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De vez en cuando, revelo alguna que otra cosilla.

Rosita pink

¿Qué mejor día que este para una confesión? El rosado no es mi color favorito. Me gusta el rojo, también el fucsia ochentoso, pero el rosado… Y, sin embargo, parece que vivo rodeada de ese color.

A cuanta niña nace por ahí, le enganchan ropa rosada como si fuera el único color en el universo; la primavera nos inunda con flores rosadas y la industria del cosmético adora ese color.

He hecho lo posible por reconciliarme con el rosado: es el color que predomina en la ropa del gimnasio, me encanta tomar fotografías de flores y no discrimino con las rosadas, escucho a Pink, he asumido que lo que escribo es literatura rosa y he bautizado a la forma más extrema del género como rosita pink.

Sin embargo, aún no es mi color favorito. Quizás algún día.

Confesiones extraterrestres

Mensaje típico de extraterrestes en el único idioma que se habla en el espacio exteriorMi historia con los extraterrestres es larga. Comenzó en la niñez, cuando un familiar muy cercano se obsesionó con ellos. Decía que su deseo era tener un encuentro con un ovni que se lo llevara a saber para qué.

Por esa pequeña obsesión, tuve acceso directo a objetos, revistas y libros dedicados a la ufología. También vi películas y documentales sobre el tema hasta convertirme en una experta. El problema surgió cuando del deseo surgieron los sueños; no míos sino los del pariente. Soñaba con frecuencia con los extraterrestres. Comenzó con alguno que otro avistamiento, luego algún secuestro individual, después secuestros en mayor escalas, hasta concluir en secuestros en masa. Siempre había una constante: yo me quedaba atrás.

Solo hay que imaginarse a una niña, susceptible al miedo, a la que se le habla con frecuencia de un tema poco agradable como la experimentación con humanos por parte de extraterrestre y a la que encima dejaban atrás cuando se llevaban a todo el mundo. No era nada divertido. El temor no amenguó en la adolescencia y de adulta evité parajes solitarios o calles oscuras por si el encuentro cercano lo tenía yo.

Por suerte, el tiempo se encarga de todo. No me he encontrado con ningún extraterrestre, aunque sí con algunos terrícolas que lo parecen. Sigo creyendo que existen, pero me di cuenta de que deben tener asuntos más importantes y entretenidos que secuestrar a toda mi familia y dejarme atrás. En cuanto a mi pariente, me temo que continúa esperando la visita del ovni.

Confesiones de una aspirante a cuentista

Pluma fuente y papel, instrumentos que uso como aspirante a cuentista.

El poder de la palabra, de Antonio Litterio, a través de Wikimedia Commons

La conversación es más o menos así:

―¡Hola, tanto tiempo!

―¿Qué tal?

―Bien, ¿sigues bailando?

―No, ya sabes… la vida.

―¿Y qué haces ahora?

―Estoy tomando unos cursos de redacción creativa a ver si me convierto en escritora.

―¿Y qué escribes?

―Cuentos.

(Inmediatamente me arrepiento de no haber contestado “novela” por lo que sigue).

―¿Para niños?

―No, para adultos.

La reacción puede ir desde una sonrisa cómplice a una mirada de desaprobación. Y el tratar de explicar que no escribo pornografía, sino textos dirigidos a un público mayor de 14 años, en ocasiones resulta peor que dejar que se queden con la primera impresión.

No voy a negar que he escrito alguno que otro texto erótico. Una no lee a Philip José Palmer sin que deje algún tipo de huella. De todos modos, mis historias de esta índole son tan y tan insulsas que clasificarlas como vainillas es darles demasiado color. De seguro, la elegancia con la que trato el tema puede que se vuelva legendaria. Pueden preguntarle a Rubis M. Camacho a ver si miento.

A todo esto, hay que añadir que no me ayudo mucho al decir sin ambages que no me interesa la literatura infantil. Así que confesar que escribo “cuentos para adultos” y que no me pienso escribir nada para niños, me convierte para algunos conocidos en una ninfómana y en una Herodes. No pasaría por nada de eso si dijera simplemente que escribo novelas.

Confesiones de una bibliófila

Me encantan los librosHace bastantes años le confesé a una amiga que planeaba catalogar todos mis libros según el sistema de la Biblioteca del Congreso y ella puso en duda mi sanidad mental. Abandoné la idea de inmediato y procedí a buscar algún otro método de organización bibliotecaria.

Hasta el momento, ninguno ha funcionado. Ni por tamaño, color, tema, idioma o lo que sea. Hasta llegué a comprar un software que pronto quedó obsoleto y no me ayudó en nada.

