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Porque la vida a veces tiene cada cosa…

Amanecer después de María quien me sigue dando duro

María me sigue dando duro

Las secuelas de María fueron más fuertes de lo que estaba dispuesta a admitir. Por eso digo que me sigue dando duro.

Primero me dio una influenza. Fiebre, dolor de cabeza, tos constante, escalofríos. De lo más entretenido.

Cuando pienso que ya estoy mejor me entra un cansancio constante. Y en el proceso he seguido bajando de peso. Así que estoy más débil que de costumbre.

A todo eso se junta la preparación de exámenes a mano y, la peor parte, la corrección. Con o sin electricidad, odio corregir.

Luego la falta de internet es otro problema. Tengo una señal débil, si alguna, durante el día, pero de madrugada me permite hacer algo. El problema es que se trata de la madrugada y la idea de interrumpir el sueño, cuando por fin baja la temperatura es criminal.

Por último, lo que pensaba que había esquivado ocurrió: la depresión pos María. Había estado negándola, pero allí estaba y me agarró con fuerza. Parece más un episodio que algo permanente. Y como María no ha hecho lo suficiente, gracias a ella no puedo contar con mis dos psicólogas: una se fue a Estados Unidos y la otra no ha abierto su consulta. Parece que los daños fueron graves.

Lo antes dicho es una muestra de cómo María me sigue dando duro y por eso hubo un receso en la publicación del blog. De ahora en adelante, se publicará cuando se pueda.

Un mosquito

Mitos: Diez consejos para evitar las picaduras

Desde la visita de María, los moquitos se han organizado para tomar el país. Creo que están logrando, porque en realidad se trata de mosquitas. Por otra parte, el humano, siguiendo su instinto de supervivencia, ha creado técnicas para evitar las picaduras. Todas son mitos.

El internet está lleno de consejos. Tomemos por ejemplo el artículo Diez consejos para evitar las picaduras, publicado por EfeSalud.com. Someteré cada uno a un riguroso procedimiento científico, es decir, a mi propia experiencia.

Evitar las áreas donde los insectos tienen sus nidos o adonde acuden: En otras palabras, cava un hoyo en la tierra y entiérrate. Las mosquitas que conozco no tienen límites territoriales a la hora de atacar. De hecho, cualquier lugar es bueno: el cuarto, la cocina, el balcón, la marquesina, el patio, el baño, el carro…

Intentar no salir, en la medida de lo posible, entre el anochecer y el amanecer: Aparte del problema de redacción (debería decir: “durante el anochecer o el amanecer”), las mosquitas tampoco tienen horario. Que prefieran el amanecer y el anochecer no significa que sean incapaces de organizar un ejército numeroso en cualquier otro momento.

No utilizar colonias que desprendan olores dulces, ni jabones con perfumes o aerosoles para el pelo: Ni aun sin usar perfume o colonia, no importa. A la mosquita no le interesa cómo huelas, sino tu sangre. Se puede ser inodoro o multiodoro y la picada viene porque viene.

Mantener una correcta higiene corporal: Una ducha, dos o ninguna. Sudar mucho, poco o nada. No importa. Otra vez, lo importante es que la víctima posea sangre en el cuerpo.

Usar ropa que cubra la piel: Eso de cubrirse de pies a cabeza no funciona en el Trópico. De todos modos, las mosquitas caribeñas pican a través de la ropa. Tampoco importa mucho el color de la ropa. La ventaja de vestir de blanco es que son más fáciles de distinguir. A la hora de picar, las mosquitas son daltónicas.

Sacudir la ropa antes de usarla: Buen consejo, aunque no sirve de nada. Las mosquitas son vengativas y esperarán la oportunidad de picar a quien trata de deshacerse de ellas y lo harán con furia y certeza. Lo sé.

Dejar la luz apagada si tenemos la ventana abierta: ¿Me puedo reír? Eso solo funciona parcialmente de noche. Ni siquiera si la ventana tiene escrines se evitará que entren en masa y ataquen.

Emplear mosquiteras para la cama o cuna fijándolas bajo el colchón y asegurándonos de que no estén rotas: Debo confesar que he tenido problemas para conseguir un mosquitero y no he tenido experiencia reciente con uno. Recuerdo dos detalles de cuando los usé de niña: la tela parecía atraer las mosquitas y como quiera se colaban cuando salía de o entraba a la cama. (De todos modos, seguiré a la búsqueda de uno).

