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Porque la vida a veces tiene cada cosa…

Elucubrando con María

Saludos. Vuelvo a la carga con el blog. Por un tiempo, estaré elucubrando con María… o sobre María, el huracán.

Antes de…

El martes anterior a la visita en pleno de María, entré al blog y puse en borrador varias entradas programadas. Pensé que si no sucedía nada, el sábado siguiente publicaría como hasta la fecha. Si la situación se complicaba –habían anunciado el colapso del sistema de telecomunicaciones– sería de mal gusto seguir la publicación como si nada.

Elucubrando con Irma

Árbol caído en el paseo Honor al Río. La culpa fue de Irma.

Después de…

Me alegro de haber tomado la decisión de suspender el publicar en automático. En efecto, colapsaron las telecomunicaciones y estuve desconectada por más de una semana. Cuando llegó la señal celular, no vino acompañada de la Internet; encima, está débil.

Elucubrando con María, la fotografía

María decidió dejarle compañía.

Por otro lado, la situación en Puerto Rico es, al día de hoy, catastrófica. María arrasó con la Isla y la recuperación ha sido lentísima. No ayuda que el gobierno sea inepto, que los políticos incumbentes quieran sacar partido político de la emergencia y que el gobierno federal ha actuado con dejadez, el modo de tratar a las colonias.

Por lo pronto, regreso al blog donde estaré elucubrando con María o sobre ella.

De vuelta

Mis intenciones no eran tomarme ocho semanas de vacaciones, virtuales o no. Sin embargo, ese fue el tiempo que me tomó volver a elucubrar. Ya estoy de vuelta.

Aproveché estas semanas para terminar el semestre, realizar la limpieza de verano, comenzar un nuevo semestre y considerar intensamente sobre mi futuro. Y se me ocurrió un negocio. La realidad es que somos demasiados doctores en Literatura y muy pocas oportunidades de trabajo. Eventualmente, me quedaré sin empleo Algo debo hacer y ya sé qué.

Caguas es Caguas

También llegué a la conclusión de que este blog apenas he hablado de Caguas. ¿Cómo es posible? Llevo viviendo en esta ciudad (¿país?) tres años y las historias son muchas. Por eso he decidido comenzar una serie de entradas sobre mis experiencias en el centro y corazón de Puerto Rico.

Caza banderas

Bandera en La Guancha, de vuelta en Ponce

Esa mañana fuimos a la playa de La Guancha, pero le eché una ojeada a la bandera

Otra actividad en la que participé durante estas vacaciones fue la de cazar banderas. Se trata de visitar las banderas pintadas por Héctor Collazo como parte de su proyecto 78 pueblos y una bandera. Aún no se ha terminado el proyecto y Wu Siumán, las perrijas y yo no hemos visitado todas las que están pintadas, pero hemos disfrutado nuestras aventuras y hablaré de ellas en algún momento.

Reto de Lectura

En enero anuncié que haría un reto de lectura mensual. No lo he interrumpido. Ni la huelga, ni la reposición del semestre, ni las vacaciones han interrumpido mi empeño de completar este reto. Hasta ahora, he podido completarlo porque he escogido textos relativamente cortos.

Aun así, tardé más de un mes en leerme el libro de junio, Frankenstein, de Mary Shelley, porque coincidió con la reposición del semestre que fue de locura. Por suerte, el texto de julio, The Giver, de Lois Lowry, me lo leí en dos días.

Además, redacté las reseñas de todos los libros leídos hasta ahora, que iré publicando a lo largo del resto del año.

El río La Plata

El tramo de Naranjito del río La Plata

Elucubrando en las redes

Por último, he estado poniendo al día las redes sociales, lo que implica que habrá contenido exclusivo en Twitter, los lunes miércoles y viernes, y en Instagram los martes, jueves y sábados. En ambos lugares usaré la etiqueta #elucubrando y, de vez en cuando, #maiteramos también.

 

Mientras tanto, aquí estamos de vuelta, elucubrando como siempre.

No es que sea antipática… Una confesión

No lo puedo negar, soy antipática. No es que quiera serlo; es que carezco de destrezas sociales y, salvo situaciones en las que me sienta muy cómoda, por lo general, evito cualquier interacción social fuera de lo acostumbrado. Pero hay algo que me gustaría dejar claro: Hay dos razones adicionales por las que aparento ser antipática.

No soy antipática, bueno, sí, pero no

Heme ahí sin saludar a nadie

Primera: No veo bien

Los espejuelos podrán ser nuevos y aun así no veo bien. Me ha ocurrido que se me paran al lado personas a las que conozco y no las reconozco. En un caso como este, no es que quiera ser antipática es que no veo nada.

Segunda: No sé si la persona quiere que la salude

Este es uno de los aspectos de la interacción social que menos entiendo. De hecho, ya había hablado sobre el tema con anterioridad, Conozco alguien porque nos presentaron, lo tengo de frente, lo reconozco, lo saludo y me vira la cara o se hace el desentendido.

Desde que entré a la universidad, he pasado por esta situación una y otra y otra vez. Con compañeros estudiantes, profesores fuera del salón de clases, compañeros de trabajo, el repostero de la panadería de la esquina, antiguos estudiantes, conocidos y la lista continúa. Desconozco cuál es la norma social que rige este tipo de interacciones y, en demasiadas ocasiones, la he roto al saludar a quien no quería reconocer mi presencia (tan solo para que en otro momento aleatorio me salude como si fuéramos íntimos).

He optado por la solución que más se acerca a mi personalidad. No saludo. A menos que reconozca a la persona y esté 100 % segura de que me devolverá el saludo, no la voy a saludar. No pido que se siente a hablar conmigo o que me abrace, solo pretendo una interacción tipo “Hola-Hola”, “Buenos días-Buenos días” o un movimiento de cabeza. Ya. Entiendo que eso es un saludo. Eso es todo. Pero la experiencia me ha llevado a ni siquiera intentarlo.

Así que sí, soy antipática porque el mundo me hizo así. Salúdenme si quieren y si no, siéntanse en la libertad de actuar como si no existiera.