A la larga nunca debí haberme sentido mal por el comentario de mi amiga ni descartado la idea. Si catalogar los libros según el sistema de una biblioteca es de orates, el mundo está lleno de nosotros porque averigüé que es más común de lo que parece.

Dado que no estoy sola en mi pretensión, llevo desde el verano pasado enfrascada en esa misión. Adapté una base de datos preexistente y seleccioné áreas generales (literatura hispánica, redacción, lenguas extranjeras, referencias, traducción, etc.), les asigné un librero y comencé a acomodar libros según el número de clasificación. Se siente bien eso de tener una idea concreta de dónde están los libros.

Materiales
Materiales para este proyecto:
libros, etiquetas y cinta adhesiva para libros


Aún no he terminado con mi biblioteca visible. No ayuda el hecho de que sigo añadiendo libros y aprovecho para arreglar aquellos que están en mal estado. Cuando termine con esta parte, espero dedicarme a los libros invisibles, es decir, los que están en cajas. Debo colocarlos tan pronto pueda en la base de datos porque ya he comprado el mismo libro varias veces…

Dice el refrán que el camino al infierno está lleno de buenas intenciones. Los amigos son un apoyo indispensable para transitar por la vida, pero hay veces que desayudan más de lo que ayudan.

Confesiones para el fin de semana de Acción de Gracias

Digamos que este fin de semana feriado ha iniciado de forma singular. Para empezar me negué rotundamente a cocinar. Nada en particular con la negativa. La cuestión es que después de la cena de Acción de Gracias del año pasado, era consciente de que se me haría muy cuesta arriba superarla.

Acción de Gracias 2010
Recuerdos de la cena de Acción de Gracias de 2010


Nada más fácil que salir a comer, ¿verdad? Nos dirigimos a los quioscos de Luquillo y, ¿con qué nos encontramos? Solo había dos establecimientos abiertos, llenos a capacidad. No me pregunten cómo terminamos en el IHOP de Caguas. Para llegar tomamos un desvío por Juncos y no me arrepiento porque vimos paisajes hermosos que no recuerdo haber visto antes.

Lo malo del viaje fue el hambre y el hecho de que alguien debía quedarse afuera con Cathy. No obstante, para Acción de Gracias me comí una torre descomunal de panqueques que, por el hambre, no pude fotografiar como se debe. ¿Ven todas las singularidades por las que he pasado?

Torre de panqueques
Panqueques de pastel de queso al estilo Nueva York


Después de semejante jaltera (lo siento, pero la palabra “hartera” no recoge el verdadero significado de la sensación que trato de evocar), me la pasé durmiendo el resto del día, así que me levanté temprano para el viernes negro.

Lo que están a punto de leer es una ventana abierta que deja el descubierto uno de mis mayores secretos.

No me gustan las ventas del madrugador, así que me resisto a ir a una. He estado solamente en tres en toda mi vida. La primera vez, me llevó mi cuñada luego de que viera nuestro juego de maletas. Se lo agradezco mucho porque el juego que compramos en esa ocasión casi le ha dado la vuelta al mundo. La segunda vez ya había pasado todo el tumulto. Fui entrada la tarde para comprar no recuerdo qué que ni siguiera estaba en especial.

Otro Rodolfo, el reno de la nariz roja
Nos encontramos otra vez


Hoy, la tercera vez, después de volverme a encontrar con Rodolfo y cuando ya había pasado todo el tumulto, me compré una simple cámara fotográfica. Mis dos cámaras están pidiendo a gritos un reemplazo. La más vieja es una Cyber-shot DSC-P92 de la Sony cuya tarjeta de memoria es de apenas 64 MB y que, por su antigüedad, gasta demasiadas baterías. La otra es una PowerShot A590 IS de la Canon, que me compré cuando la que nos obsequiaron para el matrimonio dijo “no más” como Mano de Piedra Durán.

Mi nueva adquisición es una PowerShot Elph 310 HS también de la Canon. No era exactamente lo que buscaba, pero cumplía con varios requisitos importantes: estaba a buen precio, es lo suficientemente delgada como para llevarla siempre conmigo y es marca Canon. Espero con esta cámara tomar mejores fotos para mis blogs que las que tomaba con las otras dos.

Colección de cámaras Canon
Mi colección de cámaras Canon
a través del lente de una Sony


Hice varias pruebas con mi nueva camarita y bajo las mejores condiciones posibles obtengo buenos resultados, pero las fotos de la parada de la Congregación Mita fueron un desastre, así que ni las muestro.

Probando, probando
Probando, probando…


Así que ya lo ven, el fin de semana feriado ha comenzado de forma singular y entre las primeras cosas que he hecho es confesar que sí he estado en ventas del viernes negro. Por suerte, nunca ha sido en medio de líos vergonzosos. Eso ya sería el colmo de la singularidad para mí.