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Sobre microcuento, cuento corto o toda narración breve.

Las lecturas del 2015

En el 2016 me dediqué a leer. Las lecturas fueron de todo tipo y, sin embargo, estoy muy molesta. Lo explico a continuación:

Las lecturas del 2015.

Las lecturas del 2015

Las lecturas del 2015

El recuento de lo leído el año pasado refleja un total 61 libros, es decir, 7750 páginas. Leí un libro más que el año anterior lo cual tiene mucha lógica si nos dejamos llevar por los sucesos pasados durante esos doce meses. No obstante, aparece como si cada año leyera un número de páginas menor. Creo que tiene que ver con la cantidad cada vez más elevada de libros electrónicos que incluyo entre las lecturas.

El género más leído fue el del cuento, seguido de la novela, al que corresponde el libro con mayor número de páginas, Moby Dick de Herman Melville (una maravilla, por cierto). No es de extrañar dado que la narrativa es mi género literario favorito. En cuanto a poesía solo leí un libro. Eso no significa que no haya leído muchos poemas. Sueltos, demasiados y dos manuscritos, pero esos no cuentan.

Libros que provinieron del tarro

Libros que provinieron del tarro

Nueve de los libros leídos corresponden al reto del tarro de libros. El tarro contiene 192 libros. Es imposible leerlos en un solo año y más con todas los demás lecturas que hago para mi trabajo. Espero aumentar la cantidad final este 2016.

Acostumbro a leer por placer en inglés por lo que la mayoría de los libros, 33, fueron escritos originalmente en ese idioma. Esta es la razón por la que Rusty Fischer es el autor más leído. Ni siquiera es mi favorito, es que sus textos son lecturas fáciles, además es muy prolífico y tengo de dónde escoger. Sin embargo, el que sí está a punto de convertirse en mi favorito es Roberto Calas. Su saga The Scourge es fantástica. Jamás imaginé que pagaría por leer historias de zombis.

De otra parte, leí tres traducciones lo que implica que 25 libros estaban escritos en español. De ellos, diez correspondieron a ocho autores puertorriqueños. De dos de ellos leí dos libros. También leí dos libros en donde publicaron cuentos de mi autoría.

Molesta, muy molesta

Las lecturas de enero de 2015.

Diez libros en un mes. Nada mal…

Si todo parece estar bien, ¿cuál es la razón de mi molestia?

Comencé el año bien. Al terminar enero, ya había leído diez libros. En un mundo ideal, ese simple hecho hubiera establecido la norma para cada mes y el número final hubiera sido de 120. Pero me hubiera visto en la necesidad de dejar de vivir para llegar a esa meta.

De todos modos, iba por buen camino. Para el 30 de junio, justo a mitad de año, llevaba 32 libros. A ese ritmo iría a cumplir con la menta para el año y hasta la superaría, lo cual ocurrió.

Las lecturas de seis meses.

Treinta y dos libros en seis menes. Muy bien…

Durante las vacaciones de verano leí bastante por una de esas cosas de la vida. El 15 de mayo me operaron el pie izquierdo y debí guardar reposo absoluto. Salvo el hecho de que me fui de viaje en dos ocasiones durante la convalecencia y de que buena parte del tiempo estaba bajo fuertes medicamentos, aproveché para leer y leer y leer.

Pero ni siquiera eso logró que concluyera el año con un número múltiplo de cinco. 61 libros. ¡Maldito uno!

Lucharé con todas mis fuerzas para que no vuelva a ocurrir en años venideros.

Logo del reto de lectura d 2015

Ficha bibliográfica de Mundo cruel, de Luis Negrón

Mundo cruel, de Luis Negrón

Tengo por política no reseñar libros de autores puertorriqueños. No obstante, para cerrar las reseñas de Elucubrando voy a hacer otra excepción. Creo que Mundo cruel, de Luis Negrón, se lo merece.

Mundo cruel es una colección de nueve cuentos que van desde lo cómico a lo trágico y que trabajan tanto lo hiperbólico y lo absurdo como lo cotidiano. Ambientados en la zona de Santurce, aparecen el estereotipo y la novedad trabajados con maestría.

La mayoría de los cuentos están narrados en primera persona, sin embargo, cada una tiene su propia personalidad. No se trata de narradores intercambiables, muestra del dominio de la técnica narrativa por parte del autor. Además también aparecen la modalidad dramática, la epistolar y el monólogo.

