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Porque la vida a veces tiene cada cosa…

Primero de mayo: Paro nacional

Cartel del paro nacional del primero de mayoEl primero de mayo siempre ha sido un día importante para mí. Este año lo será aún más. Mañana se llevará a cabo un paro nacional.

Lo vengo diciendo desde que comenzó la huelga de la UPR: Hay que tirarse a la calle. Espero que el paro sea la antesala a una huelga general. ¿Por qué? Como ya dije, el país se nos cae encima. Debido a una deuda que el gobierno rehúsa auditar, se ha llevado a cabo una reforma laboral tan absurda que poco le falta para considerarse un régimen de esclavitud, se están implementando medidas de austeridad que atentan contra la salud y la educación, se han implantado tantos impuestos nuevo que ni Lady Godiva podrá hacer nada por nosotros y las posibilidades de que se privatice el país son bastante altas.

Escudo de Puerto Rico

¡Sean los progenitores del cordero del escudo!

Creo que estoy simplificando el problema. Solo sé que la cosa se pondrá peor más adelante. Por eso deberá ocurrir una huelga nacional. No es posible que el pueblo continúe siendo el cordero manso del escudo mientras nos pisotean. En algún momento tendrá que despertar porque las medidas de austeridad nos afectarán a todos.

 

Mi tendencia natural es a enclaustrarme en la torre de marfil y escapar del mundo, pero esta vez no puedo. No es posible. Aunque la ansiedad está acabando conmigo, este primero de mayo me tiro a la calle.

Huelga 2017: #teamUPR

Once recintos, una UPR

Lema de la huelga del 2010, rescatado en la del 2017

El sistema de la Universidad de Puerto Rico está otra vez en huelga. No son todos los recintos ni se está llevando a cabo de la misma manera en cada uno. Varias son las razones para que los estudiantes han tomado esa decisión. La principal: Hay un intento concertado de pate del gobierno para destruir la educación superior pública en favor de la privada.

Asalto al país

Puerto Rico está en quiebra. Tiene una deuda insostenible y el poder imperial en Washington, DC, nombró una junta fiscal plenipotenciaria para asegurarse de que la deuda se pague por encima del sentido común. Vamos, que no soy economista y sé que un país cuya gente vive en la pobreza por falta de trabajo, carece de poder adquisitivo para mover la economía. El gobierno ha decidido apoyar las medidas de austeridad que pretende imponer la junta.

450 millones menos

El chiste es que han decidido sin ningún estudio y sin auditar la deuda, paso lógico e imprescindible, recortar el presupuesto de la universidad por la mitad. $ 450 000 000 es la cifra mágica. Esto implica el desmantelamiento del sistema universitario que ha estado en proceso desde, por lo menos, el 2006, con ayuda de mucha gente adentro, que en su visión miope, no se dan cuenta de que ellos también se verán afectados.

Reforma universitaria

Hasta ahora no he dicho nada que no se sepa. Por ejemplo, es sabido que el sistema universitario debe reformarse. Pero los intentos de hacerlo vienen de afuera. Así no va a funcionar máxime cuando las propuestas que salen de dentro de la universidad se descartan de plano. Por supuesto, los saboteadores principales están adentro. Son aquellos que hablan de innovación en la enseñanza, pero cuando llega alguien con métodos nuevos es criticado; aquellos que pretenden conservar la casta basada en rango académico porque así ha sido siempre; aquellos que trabajan arduamente para cortarles las alas a profesores sin plaza porque ellos la tuvieron difícil y ahora es su turno de vengarse; aquellos que piensan que los estudiantes son sus subalternos, por lo que se les puede humillar.

Huelga 2017

La universidad no es la única que saldrá perjudicada con la dupleta junta/gobierno, pero los únicos que se han levantado hasta ahora son los estudiantes. ¿Por qué el resto del país simplemente acepta las medidas de austeridad y critica a los jóvenes? Mi teoría es que tienen miedo. Miedo a que las cosas cambien, a perder el trabajo, a quién sabe qué más. Es más fácil se dócil que reconocer que hay que todo el pueblo debe tirarse a la calle a protestar. Los jóvenes universitarios no tienen miedo.

Poco que perder

Una persona que tiene poco que perder es peligrosa. Los estudiantes saben que tienen poco que perder, pero mucho que ganar. Si no lo intentan, no sabrán qué lograrán y saben que este es el momento de intentarlo.

