan de trabajo que culminaría en un capítulo no planificado, pero que me permitiría eliminar escenas y episodios con lo que se reduciría la segunda versión (si algún día lograba terminar el primer borrador), dado que pienso que esta primera está resultando muy extensa. Durante el fin de semana, entonces, me dediqué a redactar la primera asignación y eché a un lado el nuevo capítulo que perteneces a la segunda parte del segundo acto. Error, error, error y no me canso de decirlo, error.

Fin de semana 43: Ya a mediados de la semana previa y durante la anterior a este fin de semana las cosas se me estaban complicando. Al parecer algo tenía que ver un eclipse lunar penumbral. No sé. El asunto es que esa semana anterior, este fin de semana y la semana siguiente fueron HORRIBLES. No voy a decir que todo salió mal porque recibí buenas noticias y sorpresas agradables, pero, en términos generales, la cosa se puso pelúa.

El jueves, leí la asignación en el taller en la clase, lo cual me causó mucha ansiedad. Era la primera vez que alguien veía algo de la novela fuera de mí, es decir, 20 extraños ya saben detalles de la misma que no han visto ni mis lectores ni un par de personas que han estado pendientes. A pesar de que expliqué que la escena presentada formaba parte del segundo acto, como que no quedó claro y recibí comentarios a los que solo podía contestar con un “eso aparece en el primer acto”. Hubo otros que me demostraron que tanto esfuerzo ha logrado el resultado esperado. Sin embargo, lo inesperado volvió a ocurrir.

Dije que son 20 los participantes del taller, ¿verdad? Es un número ridículamente alto para un taller de escritura y como no es posible leer las asignaciones de todos tal y como se planificaron originalmente, a partir de la próxima se deberán hacer en una página. En mi opinión, es imposible desarrollar un personaje de novela una página a la vez. Mi protagonista no se merece un trato así. Así que a final de cuentas, decidí que cambiaría todo y trabajaría con un personaje nuevo para un cuento que me daba vueltas en la cabeza y no sabía cómo comenzar.

¿Por qué pienso que fue un error tomar la decisión de desarrollar a la protagonista de la novela en el taller? Primero, porque sería inevitable reducir la cantidad de páginas para las asignaciones y en mi fuero interno tenía que saberlo, pero entré en negación. Segundo, porque ahora detalles que he mantenido en secreto se han hecho públicos y siento que el texto está contaminado. Tercero, porque me di cuenta de que la novela toda es una mierda. Si no hubiera decidido trabajar con la protagonista, no me hubiese enterado y ahora estaría camino a terminar el primer borrador completamente enajenada, pero feliz.

Este último fin de semana de octubre, me dediqué a rehacer la primera asignación y a redactar la segunda con el nuevo personaje que será de un cuento y que no tiene nada que ver con la novela. No le dediqué tiempo a esta última porque también había tomado una decisión con respecto a ella. Y por si lo están sospechando, lo digo, sí, me di por vencida. Llegué a la conclusión de que estaba perdiendo el tiempo y de que no valía la pena continuar.

¿Habrá informe de noviembre? Claro, el año no ha terminado.

Informe de septiembre

Fotografía de Eric J. Collazo, que ni siquiera sé si se tomó en septiembre.

La foto no es mía, pero me gustó tanto que me la robé.

Novelista de fin de semana: noveno informe

Si fuera a clasificar cada mes en cuanto a cuán productivo ha sido para la novela, tendré que colocar el de septiembre en la posición más baja. No lo aseguraré categóricamente porque aún faltan tres meses y existe la posibilidad de que uno de esos lo supere.

Fin de semana 36: Logré completar varios capítulos de la segunda parte del segundo acto. Estaba sorprendida con la hemorragia de creatividad. Poco me imaginaba que no duraría mucho. De haberlo sabido hubiera aprovechado el tiempo. O quizás no, porque con todo lo que tenía del trabajo, una presentación de un libro en la que participaría y el blog, más el taller de micro cuentos, no podía dedicarme todo el tiempo a la novela.

Fin de semana 37: Como se trataba del fin de semana previo a la presentación del libro y a la primera evaluación del semestre, eché la novela a un lado y no trabajé en nada. Y me sentí muy mal. Estuve todo el tiempo pensando en que debí haber redactado algo.

Fin de semana 38: Este fue el fin de semana inmediatamente después de la primera evaluación y de la presentación del libro, cuya experiencia discuto en “Terror en el nuevo milenio”. Por lo general, luego de eventos tan drenantes intelectualmente, a mi mente le da un corto circuito y no produzco nada. Me volvió a ocurrir en esta ocasión y durante este fin de semana y la semana siguiente no pude realizar ningún tipo de trabajo creativo. Tanto así que para el lunes tenía una asignación que entregar para el taller de micro cuentos y por más que intenté no pude escribir ni un micro relato tecato.