Seguir estrictamente las recomendaciones sobre el modo de aplicación y la frecuencia de empleo al usar los repelentes de mosquitos: Buena suerte con eso. Las mosquitas boricuas han mutado tanto que son inmunes a cualquier repelente o insecticida.

Consultar al farmacéutico sobre el tratamiento más adecuado: Y de seguro recomienda un tratamiento natural. No sirven. He intentado varios: inciensos, velas, aceites esenciales, limón y alguno que otro. Nada. El limón es el peor porque atrae mimes.

En conclusión, las mosquitas están organizadas y listas para tomar el país. Se han preparado para ello y nada que hagan los humanos las detendrá. Solo espero que cuando derroquen el gobierno, sean mejores en el asunto que el gobernador de turno.

Tenderete público

Estoy lavando ropa a mano. Sí, a mano. Por eso en par de ocasiones he tendido la ropa en la acera del frente, un espacio público que solo yo he profanado,

Tendedero para el tenderete públicoColoco el tendedero plegable en la acera frente al balcón donde me la paso la mayor parte del tiempo. Le cae luz solar todo el día (por eso extrañaré la sombre del ficus). Corre una brisa que contribuye a que el proceso de secado se acelere. Sin embargo, ni el sol ni el aire son las razones para hacer público mi tenderete. Quiero que el mundo, es decir, mis vecinos, sean testigos de mi trabajo

¿Ya dije que estoy lavando ropa a mano?

Que nadie me imagine con la sonrisa de una ama de casa satisfecha. No me gusta lavar ropa, ni siquiera a máquina. En mi mundo ideal, sacaría el jampel o cesto de ropa sucia una vez a la semana como se hace con la basura. De madrugada, vendría un camión a llevársela y la devolvería la semana en par de días lavada, olorosa a primavera artificial, secada y doblada.

No es difícil imaginar que en el pasado he comprado ropa nueva con tal de no lavar la sucia. Sé que no soy la única, pero la frecuencia es vergonzosa.

Gracia a María me he visto en la obligación de lavar a mano. Podría dejar que Wu Siumán se encargara, pero su idea es mojar la ropa con un poco de jabón, enjuagar y tender. La perfeccionista que escribe no puede tolerar semejante blasfemia. He adoptado el rol de la lavandera oficial de la familia.

Lavar a mano como modo de vida

Mi mamá conocía a una mujer que solo usaba ropa de telas finas. Cuando llegaba a su casa, se metía a la ducha vestida y, en una especie de dos por uno íntimo, se duchaba y lavaba su ropa a mano. Lo intenté una vez. No solo me sentí ridícula, sino que la experiencia no ayudó a mejorar mi percepción sobre lavar ropa en general.

Conocí a alguien que nunca compraba una pieza de ropa en mahón o mezclilla. Como lavaba a mano, prefería telas livianas como el algodón. Ni lo intenté. Me gustan mucho los mahones. Además, para que funcione hay que lavar a mano cada día, convertir la empresa en un modo de vida. Si se le añade el compromiso que conlleva lavar piezas grandes como toallas o el juego de cama, se explica por qué no he adoptado dicha costumbre. Hasta ahora.

Gracias, María, pero no

Ahora lavo a mano todos los días, aunque no me guste. Por eso, después de pasar por el suplicio de lavar hasta las toallas, me parece apropiado que los vecinos vean el fruto de mi trabajo.

Esa es la razón por la que mi tenderete ha sido público. Para que todos sean testigos de mi sacrificio.

Después de María

Cuando el huracán Irma se acercaba a Puerto Rico, la meteoróloga Ada Monzón, en un arranque de emoción, dijo que se hablaría en la Isla de un antes y un después de Irma. Se equivocó. De ahora en adelante se debe hablar de un Puerto Rico antes y después de María

En familia

Mi mayor preocupación después de María eran mis hermanos que viven en la Isla. Después de que Irma pasó por Florida, supe de inmediato de lo que viven por allá. Ellos no perdieron la señal telefónica. Después de María, en cambio, los caminos quedaron intransitables, la electricidad y el agua desaparecieron y con ellos se fueron las señales telefónicas y de internet.

Cuatro pinos

Así quedaron los pinos del vecino. Un mes más tarde todavía están así.

