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De vez en cuando, revelo alguna que otra cosilla.

Limonada

Vaso de limonada frescaHa hecho calor… mucho calor. Beber agua es una manera para combatirlo, pero a veces hay que cambiar. Por eso intenté preparar una limonada.

Mi historia con las limonadas es bastante triste: por más que lo intentara, no lograba preparar una que combine las cantidades perfectas de agua, azúcar y zumo de limón. O quedaba demasiado dulce o resultaba demasiado agria.

No ayuda mi autoestima que hace unos años se pusieron de moda unos quioscos que vendían un envase de 32 onzas de pura maravilla limonera, preparada al momento. No importaba al que fuera, siempre quedaba perfecta. Ya no se ven tantos por ahí, así que me toca preparar la mía.

Decidí recurrir a la Internet. Si mi limonada no queda bien, la red lo logrará por mí. Buscando y buscando, me encontré con la versión de Elise Bauer en Simply Recipes. La receta se llama “Perfect Lemonade”, es decir, la limonada perfecta. Con eso tuve para adoptarla (eso, e intentar varias otras fallidas).

Ingredientes

  • ¾ a 1 taza de azúcar
  • 4 tazas de agua
  • 1 taza de zumo

Limones recién esprimidos

Procedimiento

  1. Comenzar con el jarabe o sirop. Colocar una taza agua y el azúcar en una olla pequeña, llevar hervir e inmediatamente bajar a fuego lento. La receta original utiliza azúcar blanca granulada, yo acostumbro a usarla sin refinar. También uso una medida de 2/3 taza de azúcar. Recomiendo experimentar con la receta en varias ocasiones hasta llegar al dulzor deseado.
  2. Mover hasta que el azúcar se disuelva y retirar del fuego. Aproximadamente unos 20 minutos.
  3. Cítricos para la limonadaEste es buen momento para extraer el zumo. ¿De qué? Eso depende de las preferencias. Una limonada debería consistir solo de limones, pero esta receta funciona muy bien con limas, cuyo sabor es más fuerte (mi versión favorita). Otra opción es mezclar limas y limones, e incluso hacer un refresco de cítricos al añadir el zumo de una china o naranja. Lo importante es lograr una taza de zumo.
  4. Verter el zumo y el jarabe de azúcar en un envase de 32 onzas. Recordar que el jarabe debería estar tibio, pero hay que usar la precaución porque podría estar caliente.
  5. Añadir el resto del agua. Aquí tampoco estaría mal experimentar un poco, por si se quiere más concentrado o más aguado. Se añade más o menos agua, dependiendo el gusto.
  6. Mezclar y refrigerar entre 30 a 40 minutos. No hay ningún problema con dejarlo más tiempo.
  7. Agitar un poco antes de servir sobre hielo, si así se desea.
  8. Es opcional adornar una vez servido. Se puede usar: rodajas de limón o lima, ramos de alguna hierba aromática como hierbabuena, menta o romero, un pedazo de fresa, una cereza…

Limonada recién preparada

Después de mucha experimentación, llegué a las cantidades perfectas para mi familia: a mí me gusta en el lado dulce; a Wu Siumán, en el agrio. Gracias a esta receta logré un término medio y, además, combatimos el calor.

No es que sea antipática… Una confesión

No lo puedo negar, soy antipática. No es que quiera serlo; es que carezco de destrezas sociales y, salvo situaciones en las que me sienta muy cómoda, por lo general, evito cualquier interacción social fuera de lo acostumbrado. Pero hay algo que me gustaría dejar claro: Hay dos razones adicionales por las que aparento ser antipática.

No soy antipática, bueno, sí, pero no

Heme ahí sin saludar a nadie

Primera: No veo bien

Los espejuelos podrán ser nuevos y aun así no veo bien. Me ha ocurrido que se me paran al lado personas a las que conozco y no las reconozco. En un caso como este, no es que quiera ser antipática es que no veo nada.

Segunda: No sé si la persona quiere que la salude

Este es uno de los aspectos de la interacción social que menos entiendo. De hecho, ya había hablado sobre el tema con anterioridad, Conozco alguien porque nos presentaron, lo tengo de frente, lo reconozco, lo saludo y me vira la cara o se hace el desentendido.

Desde que entré a la universidad, he pasado por esta situación una y otra y otra vez. Con compañeros estudiantes, profesores fuera del salón de clases, compañeros de trabajo, el repostero de la panadería de la esquina, antiguos estudiantes, conocidos y la lista continúa. Desconozco cuál es la norma social que rige este tipo de interacciones y, en demasiadas ocasiones, la he roto al saludar a quien no quería reconocer mi presencia (tan solo para que en otro momento aleatorio me salude como si fuéramos íntimos).

He optado por la solución que más se acerca a mi personalidad. No saludo. A menos que reconozca a la persona y esté 100 % segura de que me devolverá el saludo, no la voy a saludar. No pido que se siente a hablar conmigo o que me abrace, solo pretendo una interacción tipo “Hola-Hola”, “Buenos días-Buenos días” o un movimiento de cabeza. Ya. Entiendo que eso es un saludo. Eso es todo. Pero la experiencia me ha llevado a ni siquiera intentarlo.