Fin de semana 39: He aquí otro fin de semana poco productivo. Al menos en lo que se refiere a textos creativos. Al menos sentía que me regresaba la musa. Para ayudarme releí algunos capítulos porque me sentía perdida. Quizás fue un error porque vi cosas que tenía que arreglar. Me contuve, pero ya estoy tomando notas para el segundo borrador. De todos modos, no era mucho lo que podía hacer porque debía prepararme para moderar una charla y para la segunda evaluación durante la semana siguiente. Además quería preparar algún cuento para el taller. Todo esto implicó que no escribí nada para la novela.

De acuerdo con Ray en The Weekend Novelist, la revisión del segundo acto debe llevarse a cabo durante los fines de semanas 38 al 48. Pero, ¿cómo lo voy a revisar si ni siquiera lo he terminado de escribir?

Informe de agosto

Tocarte en agosto.Novelista de fin de semana: octavo informe

En agosto regresé al trabajo, lo que me llenó de mucha emoción porque luego de varios años he vuelto a dar la clase de Géneros Literarios. El primer semestre se le dedica a los géneros dramáticos y narrativos, lo cual, en mi caso, resulta completamente irónico. Mi novela debería ir viento en popa y no es así.

Fin de semana 31: Según The Weekend Novelist, este fin de semana debí haber terminado el primer borrador del tercer acto. A duras penas logré terminar la primera parte del segundo acto. Para eso de entretenerme antes de comenzar con los preliminares de la segunda parte del acto, decidí cambiar el título provisorio. “Destino errante” me parece una opción paeciana muy apropiada para lo que escribo.

Fin de semana 32: A partir de este fin de semana debía comenzar el segundo borrador, es decir, trabajar con lo ya redactado para, de forma concienzuda, mejorarlo, comenzando con las escenas importantes. Pero apenas la semana anterior pude redactar algo de los preliminares de la segunda parte del segundo acto. Decidí tener todo ese trabajo listo antes de comenzar la redacción de las escenas que formarán los capítulos de esta sección de la novela. Sin embargo, durante el fin de semana no hice nada debido a que el lunes siguiente regresaría al trabajo y quería asegurarme de estar preparada para el comienzo de las clases.

Fin de semana 33: La semana anterior, la primera de clases, escribí solo unos minutos cada noche por aún me estaba adaptando a eso de volver al salón y a que comencé a preparar una presentación que leeré en septiembre y para la que tengo que leer, leer y leer (lo cual me encanta y en este caso, del que no voy a decir mucho todavía, lo estoy disfrutando muchísimo). Ya durante el fin de semana regresé a la novela, pero solo a terminar los preliminares.

Fin de semana 34: Nada. En blanco. Ni una palabra. He estado padeciendo de un extraño caso de síndrome de la página en blanco. No puedo escribir nada relacionado con la novela. Ni una trapo de escena. Ni siquiera logré pensar en la novela. Creo que son dos las razones para que me encuentre así:

En primer lugar, me aterra pensar que todavía me falta el tercer acto. La razón principal es que la escena final no puede ser la que escribí durante los fines de semana 16 y 17 (¿recuerdan?, la que perdí y tuve que reconstruir). Escribir una novela es muy diferente a un cuento. En este último, hay un final predeterminado y la escritura básicamente consiste en dirigir a los personajes hacia ahí (Gracias, Horacio, por esa lección). En la novela los personajes adquieren vida propia, ciertas situaciones planificadas para más tarde, se adelantaron y para que la verosimilitud funcione, hay que ajustar alguno que otro detalle trascendental. Al cabo, todo ha cambiado y no quiero llegar al momento de reescribir el final.

En segundo lugar, tengo muchas dudas, muchas dudas, muchas. Quizás demasiadas. Contrario a lo que hubiera esperado, no me ha ayudado el hecho de que el lunes previo comenzara un taller de micro relatos y publicara por primera vez en Medium. En el taller, siento que no estoy dando lo que debería y lo asocio con la falta de motivación con la novela. Esperé casi un año por la invitación de Medium y cuando la conseguí, no supe qué hacer con ella. ¿De qué escribí en mi primera entrada? De la novela. ¿Qué haré después? Ni idea.

Fin de semana 35: Solo una escena, solo una escena. Eso era lo que necesitaba. En todo el fin de semana escribí la primera escena de la segunda parte del segundo acto. ¡Lo logré! Ahora los dedos se están soltando otra vez. Por cierto, Ray indica que este fin de semana se debe empezar a trabajar con el segundo borrador del primer acto. ¡Me muero de la risa!

Me había propuesto completar la segunda parte del segundo acto durante el mes de agosto. No pudo ser. Terminaré el primer borrador cuando lo termine, si es posible antes del 31 de diciembre y si no, no importa. Ya decidí que la dejaré descansar y la revisaré durante el 2014. El destino de la novela no está trazado para un año, es errante y no hay más nada que hacer.

