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Todo sobre mi primera novela con el título provisorio “Destino errante”.

Informe de diciembre

Capítulo 15 en diciembreNovelista de fin de semana: duodécimo informe

En teoría, este debería ser el último informe en el que anunciase que ya tengo mi novela terminada, revisada, pulida y lista para publicación. Ni por asomo esa es la realidad. Por el contrario, me encuentro en lo que estimo será el 25 % del proceso.

Fines de semana 49 a 51: Correspondía al momento de la reescritura, pero ni siquiera escribí una letra durante los fines de semana 49 y 50. La razón principal fue que se trató del periodo que corresponde al de los exámenes finales y me convertí en un monstruo corrector de trabajos. Sin embargo, como ya había tomado la decisión de continuar con la novela, traté de al menos pensar en cómo haría para concluir.

Al parecer funcionó la estrategia. A partir del fin de semana 51 escribí todos los días aunque fuera por unos minutos y valió la pena.

Fin de semana 52: En The Weekend Novelist, Ray establece que esta última semana se le dedica a la edición. Pues como he hecho más o menos lo que me ha dado la gana, continué escribiendo y escribiendo y escribiendo para terminar el primer borrador antes del año nuevo.

No lo logré.

No obstante, en dos semanas había completado la segunda parte del segundo acto y casi todo el tercero. Para lograrlo hice algo de trampa porque no escribí aquello que sé que no utilizaré en la proyectada segunda versión. Aun así, el nuevo año me pilló sin haber completado el capítulo final.

Técnicamente, lo que leerán a continuación correspondería al informe decimotercio, es decir, al de enero de 2014 que se publicaría el próximo febrero. Como es posible que ya no haga informes mensuales sino trimestrales, no hace ninguna diferencia porque de aquí a allá lo habrán olvidado. Así que helo aquí:

El 2 de enero de 2014 terminé el primer borrador de “Destino errante”. Para marcar la ocasión, había considerado cambiar otra vez el título provisorio, pero por lo pronto este se queda.

¿Cuál es el saldo? Una novela que es un asco, 25 capítulos, 344 páginas, 5563 párrafos, 96 475 palabras y 440 394 caracteres sin espacios. ¿Cuál es la meta ahora? Descansar en enero y escribir para otros proyectos atrasados; planificar la estrategia a seguir para la segunda versión, lo que incluye un calendario de trabajo; identificar las partes que se reciclarán (escenas, líneas argumentales, etc.); reducir el texto a veinte capítulos y a 250 páginas (máximo 300, aunque el resultado final cae dentro de lo proyectado), y volver a escribir.

Definitivamente, habrá mucha novela para el 2014.

Qué puedo aprender de Jane Austen

Jane Austen Semper

Fragmento de “Jane Austen Semper”, de Eymery, Wikimedia Commons

Diez lecciones para escribir novelas rosas

He reconsiderado la decisión de no continuar escribiendo mi primera novela. Todo se debe al siguiente cartel:

Keep Calm and Get Inspired with Jane Austen

© Rachel

Hola, me llamo Maite, soy escritora de novelas rosas y mi santa patrona es Jane Austen. Gracias a ella, me he dado cuenta de que la novela que escribía no iba para ningún lado porque no estaba fundamentada sólidamente en los cimientos del género. Así que como dice el cartel, me estoy inspirando en Austen y he aquí diez lecciones que espero incorporar a mi rutina de redacción, tan pronto termine el primer borrador.