La edición que manejo viene antecedida de un prólogo por Ana Lydia Vega y es producto de un trabajo editorial muy cuidado.

Una de las razones por las que Mundo cruel es un libro excepcional es porque sus personajes poseen validez universal. Negrón conoce el tipo humano y lo explota. No es difícil para cualquiera reconocer las situaciones por las que pasan los personajes e identificarse con cualquiera de ellos.

Mundo cruel es uno de varios libros magníficos, escritos por autores puertorriqueños, que leí durante el 2014, lo que me lleva a pensar que la narrativa en Puerto Rico está pasando por uno de sus mejores momentos. Y esas son buenas noticias.

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Los libros del 2014

Me había resignado a que en el 2014, leería la misma cantidad de libros que en el 2013, sin embargo, en el último momento me propuse emular el 2012. Para lograrlo, debo admitir con un chin de vergüenza que hice trampa. Me dije que había leído demasiados libros serios y que me merecía alguno que otro frívolo e inconsecuente, pero, sobre todo, corto. Fue así como terminé leyendo sesenta libros.

Los libros leídos durante el 2014Los datos de este año son los siguientes:

  • 25 libros electrónicos, 32 en papel y 3 blogs (un formato nuevo este año).
  • 17 libros de autores puertorriqueños.
  • 37 libros en español, 22 en inglés y una traducción del inglés al español.
  • El género literario más leído fue el cuento, seguido de la novela, luego el teatro y, por último, la poesía.
  • 7708 páginas leídas, menos que el 2013 cuando leí una cantidad mayor de libros impresos.
  • El libro impreso más extenso fue La ortografía de la lengua española (que comencé en el año de las guácaras y es un suero de brea) y el más corto, Tanatorio urbano.
  • El libro puertorriqueño más extenso fue Cien de treinta y tantos y el más corto, otra vez, Tanatorio urbano.
  • El libro electrónico más extenso fue The Works of Edgar Allan Poe (que comencé a leer en 2013 y me tomó trece meses terminarlo) y el más corto es más difícil de determinar, pero me sospecho que se trata de Ya no puedo oír tu voz.

No incluyo en la cuenta los trece audiolibros ni, por razones obvias, los dos manuscritos. Para el 2015 voy a aumentar el reto a 55 libros. Sé que los puedo leer sin hacer trampa… aunque esto último no lo prometo.

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Nube de palabras con diferentes términos para la microficción

Más sobre la microficción

La microficción me gusta, sin embargo, uno de los principales problemas con los que me he encontrado en su estudio es que los críticos y los practicantes no se ponen de acuerdo en cuanto a la nomenclatura a usarse. En un intento de poner orden, Lauro Zavala ha compilado un “Glosario para el estudio de la minificción” en el que me baso para indicar cómo se puede llamar a los distintos cuentos, según la cantidad de palabras.

Como ya establecí anteriormente, Zavala indica que la microficción –término que prefiero para englobar los textos narrativos de 1 a 2000 palabras y los poéticos como el haikú– se caracteriza por la brevedad, la diversidad, la complicidad, la fractalidad, la fugacidad y la virtualidad.

A continuación las propuestas:

  • De 1 a 10 palabras: Según Pedro Luis Barcia, se conoce como cuentículo y según Santiago Vaquera es una nanoficción.
  • De 10 a 200 palabras: Relato hiperbreve de acuerdo con el Círculo Cultural Faraoni, de Madrid. También se pueden llamar cuentos ultracortos.
  • De 10 a 400 palabras: Para Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares es un cuento breve. También puede ser un cuento corto de acuerdo con René Avilés Fabila y Alejandra Torres.
  • De 10 a casi 1000 palabras: Es un cuento corto según Guillermo Bustamante y Harold Kremer.
  • De 50 a 400 palabras: Según Raúl Brasca, es el cuento brevísimo.
  • De 100 a 400 palabras: Se trata de la ficción mínima de acuerdo con Gabriel Jiménez Emán.
  • Menos de 200 palabras: Tiene muchísimos nombres. Por ejemplo, micro-relato para Dolores M. Koch; relato liliputiense para Javier Perucho; cuentecillo para Jorge Timossi; microcuento para Juan Armado Epple y Pía Barros; fast fiction o ficción rápida, término propuesto por Roberta Allen, y retazo para Mónica Lavín. Otros sinónimos son minificción, minicuento, cuento jíbaro, cuento mínimo, cuento ultracorto, relato vertiginoso, viñeta y estampa.
  • De 200 a 1000 palabras: Puede llamarse flash fiction. Irene Zahava propone narración urgente, relato de taza de café, relato telefónico y relato de tarjeta postal; Julio Cortázar y José Agustín, textículo. Zavala recomienda cuento muy corto.
  • Unas 250 palabras: Esta es la microficción según Jerome Stern. Para Ethel Krauze es un relámpago.
  • Menos de 400 palabras: Se trata de un minicuento de acuerdo con Violeta Rojo, Nana Rodríguez y Ángela María Pérez, y un apunte para Alfonso Reyes.
  • De 400 a 1000 palabras: Para Rosario Alonso es un retazo.
  • De 500 a 1000 palabras: Flash fiction según James Thomas, Denise Thomas y Tom Hasuka.
  • Unas 800 palabras: Es una instantánea para Miguel Ángel Tenorio.
  • Unas 1000 palabras: Se trata de un cuento pequeño, tiny story o micro-story para Rosemary Sorensen.
  • De 1000 a 2000 palabras: Es un short short story o cuento muy corto de acuerdo con Irving Howe; un cuentecico para Alfredo Raúl Palacios; un cuento microcósmico para Isaac Asimov; un Poe para Russell Banks; una ficción súbita o sudden fiction para Robert Shapard y James Thomas. Un sinónimo es cuento corto.