Informe de julio

Dromerarios en julio.

Bajo sol o bajo lluvia, se puede ir de compras

Novelista de fin de semana: séptimo informe

Me parece que Ray escribió The Weekend Novelist para aspirantes a escritores que no hacen más que escribir o que aspiran a una literatura tan superficial que se conforman con un par de elementos sencillos . ¿Por qué lo digo? Ya verán.

Fin de semana 27: Gracias a un paro inoportuno el lunes, 1º de julio pude construir el segundo punto de inflexión, es decir, salí de eso. También pude leer The Weekend Novelist y descubrí que, hasta ese momento, no estaba tan atrasada con respecto a la división de tiempo que establece Ray.

  • Para el fin de semana 18, correspondía el punto medio;
  • para el 19, el primer punto de inflexión;
  • para el 20, el segundo;
  • para los fines de semana 21 al 23, el primer borrador del primer acto;
  • y para los 24 al 28, el del segundo acto.

Por lo tanto, me restaban los fines de semana 27 y 28 para construir el segundo acto –no olvidemos que es el más largo– y no lo había iniciado. En un mundo ideal, la primera mitad de ese acto se escribe durante el 27 y la segunda, durante el 28. Pues, esa fue la meta que me propuse y me propuse cumplirla. Sin embargo, no vivo en un mundo ideal.

Al menos puedo decir que lo intenté.

Aproveché las casi vacaciones para comenzar el trabajar de inmediato. Ray sugiere que se nombre cada sección del acto  para ayudar en el proceso de redacción. Instintivamente, ya había aplicado esa sugerencia aun antes de leerla. A partir del martes y todo el fin de semana largo que comenzó el jueves, 4 hasta el domingo, 7 de julio me dediqué a escribir diálogos para los capítulos proyectados. También logré construir uno. En realidad, se trataba de dos que pude fusionar. Y en eso consistió todo lo que hice ese fin de semana.

¿Qué por qué no completé esa primera parte del segundo acto? Veamos: decidí retomar varias lecturas que tenía en total abandono, comencé la limpieza de verano y quizás dormí más de lo que debía, dado que tomé siesta cuatro días corrido, a pesar de que me acostaba a la hora acostumbrada. Creo que tenía demasiados sueños atrasados.

Fines de semana 28: Antes de este fin de semana, dediqué la semana precedente a trabajar todos los días, aunque fuera por cinco minutos. El lunes comencé el Starbucks Summer Tour 2013 del que hablaré en otro momento. Me ha dado mucho trabajo completar los capítulos que corresponden a la primera parte del segundo acto. Crear los diálogos es fácil, el problema lo encuentro cuando debo transformar esos diálogos en escenas. Siento que las narraciones o descripciones que doy ya las he escrito antes y me frustro porque tengo la impresión de que no estoy adelantando la trama. Para este fin de semana apenas tenía preparada la mitad de la primera parte del segundo acto y se supone que ya hubiera terminado el acto completo. Sí, Pepe, perdón Ray, ya mismo.

Fines de semana 29: Supuestamente, este fin de semana comenzaba a redactar el primer borrador del tercer acto. Apenas había completado  3/4 de la primera mitad del segundo acto. Durante la semana, me di cuenta de que algunos episodios en los que he trabajado son redundantes y que lo que quiero establecer, en términos de trama o simbolismos o lo que sea, ya lo he hecho en otro lado. La concisión no se me está dando bien. De otra parte, también me fijé en un problema de continuidad, pero no me preocupa porque lo pienso trabajar en revisiones futuras.

Fines de semana 30: Al comenzar este fin de semana, todavía me faltaban los últimos detalles de la primera parte del segundo acto, es decir, estoy oficialmente atrasada en extremo. Si no termino con esta parte, no voy a empezar con la segunda parte del acto. Parte de los problemas con los que me he enfrentado es que he tenido que cambiar algunos capítulos porque a medida que escribía me daba cuenta de que había preparado escenas que son redundantes, además decidí adelantar la construcción del capítulo que corresponde al punto medio. Resultó excesivamente largo, el doble de los otros y buena parte consistía en información innecesaria y eventos o diálogos que no continúan con lo redactado anteriormente porque como lo escribí antes, había planificado eventos que alteré o eliminé. Los volví a construir con una tijera metafórica y eliminé 2/3 partes del capítulo. Aún me falta mucho por cortar.

A estas alturas, para terminar la primera parte del segundo acto, me falta construir un capítulo, justo el que va antes del punto medio. Espero completar ese trabajo durante la semana siguiente, porque todos los preliminares ya están listos.

Mi meta para el mes de agosto será construir la segunda parte del segundo acto y para septiembre, trabajar en el tercero. Según Ray, ese último acto debe tomar menos tiempo porque  ya se ha completado un buen segmento y solo se debe redondear lo establecido en los dos actos anteriores.

Veremos a ver si es cierto.