  1. La heroína no será la más linda de todas, como Anne Elliot, pero puede ser carismática como Emma Woodhouse, fiel a los que quiere como Fanny Price y extremadamente inteligente como Elizabeth Bennet.
  2. Puede contar con la ayuda de una amiga que se convierte en su confidente o al menos en víctima de sus esquemas como Charlotte Lucas, Harriet Smith, lady Russell y la Sra. Smith. Esta amistad sufre un tropiezo en algún momento, pero no es irreparable.
  3. El galán es guapo como el capitán Frederick Wentworth, económicamente holgado como George Knightly y no necesariamente corresponde a la heroína de inmediato como Fitzwilliam Darcy. Una ñapa: por lo general, él también podría contar con uno o varios confidentes.
  4. Tanto a la heroína como al galán se les aparece alguna competencia que aparenta ser infranqueable. En cuanto a la chica, es mucho más linda que la heroína, pero no necesariamente más inteligente o carismática. Ese es el caso de Mary Crawford, Caroline Bingley, Anne de Bourgh, Lucy Steele y Louisa Musgrove. El chico parece tener intensiones serias, pero no está a la altura moral del galán como pasa con George Whickam, Henry Crawford o William Elliot.
  5. En ocasiones, hay una historia de amor paralela. Ese es el caso de binomio Jane Bennet/Charles Bingley en Pride and Prejudice, el trío que no es trío de Marianne Dashwood/John Willoghby/el coronel Brandon en Sense and Sensibility y, por supuesto, los traviesos Jane Fairfax/Frank Churchill en Emma.
  6. En algún momento, puede que la heroína emprenda un viaje como Catherine Morland a Bath, Elinor Dashwood y Marianne a Londres y Anne Elliot y todo el bonche a Lyme y luego ella a Bath.
  7. Rara vez, tanto la heroína como el galán son hijos únicos y puede que tengan algún hermano preferido. Ese es el caso de Elizabeth y Jane Bennet, Fitzwilliam y Georgiana Darcy, Fanny y William Price y Elinor y Marianne Dashwood.
  8. Las figuras maternas y paternas pueden llegar a ser… ¿difíciles? Los finalistas al premio del peor padre son: el rey del laisser faire el Sr. Bennet, el hipocondriaco de Henry Woodhouse, el alcohólico Sr. Price, el tiránico del general Tilney y el narcisista sir Walter Elliot. Las finalistas al premio de la peor madre son: la insoportable Sra. Bennet, lady Bertram, la habitante eterna de Lalalandia, la irreponsable Sra. Price, la boba de la Sra. Dashwood y la tirana Sra. Ferrars.
  9. La voz narrativa predilecta es la tercera persona omnisciente que narra los sucesos sin muchos miramientos como si hablara con un amigo de trivialidades, pero al que poco a poco le cuenta una historia bastante compleja.
  10. La relación entre la heroína y el galán termina en boda. Ese matrimonio siempre es por amor. Los matrimonios exitosos tienen esa característica y a los fracasados les falta. Sin embargo, no es un amor que se forma de inmediato. Puede que tarde en llegar y cuando llega parece un imposible. Elinor Dashwood y Edward Ferrars tienen el inconveniente de que él ya está comprometido; Elizabeth Bennet y el Sr. Darcy se llevaban muy mal al principio; Edmund Bertram es incapaz de darse cuenta de lo que realmente siente por Fanny Price; y parece como si hubiera pasado la oportunidad para Anne Elliot y el capitán Wentworth.

Poner en práctica estas lecciones significa que tendré que reestructurar buena parte de lo ya escrito. Pero para eso son los segundos, terceros y demás borradores, ¿no?

Informe de noviembre

Arcoíris sobre Hato Rey para el informe de novimbre

Novelista de fin de semana: undécimo informe

No escribí nada.

No solo pesó sobre mí la decisión de no continuar con la novela, es que simplemente no escribí nada que tuviera que ver con creación literaria. Noviembre se iría en blanco. No obstante, el futuro no parece tan certero como creía y quizás me precipité en tomar decisiones.

Fines de semana 44 y 45: Se supone que durante estos dos fines de semana hubiera terminado con el segundo borrador. Sin embargo, no escribí nada para concluir el segundo acto del primer borrador.

Fin de semana 46: Debía comenzar el tercer borrador, el último. En The Weekend Novelist, Ray establece que este es el momento de releer toda la novela con el propósito de revisarla. Pero, no escribí nada y el primer borrador aún no está listo.

Fin de semana 47: Le tocaba el turno a la tijera o al machete o al instrumento cortante preferido para eliminar los excesos de la novela. ¿Cómo cortar si aún no he terminado? Aun así, no escribí nada de nada.

Fin de semana 48: El proceso de reescritura iniciaría este fin de semana. Sin embargo, no podré reescribir si no escribí nada.

Había claudicado, pero la novela no dejaba de darme vueltas en la cabeza. Y siempre llegaba a la misma conclusión: si no escribo, no termino el segundo acto; si no termino el segundo acto, no termino el tercero; si no termino el tercero, no puedo completar un segundo o un tercer borrador; y si no voy a terminar la novela, mejor lo mando todo al infierno.

Pero no dejaba de pensarla. Incluso en “Continuar o no continuar” abordé el tema. A pocas horas de publicar el escrito, ocurrió un suceso trivial que quizás sea la clave para resolver mis problemas. Navegando por la red, me encontré lo siguiente:

Keep Calm and Get Inspired with Jane Austen (© Rachel, Whishmade)

Por un momento pensé: “Si mi novela es rosa, ¿por qué no? ¿Por qué no inspirarme en Jane Austen? ¿Por qué no usarla como modelo?” Al final de cuentas es una de mis escritoras favorita. A duras penas faltaban unas 32 horas para que se acabara noviembre y me di cuenta de que he estado escribiendo la novela equivocada.