Eventualmente, logré contacto con mis hermanas maternas: una se apareció por casa, contándonos historias de horror de Ponce, y yo me le aparecí a la que vive su propia historia de horror en Aibonito. No he podido contactar a mi hermano paterno, pero sé por otras fuentes que está bien, lo que en el Puerto Rico después de María significa haber sobrevivido el paso del huracán y enfrentar la realidad un día a la vez.

La Isla abandonada

Tan pronto se pudo establecer el primer contacto, el gobierno ha insistido en que son muchas las ayudas que se están repartiendo. Desde mi relativo confort cagüeño, me parece que hay una diferencia entre lo que se dice y lo que se hace.

Mejora al monumento después de María

Parece que María decidió mejorar el monumento a Luis Muñoz Marín

A dos semanas de la visita de María, había comunidades sin recibir una visita de las autoridades; a más de un mes hay otras que sobreviven gracias a la autogestión, que aún no han recibido la visita de un funcionario de gobierno.

Todos los gobiernos, municipal, estatal y federal, han hecho un trabajo pésimo en cuanto a la distribución de ayudas y la reconstrucción del país. El eslogan es “Puerto Rico se levanta”. Me parece que lo están hundiendo.

Otro éxodo

No es de extrañar que esté ocurriendo un éxodo masivo de puertorriqueños, principalmente a Estados Unidos. Los entiendo. Más de una vez he querido agarrar las maletas, las perrijas y el esposo y tomar el primer avión a donde sea.

Ismo en la montaña marrón

Las montañas se ven marrones

Las noticias cuentan sobre oficinas de médicos vandalizadas, robos de plantas eléctricas, con su reserva de combustible, de hogares de ancianos y hospitales, desperdicio de ayudas necesarias, asesinatos sin sentido. Esto último es lo más frustrante. Hay menos puertorriqueños en la Isla, pero no ha habido disminución en la cantidad de crímenes reportados.

Después de María

Queda reconstruir el país sin parchos y sin prisa, lo que, por supuesto, no está ocurriendo. En un afán inaudito por volver a la normalidad, se ha regresado a trabajar, a estudiar y a vivir en condiciones inaceptables. No es de extrañar ese afán de parte de los gobiernos si así se puede dar la corrupción sin que el pueblo esté pendiente, lo que, por supuesto, no está ocurriendo, pero no importa: siempre hay un soplapote dispuesto a justificar lo injustificable y buena parte del pueblo dispuesta a creer la mentira más obvia.

Afuera del refugio

Como es natural, la mayoría de los daños ocasionados por el huracán María ocurrieron en el exterior. Para verlo, hubo que salir del refugio en que se había convertido nuestra casa.

Techo de madera del refugio

Ese es el techo de madera del garaje o lo que quedó de él

Salieron volando el revestimiento del techo de madera tanto de la terraza como el garaje, y parte de los paneles de madera. Todo lo que se había guardado en la terraza se mojó, incluyendo unas máquinas de carpintería. La mata de guineo, sobreviviente de Irma, no pudo con María y se dobló.

Ficus caído que ya no sirve de refugio

Ese ficus proporcionaba una de las mejores sobras de Caguas

Lo más triste fue la caída del ficus, plantado frente a la casa. El árbol era viejo y frondoso. De tarde, nos sentábamos bajo su sombra y disfrutábamos de la brisa. También ofrecía cierta privacidad. Aun así, decidimos no replantarlo. Hay uno pequeño que siempre luchó por crecer. Ahora tendrá la oportunidad.

Casa de madera que fue refugio alguna vez

Uno de mis lugares favoritos para retratar…

El techo de la casa parecía una piscina de tanta agua. Todos los drenajes de agua se bloquearon con hojas. Había un mar de hojas: en el techo, en el balcón, en la marquesina, en la terraza, hasta dentro de la casa.

El río Cagüita

El río Cagüita se desbordó, pero no llegó a inundar despiadadamente

Más allá de nuestra casa, el mayor daño lo sufrieron los árboles. El que no cayó quedó deshojado. El color marrón de la mayoría daba la impresión de que habían sido incendiados.

Sé que los árboles reverdecerán, que nueva flora surgirá y que podremos arreglar el techo de madera de mi casa. Pero al momento que escribo esto (2 de octubre de 2017), el paisaje es desolador. Por eso el interior de la casa sigue siendo nuestro refugio.