Así que sí, soy antipática porque el mundo me hizo así. Salúdenme si quieren y si no, siéntanse en la libertad de actuar como si no existiera.

Palo si bogo, palo si no bogo con cuatro ejemplos

Gallina de palo

No tengo duda de lo que quiere esta gallina de palo

Juro que lo intento. De verás. Intento entender la sociedad. De vez en cuando me digo: “Mira cuánto disfrutas el salón de clases y está lleno de personas”. O “Fíjate cómo puedes trabajar en una biblioteca y hasta conocer a los bibliotecarios”. Incluso: “Si hasta te conocen en…” (ni lo digo que terminaría hablando de otro problema que no es el que atañe hoy). Pero no importa lo que haga o deje de hacer me caen a palo limpio. ¿Cuál es la fórmula para entender a la gente?

 

Ejemplo 1

Me asignan una tarea, la empiezo como mejor me parece y alguien comenta insistentemente que debo realizarla de tal otra manera. Tiempo después me asignan otro trabajo parecido y decido, con el propósito de evitar cierto taladreo en los oídos, completarlo como me habían sugerido, a pesar de que mi forma funcionó. Le comento a la persona y me regaña por usar el método que me recomendó anteriormente. O sea, si tengo iniciativa es malo y si no, también.

Ejemplo 2

Me recomendaron ciertas lecturas para mi crecimiento como escritora. Las adquiero porque, de todos modos, me parecieron interesantes. Tiempo después me encuentro con la persona y le agradezco la recomendación. ¿La reacción?: “¿Para qué estás leyendo tanto? Ponte a escribir es lo que tienes que hacer”.

Ejemplo 3

Me hablan muy bien de un lugar. No importa si es una librería, un restaurante, un museo, un país… la especificidad es lo de menos. Un día decido aventurarme y si tengo una buena experiencia intento agradecerle a la persona para recibir como respuesta un “¡A mí no se me ha perdido nada allí!”.

Ejemplo 4

Me presentan una persona y luego de algunas conversaciones amables, un día decido saludar primero y me vira la cara. Si supieran el trabajo emocional que me da iniciar un saludo. En el próximo encuentro decido imitar la actitud previa y me acusan de antipática.

Mis perrijas

Entiendo mejor a Cathy y a Lucy que a la gente

Sinceramente, no sé cómo manejar situaciones como estas. ¿Qué se supone que haga? Por lo general, me quedo callada, no porque me vea más bonita, sino porque no sé qué hacer. Por eso prefiero ser una antipática; prescindir de los amigos. En serio, ¿cómo se puede vivir en una sociedad tan caótica? ¿Cómo los seres humanos hemos llegado tan lejos? Mientras tanto, la incapaz social que parió mi madre recibe un palo si hace algo y otro si no.

Los ejemplos anteriores son de las tantas interacciones sociales que me eluden. Y juro que lo intento. De verdad intento desenmarañar las normas que rigen la sociedad porque estoy cansada de recibir palos. ¿El resultado? Más palos.

Huelga 2017: #teamUPR

Once recintos, una UPR

Lema de la huelga del 2010, rescatado en la del 2017

El sistema de la Universidad de Puerto Rico está otra vez en huelga. No son todos los recintos ni se está llevando a cabo de la misma manera en cada uno. Varias son las razones para que los estudiantes han tomado esa decisión. La principal: Hay un intento concertado de pate del gobierno para destruir la educación superior pública en favor de la privada.

Asalto al país

Puerto Rico está en quiebra. Tiene una deuda insostenible y el poder imperial en Washington, DC, nombró una junta fiscal plenipotenciaria para asegurarse de que la deuda se pague por encima del sentido común. Vamos, que no soy economista y sé que un país cuya gente vive en la pobreza por falta de trabajo, carece de poder adquisitivo para mover la economía. El gobierno ha decidido apoyar las medidas de austeridad que pretende imponer la junta.

450 millones menos

El chiste es que han decidido sin ningún estudio y sin auditar la deuda, paso lógico e imprescindible, recortar el presupuesto de la universidad por la mitad. $ 450 000 000 es la cifra mágica. Esto implica el desmantelamiento del sistema universitario que ha estado en proceso desde, por lo menos, el 2006, con ayuda de mucha gente adentro, que en su visión miope, no se dan cuenta de que ellos también se verán afectados.

Reforma universitaria

Hasta ahora no he dicho nada que no se sepa. Por ejemplo, es sabido que el sistema universitario debe reformarse. Pero los intentos de hacerlo vienen de afuera. Así no va a funcionar máxime cuando las propuestas que salen de dentro de la universidad se descartan de plano. Por supuesto, los saboteadores principales están adentro. Son aquellos que hablan de innovación en la enseñanza, pero cuando llega alguien con métodos nuevos es criticado; aquellos que pretenden conservar la casta basada en rango académico porque así ha sido siempre; aquellos que trabajan arduamente para cortarles las alas a profesores sin plaza porque ellos la tuvieron difícil y ahora es su turno de vengarse; aquellos que piensan que los estudiantes son sus subalternos, por lo que se les puede humillar.