Gallo de la huelga de la UPR en el 2010

Mural pintado en le Recinto de Río Piedras durante la huelga del 2010

¿Dónde me encuentro en todo esto? Soy de las que tienen poco que perder. ¿El trabajo? Ese lo perdí cuando se recomendó reducir la plantilla de profesores en un 50 %. Soy profesora por contrato a tiempo parcial y seremos nosotros los primeros en irse. Y aunque no fuera así, es mi deber moral apoyar a los estudiantes en esta huelga en la medida de mis posibilidades. Contrario a la junta, al gobierno y a los elementos internos que trabajan para destruir la universidad yo sí miro hacia el futuro. La reacción en cadena empobrecerá más a la población; quebrará los pocos negocios locales que quedan, particularmente cafeterías, librerías y tiendas; afectará la salud general, y llevará a más individuos a la quiebra y la emigración.

Apoyo la huelga universitaria del 2017 sin miedo. Ahora carpetéenme.

En la torre de marfil entre riquilladas y trumpadas

Torre de marfil o The Ivory Tower | © Daniel Parks

“The Ivory Tower”, por Daniel Parks

Soy una habitante antigua de la torre de marfil y lo acabo de descubrir. Sin embargo, las riquilladas y las trumpadas hacen que mi experiencia allí sea muy difícil.

Es de todos conocidos mi tendencia al escapismo y mi ferviente deseo misántropo. Pero recientemente me topé con la definición de “torre de marfil” en el Diccionario de la Lengua Española y me sorprendí:

1. f. Aislamiento e indiferencia de alguien, especialmente de un artista o intelectual, ante la realidad y los problemas del momento.

Esta definición me describe a la perfección:

  • “Aislamiento e indiferencia de alguien”. Ese alguien soy yo que no vivo literalmente aislada, pero sí metafóricamente.
  • “especialmente de un artista o intelectual”. Trabajo en la academia, así que supongo que soy intelectual.
  • “ante la realidad y los problemas del momento”. He ahí el detalle: me he aislado del mundo no por mi trabajo, sino por decisión propia. La vida me abruma, ¿qué puedo decir?

La RAE podría sustituir la definición con mi fotografía. Solo que… (siempre hay un pero), no me aíslo por gusto, sino por necesidad. Ojalá mi caso fuera el que J. M. Mulet presenta en El síndrome de la Torre de Marfil:

Es lo que tiene el trabajo científico, fácilmente te desconecta de la realidad y te mete en una torre de marfil que te vas construyendo a tu alrededor.

En el mundo académico e intelectual también es fácil desconectarse. Tengo varios vecinos a quienes no les vendría mal un desahucio temporero. Y, sin embargo, yo hubiera preferido no vivir aquí. Mucho menos en estos tiempos.

Seamos honestos: en estos momentos se no cae el país encima. ¡Qué digo el país! El mundo.

No es fácil vivir en la época de las riquilladas y las trumpadas con una junta dictatorial de por medio. No es fácil ver cómo quieren destruir el país, vaciarlo de su gente, destruir la educación pública tanto escolar como universitaria, su débil sistema de salud, y privatizarlo absolutamente todo. Y mejor no hablemos del Trumpo que se ha propuesto que Occidente debe retrasar el reloj de la historia.

Y en ambos casos, a la mayoría no le importa.

Aunque quiera refugiarme en la torre de marfil, se me hace imposible. Las noticias llegan, y con ellas la realidad de que posiblemente en mayo será la última vez que dicte una clase en el sistema de la UPR; de que no tendré con qué pagar un plan médico, la hipoteca, el préstamo del autor o la compra para subsistir un día más… La realidad de que seguramente me vea en la obligación de emigrar.

Por lo pronto, vivo un día a la vez para evitar que la realidad termine abrumándome, de que las riquilladas y las trumpadas destruyan el planeta. Eventualmente, ninguna cantidad de litio o de terapias de electrochoque será suficientes para sacarme del abismo si caigo en él. Ya estuve ahí y no quiero volver.

Pero, por el otro lado, no puedo escapar del mundanal ruido, ni siquiera para conservar mi salud mental. Aunque viva en la torre de marfil, tengo un deber moral, así sea por quienes se queden en el país cuando me mude a otra torre. Algo haré, si bien sea poco.