De todos modos, no escribí nada.

Pero sé dónde quiero empezar (punto A) y en dónde quiero terminar (punto B). Solo debo completar este primer borrador -aunque sea a las patadas-, releer a Jane Austen e iniciar el segundo borrador, tijera en mano, para construir apropiadamente el camino de A hasta B.

No prometo nada.

Inicio de la novela para continuar

Continuar o no continuar

En el informe de octubre que acostumbro a publicar sobre el proceso de redacción de mi primera novela, anuncié que me había dado por vencida, no iría a continuar con ella. Y todo al cabo de diez meses desde que comenzó el reto el pasado 7 de enero.

El que me diera por embarcarme en una empresa tan ambiciosa no debió ser una sorpresa, en noviembre de 2011 había publicado “Dolor de cuello”, un cuento, y en 2012 publiqué otros cinco. La novela sería un paso más en el escalón para lograr mi meta de ser escritora, un sueño que tuve de niña. Aun con muchas altas y bajas, había seguido adelante.

Incluso he tomado cuatro talleres en los que he producido otros cuentos y he aprendido mucho sobre el arte de escribir. A raíz de estas clases, he participado en certámenes literarios y no me ha ido tan mal. He sido finalista en dos concursos y un cuento mío aparecerá en una antología. Solo que en todos los casos me he presentado con microficción. Quizás lo de la extensión no es lo mío.


Si parecía que todo marchaba bien, ¿cuál fue el problema? ¿Por qué claudiqué? Es cierto que le he tomado mucho cariño a mi cuarteto protagónico (ya, lo dije, son cuatro) y a muchos de los secundarios y por eso por algún tiempo escribí y escribí. Sin embrago, sentía que no llegaba a ningún lado. ¿Cómo terminar una novela que aparenta no tener fin?

En su momento, la solución me pareció sencilla: tomarme par de semanas de vacaciones y regresar más despejada. Escribir una novela no es lo mismo que escribir un cuento. Con el último, puedo tardar entre unas horas a pocas semanas y cuando lo reviso ya ha descansado por tanto tiempo que lo veo con nuevos ojos que me ayudan a afinarlo. Entre una revisión y otra, puedo tardar lo que sea, no importa, el texto ya está terminado. Una novela es un proceso moroso para el que hay que tener paciencia y que puede tomar un año o más en completar solo el primer borrador.

En mi caso, todavía falta una tercera parte por completar; unas vacaciones implican que no volveré a ella.

Y llevo más de un mes sin escribir. Ni una palabra. Nada.


En una nota, Ygor H. Speranza me sugirió que no desistiera de mi novela. En aquel momento estaba segura de que no lo haría. Por otro lado, mi amiga Laly insiste en que debo proseguir. Dice que no debo perder casi un año de mi vida y mi tiempo. Por último, sé que Gustavo Armenteros espera a que termine algún día para leer la novela por fin.

Si dudo de la calidad de lo que escribo, ¿para qué proseguir? Me aterra recordar que ni siquiera he terminado el primer borrador. Si recomienzo, todavía faltaría revisarlo al menos dos veces más y de seguro haría cambios tan sustanciales, que sería como volver a escribir la novela. Es decir, conviviría al menos un año más con mis personajes y por más cariño que les tenga, no sé si lo resistiría. Tampoco sé si soportaría por más tiempo la incertidumbre de si pierdo el tiempo o no.

Pero estoy reconsiderando la decisión por el un puñado de personas que esperan que termine. Pronto publicaré el informe de noviembre. Supongo que será el más breve de todos. Hasta entonces tengo tiempo para decidir si continuar o no.

Informe de octubre

Nueva Eva, que nada tiene que ver con octubre.Novelista de fin de semana: décimo informe

Como septiembre, octubre no fue un buen mes para la novela. Según Ray en The Weekend Novelist, este mes debía dedicarlo al segundo borrador. Aún no he terminado la segunda parte del segundo acto y ocurrió un evento inesperado que ha venido a alterar todo lo que tenía planeado.

Fin de semana 40: Solo logré terminar un capítulo. Nada más. Uno solo. Creo que a estas alturas debo reconocer que una tortuga es más rápida que yo.