Huelga 2017

La universidad no es la única que saldrá perjudicada con la dupleta junta/gobierno, pero los únicos que se han levantado hasta ahora son los estudiantes. ¿Por qué el resto del país simplemente acepta las medidas de austeridad y critica a los jóvenes? Mi teoría es que tienen miedo. Miedo a que las cosas cambien, a perder el trabajo, a quién sabe qué más. Es más fácil se dócil que reconocer que hay que todo el pueblo debe tirarse a la calle a protestar. Los jóvenes universitarios no tienen miedo.

Poco que perder

Una persona que tiene poco que perder es peligrosa. Los estudiantes saben que tienen poco que perder, pero mucho que ganar. Si no lo intentan, no sabrán qué lograrán y saben que este es el momento de intentarlo.

Gallo de la huelga de la UPR en el 2010

Mural pintado en le Recinto de Río Piedras durante la huelga del 2010

¿Dónde me encuentro en todo esto? Soy de las que tienen poco que perder. ¿El trabajo? Ese lo perdí cuando se recomendó reducir la plantilla de profesores en un 50 %. Soy profesora por contrato a tiempo parcial y seremos nosotros los primeros en irse. Y aunque no fuera así, es mi deber moral apoyar a los estudiantes en esta huelga en la medida de mis posibilidades. Contrario a la junta, al gobierno y a los elementos internos que trabajan para destruir la universidad yo sí miro hacia el futuro. La reacción en cadena empobrecerá más a la población; quebrará los pocos negocios locales que quedan, particularmente cafeterías, librerías y tiendas; afectará la salud general, y llevará a más individuos a la quiebra y la emigración.

Apoyo la huelga universitaria del 2017 sin miedo. Ahora carpetéenme.

En la torre de marfil entre riquilladas y trumpadas

Torre de marfil o The Ivory Tower | © Daniel Parks

“The Ivory Tower”, por Daniel Parks

Soy una habitante antigua de la torre de marfil y lo acabo de descubrir. Sin embargo, las riquilladas y las trumpadas hacen que mi experiencia allí sea muy difícil.

Es de todos conocidos mi tendencia al escapismo y mi ferviente deseo misántropo. Pero recientemente me topé con la definición de “torre de marfil” en el Diccionario de la Lengua Española y me sorprendí:

1. f. Aislamiento e indiferencia de alguien, especialmente de un artista o intelectual, ante la realidad y los problemas del momento.

Esta definición me describe a la perfección:

  • “Aislamiento e indiferencia de alguien”. Ese alguien soy yo que no vivo literalmente aislada, pero sí metafóricamente.
  • “especialmente de un artista o intelectual”. Trabajo en la academia, así que supongo que soy intelectual.
  • “ante la realidad y los problemas del momento”. He ahí el detalle: me he aislado del mundo no por mi trabajo, sino por decisión propia. La vida me abruma, ¿qué puedo decir?

La RAE podría sustituir la definición con mi fotografía. Solo que… (siempre hay un pero), no me aíslo por gusto, sino por necesidad. Ojalá mi caso fuera el que J. M. Mulet presenta en El síndrome de la Torre de Marfil:

Es lo que tiene el trabajo científico, fácilmente te desconecta de la realidad y te mete en una torre de marfil que te vas construyendo a tu alrededor.

En el mundo académico e intelectual también es fácil desconectarse. Tengo varios vecinos a quienes no les vendría mal un desahucio temporero. Y, sin embargo, yo hubiera preferido no vivir aquí. Mucho menos en estos tiempos.

Seamos honestos: en estos momentos se no cae el país encima. ¡Qué digo el país! El mundo.

No es fácil vivir en la época de las riquilladas y las trumpadas con una junta dictatorial de por medio. No es fácil ver cómo quieren destruir el país, vaciarlo de su gente, destruir la educación pública tanto escolar como universitaria, su débil sistema de salud, y privatizarlo absolutamente todo. Y mejor no hablemos del Trumpo que se ha propuesto que Occidente debe retrasar el reloj de la historia.

Y en ambos casos, a la mayoría no le importa.

Aunque quiera refugiarme en la torre de marfil, se me hace imposible. Las noticias llegan, y con ellas la realidad de que posiblemente en mayo será la última vez que dicte una clase en el sistema de la UPR; de que no tendré con qué pagar un plan médico, la hipoteca, el préstamo del autor o la compra para subsistir un día más… La realidad de que seguramente me vea en la obligación de emigrar.

Por lo pronto, vivo un día a la vez para evitar que la realidad termine abrumándome, de que las riquilladas y las trumpadas destruyan el planeta. Eventualmente, ninguna cantidad de litio o de terapias de electrochoque será suficientes para sacarme del abismo si caigo en él. Ya estuve ahí y no quiero volver.

Pero, por el otro lado, no puedo escapar del mundanal ruido, ni siquiera para conservar mi salud mental. Aunque viva en la torre de marfil, tengo un deber moral, así sea por quienes se queden en el país cuando me mude a otra torre. Algo haré, si bien sea poco.

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