No es extraño que no haya consistencia en cuanto a qué nombre corresponda a qué cantidad de palabras. Como mencioné anteriormente, estudiosos y practicantes no se ponen de acuerdo. Sospecho que a los lectores les importa poco, así que les dejo con un clásico:

Sé que es un T-Rex y no un dinosaurio, pero necesitaba un ejemplo de microficción.Referencias:

Membrete: Tarro de libros

Tarro de libros

Se me hace difícil decidir qué libro leeré después de terminar uno. Quizás por eso leo varios a la vez.

Durante las pasadas vacaciones de primavera, intenté terminar El héroe de las mil caras, de Joseph Campbell. En las de verano tenía la intención de salir de uno de los otros dos mamotretos que leía al momento, la Nueva Ortografía, que me tomará bastante tiempo, y The Works of Edgar Allan Poe. No logré ninguna de las metas: el de Campbell lo terminé en julio y al de Poe todavía le falta algo. La Ortografía lo di por perdido; creo que me queda un año más. Entre un libro y otro he leído alguno que otro más, pero siempre con la incertidumbre de cuál leeré después.

Hace un tiempo descubrí un método bastante popular en el ciberespacio para escoger las próximas lecturas: el tarro de libro. La idea es escribir el título de los libros que se deseen leer en papeles de colores, doblarlos y meterlos en un tarro o pote de Mason para irlos sacando al azar.

Me pareció una propuesta ingeniosa y decidí ponerla en práctica, pero como soy disidente le hice varios cambios. He aquí mi versión:

Papeles en blanco y tarro vacío.

1. Primero, escogí el tarro de una vela, reciclado por eso de conservar el ambiente, y busqué varias hojas de papel del mismo color.

Guillotina y títulos de libros.

2. Después escribí los títulos de 192 libros y piqué las tiras del mismo tamaño para no hacer trampa.

Títulos de libros.

3. Luego mezclé las tiras con los títulos para que la selección fuera aún más aleatoria.

Títulos listos para el tarro.

4. Antes de introducir las tiras al tarro, las doblé cada una de la misma manera.

Tarro de libros.

5. Por último, coloqué el tarro en un lugar prominente de la casa.

Estos libros son solo una parte de los que tengo pendiente para leer e incluyen novelas, colecciones de cuentos, libros de historia, de filosofía, de teoría literaria y alguno que otro tema misceláneo. El formato es tanto impreso como electrónico. También están las dos partes que me faltan de la serie de Álvaro Mendiola, de Goytisolo, y las tres de La lucha por la vida, de Baroja. Si sale alguno fuera de orden, regresará al tarro hasta que salga el que corresponda.

Todo esto no impedirá que lea algún libro que no está entre los del tarro, principalmente por motivos de trabajo. Por lo pronto, ya veremos cómo me va con este nuevo proyecto. Sí puedo anunciar que salió el primero que comencé a leer ayer mismo. Se trata de Avatars of the Word, de James J. O’Donnell, y que resultó una casualidad de las buenas porque me viene bien para un trabajo profesional en el que estoy inmersa.

Avatars of the Word: primer libro del tarro.