Fin de semana 41: Durante la semana anterior a este fin de semana, a duras penas comencé un nuevo capítulo porque debía corregir unos exámenes y me informaron que el periódico Metro y el Festival de la Palabra estaban auspiciando un certamen de microcuentos a través de Tuiter. Por supuesto que participé con los cinco cuentos que conforman las “Crónicas casi urbanas” que ya publiqué. Como la fecha límite era el viernes, pensé que durante el fin de semana trabajaría arduamente en la novela, pero entre una cosa y otra escribí muy poco. El domingo por la noche, me enteré del veredicto del jurado. Uno de mis cuentos resultó finalista, así que la celebración tenía prioridad.

Fin de semana 42: El lunes de la semana anterior concluyó el taller de microcuentos que estaba tomando con Emilio del Carril. Hubo más celebración porque otras dos participantes del taller resultaron también finalistas en el concurso. He ahí otra excusa razón para no trabajar en la novela como debía. Tenía la cabeza llena de microrrelatos. Aun así escribí algunas líneas del capítulo nuevo. Sin embargo, lo inesperado ocurrió.

El jueves comencé un taller nuevo titulado “Creación de personajes”. No estaba segura de con qué me encontraría o qué iría a trabajar, pero cuando salí estaba más que segura. Tomé la decisión, creo que errónea, de dedicar las asignaciones de la clase a la protagonista de la novela para redondearla, dado que con cada línea aparecen aspectos de ella que no había planificado. Como teníamos de antemano el tema de cada tarea, pude diseñar un plan de trabajo que culminaría en un capítulo no planificado, pero que me permitiría eliminar escenas y episodios con lo que se reduciría la segunda versión (si algún día lograba terminar el primer borrador), dado que pienso que esta primera está resultando muy extensa. Durante el fin de semana, entonces, me dediqué a redactar la primera asignación y eché a un lado el nuevo capítulo que perteneces a la segunda parte del segundo acto. Error, error, error y no me canso de decirlo, error.

Fin de semana 43: Ya a mediados de la semana previa y durante la anterior a este fin de semana las cosas se me estaban complicando. Al parecer algo tenía que ver un eclipse lunar penumbral. No sé. El asunto es que esa semana anterior, este fin de semana y la semana siguiente fueron HORRIBLES. No voy a decir que todo salió mal porque recibí buenas noticias y sorpresas agradables, pero, en términos generales, la cosa se puso pelúa.

El jueves, leí la asignación en el taller en la clase, lo cual me causó mucha ansiedad. Era la primera vez que alguien veía algo de la novela fuera de mí, es decir, 20 extraños ya saben detalles de la misma que no han visto ni mis lectores ni un par de personas que han estado pendientes. A pesar de que expliqué que la escena presentada formaba parte del segundo acto, como que no quedó claro y recibí comentarios a los que solo podía contestar con un “eso aparece en el primer acto”. Hubo otros que me demostraron que tanto esfuerzo ha logrado el resultado esperado. Sin embargo, lo inesperado volvió a ocurrir.

Dije que son 20 los participantes del taller, ¿verdad? Es un número ridículamente alto para un taller de escritura y como no es posible leer las asignaciones de todos tal y como se planificaron originalmente, a partir de la próxima se deberán hacer en una página. En mi opinión, es imposible desarrollar un personaje de novela una página a la vez. Mi protagonista no se merece un trato así. Así que a final de cuentas, decidí que cambiaría todo y trabajaría con un personaje nuevo para un cuento que me daba vueltas en la cabeza y no sabía cómo comenzar.

¿Por qué pienso que fue un error tomar la decisión de desarrollar a la protagonista de la novela en el taller? Primero, porque sería inevitable reducir la cantidad de páginas para las asignaciones y en mi fuero interno tenía que saberlo, pero entré en negación. Segundo, porque ahora detalles que he mantenido en secreto se han hecho públicos y siento que el texto está contaminado. Tercero, porque me di cuenta de que la novela toda es una mierda. Si no hubiera decidido trabajar con la protagonista, no me hubiese enterado y ahora estaría camino a terminar el primer borrador completamente enajenada, pero feliz.

Este último fin de semana de octubre, me dediqué a rehacer la primera asignación y a redactar la segunda con el nuevo personaje que será de un cuento y que no tiene nada que ver con la novela. No le dediqué tiempo a esta última porque también había tomado una decisión con respecto a ella. Y por si lo están sospechando, lo digo, sí, me di por vencida. Llegué a la conclusión de que estaba perdiendo el tiempo y de que no valía la pena continuar.

¿Habrá informe de noviembre? Claro, el año no ha terminado.