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Logo del proyecto Editing Dangerously | © Philip Uglow

2017: The Year of Editing Dangerously

I believe more in the scissors
than I do in the pencil.
Truman Capote

Si algo aprendí en el 2016 es que no todas las personas tienen que ser escritoras. No es una obligación, ni siquiera moral. Habrá a quien simplemente no le interese. También aprendí que no todo el mundo tiene la capacidad de ser escritor. Habrá quien quiera y realmente no puede, y quien no puede, pero tampoco quiere. Por último, también aprendí que de nada sirve querer ser escritor, si no se está dispuesto a pasar el trabajo de editar. Para eso hay que tener babilla. Como todavía estoy deliberando cuál es mi posición como escritora, me propuse que el 2017 sería “the year of editing dangerously” (ya sé que como traductora debería usar la versión en español, pero en inglés suena más peligroso. Apedréenme si quieren).

Maquinilla Olympia con flores | © Valeria Moschet

Instrumento para reescribir | Fotografía de Valeria Moschet

Ensayos académicos

Es cierto que la redacción académica no es creación literaria, pero no quiero cerrarme a la posibilidad de que este sea el único tipo de escrito al que me debería dedicar. En el 2016 produje cuatro “papers”, tres de los cuales se publicaron y el que falta aún no se ha sometido a consideración.
Este tipo de trabajo no se me hace fácil. Requiere mucha investigación. No me quejo; investigar es una de mis pasiones. No obstante, producir el texto puede conllevar meses de búsqueda, lectura, descarte de recursos, redacción, corrección, verificación, corrección, edición y corrección.
Por mi línea de trabajo no me queda más opción que realizar ensayos académicos. Es un requisito, es lo que se espera de mí, me guste o no. Por suerte, lo disfruto.

El mal de la poesía

Me persigue. Y no soy poeta. No. Trato muy mal los poemas pacos que escribo a lo loco. Ni los reviso. Aun así, tengo el descaro de escribir un poemario en una semana. Me parece que la aseveración anterior merece una explicación. Lo habré escrito en tiempo récord, pero llevaba pensando en él casi un año. Se trataba de un sentimiento que tenía que sacarlo del sistema y que aún no estoy lista para tratar en narrativa. En otras palabras, parece que desarrollé sentimientos y no sabía qué hacer con ellos; los vertí en verso y ahora… no sé qué hacer con ellos. Se trata de todo un poemario y me siento incapaz de separar los hermanos poemas. Eso sería una crueldad.

Útiles de oficina para editar | © Stefan Schweihofer

Instrumentos imprescindibles para editar | Fotografía de Stefan Schweihofer

Narradora escribiendo

Quiero ser narradora… igual que todo el mundo y su primo. Y la prima también. Y no olvidemos a Raymundo. Ni a los puristas que ahora están convulsando. A este respecto estoy considerando que quizás se trate de un asunto de querer y no poder. Quizás mi misión es ser lectora y no escritora. Total, debe haber más lectores que escritores, si no esto sería un club exclusivo en el que nos leeríamos unos a otros y no admitiríamos la intrusión del mundo exterior.

Disculpen la digresión. Durante el 2016 me encontré con una situación anómala: escribí narraciones extensas. Soy fanática de la microficción y comencé por ahí. Incluso, una vez me quejé de que me siento encajonada en la clasificación de microcuentista. Pero este año, hasta escribí una novela corta en tres semanas (espero que nadie piense que es una obra maestra).

O estoy madurando como escritora u ocurre una alineación planetaria extraña.

La maldición de la mención

Parece que la superé. Quizás tenga algo que ver lo poco que participé en certámenes para concentrarme en convocatorias para revistas y antologías. Sin embargo, tampoco sometí muchos textos para este tipo de evento.

Me sorprendo de mí misma porque usaba los concursos como medio de obligarme a escribir. Es decir, me topaba con unas bases que me llamaban la atención. Escribía algún cuento que girara entorno al tema presentado, antes de la fecha de cierre, y lo enviaba. ¿Qué seguía? Una súplica a Yukiyú para que no obtuviera premio que en el 99 % de los casos se me concedía, lo que me daba tiempo para revisarlo. Solo hay un detalle muy pequeño, insignificante en realidad: rara vez lo revisaba con calma. Eso significaba que si encontraba otras bases que parecieran admitir el texto, lo revisaba como pudiera, lo envía y volvía a suplicarle a Yukiyú. ¿Ven el patrón? Me consolaba con que tenía un cuento terminado.

