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Porque la vida a veces tiene cada cosa…

No tengo qué escribir

No tengo que escribir creada con el efecto “Vintage Frame” de PhotoFunia

La foto no tiene que ver con el tema, pero me gusta y no se me ocurrió utilizar otra

Hay momentos como bloguera en que ocurre lo peor: No tengo qué escribir. Vamos por partes, que no es tan grave como suena.

Exceso de creatividad

A veces, la creatividad se desborda. Tanto así que hasta dormir se hace difícil. Solo se piensa en escribir primero; escribir después y terminar escribiendo. Cuando se trabaja tanto con un blog como con creación, esos momentos son mágicos.

¿Quién se llevó mi creatividad?

Sin embargo, la moneda de la creatividad tiene su lado vacío: Esos momentos cuando la mente queda en blanco y no sale ni una triste palabra soez.

A veces se soluciona con revisar lo escrito en momentos de creatividad hasta que regresa esa etapa.

El factor Viernes Santo

El pasado Viernes Santo lo pasé, como de costumbre, viendo películas religiosas. Pero esta vez me dio con reflexionar y eso mató todos los posibles temas para la entrada de hoy.

Me dio con pensar en las cosas que tiene la vida, cuando una persona con seguridad laboral, cierto éxito profesional y su vida asegurada decide hacer lo posible por destruir el futuro profesional de otras personas a las que considera sus inferiores tan solo por eso, porque las considera sus inferiores.

Por supuesto que la megalomanía y la prepotencia rigen la vida de estas personas. Por eso ayudan a quienes los adulan o a quienes saben jugar el juego de estar bien con todo el mundo. No obstante, los que tenemos criterio propio y no lo ocultamos, los que no pedimos permiso y los que somos bocones nos convertimos en sus víctimas favoritas.

El detalle es que al tratar de destruirnos, en muchas ocasiones, terminan haciéndonos un favor. Por supuesto que en su pequeñez de pensamiento no se percatan de ello. De lo contrario, no nos dedicaban ni un pensamiento y nos dejarían en paz.

Pensé en todas las personas que me han hecho favores enormes sin darse cuenta en estos últimos años.

No tengo qué escribir

Como ven, trabajar una entrada con un tema así puede meterme en líos. Podría terminar hiriendo sensibilidades de personas que se sientan aludidas sin que se trate de ellas o, peor, me buscaría enemigos que no tengo ahora y quizá los que sí tengo ni se enteren de que hablo de ellos.

No es tan grave, en realidad. El tema no es bueno para una entrada, así que no lo trabajaré. Por eso no tengo qué escribir para hoy, pero tampoco es la primera vez que me ocurre. Supongo que con paciencia algo surgirá.

Una vez estuve dispuesta a mudarme a Jamaica

Rockhouse Hotel - Negril, Jamaica - Jon Lee Clark

Imagen idílica de Jamaica por Jon Lee Clark

Una vez estuve dispuesta a mudarme a Jamaica. Sola, ahí está el detalle. Tampoco que fuera la primera vez que, por motivos de trabajo considerara mudarme a otro sitio sin Wu Siumán. Ahora, ni pensarlo

La precariedad laboral en la que he estado sumergida hace años, me ha llevado a buscar trabajo donde sea. No solo a mí, a Wu Siumán también. Arabia Saudita, Corea del Sur y la Antártica no parecían buenas ideas, pero él sigue buscando un lugar donde podamos ir los dos.

Yo he buscado opciones en Puerto Rico o lo más cerca posible. Por eso estuve dispuesta a mudarme a Jamaica.

He tenido entrevistas de trabajo en instituciones muy lejos de la zona de Caguas. De haber obtenido alguno de esos trabajos, de seguro hubiera tenido que hospedarme. Pero por mi maldición de ser casi ganadora: era muy buena para entrevistar, muy mala para darme una oferta de empleo.

Ese no fue el caso de Jamaica. Ni siquiera me llamaron. Me hubiera gustado muchísimo haber tenido esa experiencia. Allá hubiera pasado exactamente la misma precariedad laboral que vivo acá. El sueldo era irrisorio, apenas daba para pagar un hospedaje. Sin embargo, estaba dispuesta a mudarme por un año académico. Trabajar en un sistema tan distinto con estudiantes que no son hispanohablantes hubiera sido magnífico.

Pero la vida es así.

Ahora, buscar trabajo con el internet limitado es difícil para Wu Siumán y para mí. Y después de María ninguno está dispuesto a mudarse a ningún lugar del planeta sin el otro. Ni siquiera a Jamaica.

Puerto Rico BloggerCon

Puerto Rico BloggerCon 9Ayer estuve en la novena edición del Puerto Rico BloggerCon. Se supone que es la del 2017, pero gracias a María, se llevó a cabo en el 2018.

Como todos los años desde el 2011, cuando salgo me pregunto por qué insisto en bloguear si hago todo lo que no se debe hacer. Como casi todo en mi vida, con el blogueo hago lo que me da la gana.

Supongo que tengo dos opciones si quiero bloguear correctamente:

  1. Hacerlo yo, con el tiempo que no tengo.
  2. Pagarle a un experto, con el dinero que no tengo.

Decisiones, decisiones

Por lo pronto, solo se me ocurre eliminar Snapchat. Eso lleva años allí, cogiendo polvo. Con el tiempo aplicaré algunas de las lecciones aprendas… si estoy de humor.

Netwoking

Algo que me gusta mucho de actividades como el Puerto Rico BloggerCon es la posibilidad de conocer a otras personas y saber qué está pasando en la blogosfera boricua.

Multemedios cuando la vida se interpone

Mándamelo por email

Hay tres palabras que me causan terror: Mándamelo por email.

Se supone que nuestra sociedad está conectada cibernéticamente y palabras como esas no deberían provocar ninguna sensación especial. Sin embargo, más de un puertorriqueño debe sentir lo mismo que yo.

La culpa es de María

Las telecomunicaciones colapsaron en Puerto Rico tras el paso del huracán María. Los expertos lo anticiparon y le informaron al país de antemano. Pero también se informó que la reparación no tomaría mucho. Cuatro meses después todavía estamos con un sistema de telecomunicación débil.

Dependiendo de la compañía qua brinda servicio celular o de internet por cable o de wi-fi y del lugar de la Isla donde una se encuentre puede que logre conectarse.

En mi caso, no tengo electricidad en mi casa, así que el wi-fi no existe. La señal de celular es decente, a excepción del hotspot, que con suerte logro usar en la madrugada (si es que me levanto). En el trabajo, la señal del teléfono es mediocre y el acceso a la internet limitado.

¿Qué no ves que no te puedo enviar nada?

Cada vez que alguien me dice Mándamelo por email, solo pienso en las vicisitudes que paso para lograr el objetivo. Todo en el teléfono celular es pequeño y mi vista no es la mejor y que el teléfono y la tableta sincronicen es casi un milagro. Así que ese Mándamelo por email se puede convertir en días y horas de intentos frustrados hasta que logro enviar algún documento.

Como no he dejado de padecer de TDA, al contrario se ha exacerbado, puede que el mensaje se envíe sin el documento adjunto. Y muchas veces me entero días después. ¡Cómo odio las fechas límites!

Así, pues, tres simples palabras me causan terror porque estoy desconectada en una sociedad cibernética.