Pero en el 2016 no necesité de bases con temas y fechas límites. Muchos relatos surgieron, así nada más, por generación espontánea. Encima los terminaba aun sin tener fecha límite. No necesito concursos para escribir.

Té de hierbas para la edición | © Mira DeShazer

Té de hierbas para la inspiración | Fotografía de Mira DeShazer

The Year of Editing Dangerously

Lo antes escrito me lleva a pensar que tengo muchos textos sin revisar. Escribir es fácil si se tiene la capacidad o si se quiere. No hay duda de que pertenezco a ese último grupo. No obstante, para mí, la labor más importante de quien escribe es revisar. Reconocer que lo primero que se escribió no sirve y para mejorarlo hay que reescribir, recortar, editar para luego alejarse del texto antes de volver a revisar, reescribir, recortar y editar. Para eso hay que tener babilla, se debe reconocer que uno no es un genio, que ser escritora implica pasar trabajo.

Aspiro a pasar buena parte del 2017 revisando, reescribiendo, recortando y editando. Puede que cree algo original, pero su destino terminará siendo el de lo escrito anteriormente. Quizás así logre publicar un libro decente. O quizás descubra que no tengo la babilla suficiente, que no estoy hecha para ser escritora y me olvide del asunto.

Por todo lo anterior, armada con una tijera y un bolígrafo rojo, he denominado al 2017: The Year of Editing Dangerously (ya sé que debería decir “revising” y no “editing”, pero a veces me paso de optimista).

El 2016 en libros

Siempre me quejo de que leo poco. Me parece que para alguien que enseña literatura debería leer más. Por eso me llaman la atención los retos de lectura. Me han permitido contabilizar cuántos libros leo y de qué tipo. A partir de los resultados de los cuatro años anteriores, me propuse que para el 2016 leería 60 libros. No me fue tan mal. El 2016 en libros se resume en sesenta y cinco.

Collage de los libros leídos en 2016

Los libros del 2016

Los datos, la parte aburrida, son los siguientes:

  • 38 libros electrónicos, 26 en papel y 1 blog.
  • 17 libros de autores puertorriqueños.
  • 35 libros en español, 25 en inglés y cinco traducciones.
  • El género literario más leído fue la novela, seguido del teatro, luego el cuento y, por último, el ensayo.
  • 8,846 páginas leídas, que no incluyen la mayoría, que correspondería a los libros electrónicos.
  • El libro más extenso fue el Decamerón, versión impresa, y el más corto, The Girl Who Sang Rose Madder (uno de mis favoritos), versión electrónica.
  • El libro puertorriqueño más extenso fue Sandino: La última “Guerra Bananera”: La Guerra Constitucionalista 1926-1927 (Vol. I), que si juntamos el segundo volumen sumarían 772 páginas, y el más corto, El español de Puerto Rico: Historia y presente, cuya autora era española, pero el tema no es más boricua porque no es posible.

Este año, dediqué mucho tiempo a leer ciencia ficción y los clásicos, sobre todo, de la literatura española. También descubrí literatura de excelencia junto a unos textos terribles, que me han hecho reconsiderar la pertinencia de publicar mi libro. No leí durante buena parte de septiembre, nada en el mes de octubre y casi un mes, repartido entre noviembre y diciembre. No obstante, la mayoría de las lecturas se llevaron a cabo durante la segunda mitad del año.

Collage de los libros del tarro leídos en 2016

Los libros que corresponden al reto del tarro

La totalidad de los libros que salieron del tarro nos es patética porque el primer año solo leí uno. Esta vez número fue cinco, porque el sexto apenas lo he comenzado. De hecho, al concluir el año me restaban dos libros por terminar: Feminisms, del que me falta leer 1057 páginas de 1207, y Amadís de Gaula, de que ya comencé el tercer libro, así que superé la marca del 50 %.

Reto de lectura mensual (espero personalizarlo)

Reto de lectura mensual

¿Qué espero para el próximo año? Reincidiré en la meta de los 60 libros, continuaré con el reto del tarro y añadiré un reto de lectura mensual personalizado. Queda claro que no me gusta complicarme la vida.

Logo del reto de lectura de 2016