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De vez en cuando, revelo alguna que otra cosilla.

No es que sea antipática… Una confesión

No lo puedo negar, soy antipática. No es que quiera serlo; es que carezco de destrezas sociales y, salvo situaciones en las que me sienta muy cómoda, por lo general, evito cualquier interacción social fuera de lo acostumbrado. Pero hay algo que me gustaría dejar claro: Hay dos razones adicionales por las que aparento ser antipática.

No soy antipática, bueno, sí, pero no

Heme ahí sin saludar a nadie

Primera: No veo bien

Los espejuelos podrán ser nuevos y aun así no veo bien. Me ha ocurrido que se me paran al lado personas a las que conozco y no las reconozco. En un caso como este, no es que quiera ser antipática es que no veo nada.

Segunda: No sé si la persona quiere que la salude

Este es uno de los aspectos de la interacción social que menos entiendo. De hecho, ya había hablado sobre el tema con anterioridad, Conozco alguien porque nos presentaron, lo tengo de frente, lo reconozco, lo saludo y me vira la cara o se hace el desentendido.

Desde que entré a la universidad, he pasado por esta situación una y otra y otra vez. Con compañeros estudiantes, profesores fuera del salón de clases, compañeros de trabajo, el repostero de la panadería de la esquina, antiguos estudiantes, conocidos y la lista continúa. Desconozco cuál es la norma social que rige este tipo de interacciones y, en demasiadas ocasiones, la he roto al saludar a quien no quería reconocer mi presencia (tan solo para que en otro momento aleatorio me salude como si fuéramos íntimos).

He optado por la solución que más se acerca a mi personalidad. No saludo. A menos que reconozca a la persona y esté 100 % segura de que me devolverá el saludo, no la voy a saludar. No pido que se siente a hablar conmigo o que me abrace, solo pretendo una interacción tipo “Hola-Hola”, “Buenos días-Buenos días” o un movimiento de cabeza. Ya. Entiendo que eso es un saludo. Eso es todo. Pero la experiencia me ha llevado a ni siquiera intentarlo.

Así que sí, soy antipática porque el mundo me hizo así. Salúdenme si quieren y si no, siéntanse en la libertad de actuar como si no existiera.

Palo si bogo, palo si no bogo con cuatro ejemplos

Gallina de palo

No tengo duda de lo que quiere esta gallina de palo

Juro que lo intento. De verás. Intento entender la sociedad. De vez en cuando me digo: “Mira cuánto disfrutas el salón de clases y está lleno de personas”. O “Fíjate cómo puedes trabajar en una biblioteca y hasta conocer a los bibliotecarios”. Incluso: “Si hasta te conocen en…” (ni lo digo que terminaría hablando de otro problema que no es el que atañe hoy). Pero no importa lo que haga o deje de hacer me caen a palo limpio. ¿Cuál es la fórmula para entender a la gente?

 

Ejemplo 1

Me asignan una tarea, la empiezo como mejor me parece y alguien comenta insistentemente que debo realizarla de tal otra manera. Tiempo después me asignan otro trabajo parecido y decido, con el propósito de evitar cierto taladreo en los oídos, completarlo como me habían sugerido, a pesar de que mi forma funcionó. Le comento a la persona y me regaña por usar el método que me recomendó anteriormente. O sea, si tengo iniciativa es malo y si no, también.

Ejemplo 2

Me recomendaron ciertas lecturas para mi crecimiento como escritora. Las adquiero porque, de todos modos, me parecieron interesantes. Tiempo después me encuentro con la persona y le agradezco la recomendación. ¿La reacción?: “¿Para qué estás leyendo tanto? Ponte a escribir es lo que tienes que hacer”.

Ejemplo 3

Me hablan muy bien de un lugar. No importa si es una librería, un restaurante, un museo, un país… la especificidad es lo de menos. Un día decido aventurarme y si tengo una buena experiencia intento agradecerle a la persona para recibir como respuesta un “¡A mí no se me ha perdido nada allí!”.

Ejemplo 4

Me presentan una persona y luego de algunas conversaciones amables, un día decido saludar primero y me vira la cara. Si supieran el trabajo emocional que me da iniciar un saludo. En el próximo encuentro decido imitar la actitud previa y me acusan de antipática.

Mis perrijas

Entiendo mejor a Cathy y a Lucy que a la gente

Sinceramente, no sé cómo manejar situaciones como estas. ¿Qué se supone que haga? Por lo general, me quedo callada, no porque me vea más bonita, sino porque no sé qué hacer. Por eso prefiero ser una antipática; prescindir de los amigos. En serio, ¿cómo se puede vivir en una sociedad tan caótica? ¿Cómo los seres humanos hemos llegado tan lejos? Mientras tanto, la incapaz social que parió mi madre recibe un palo si hace algo y otro si no.

Los ejemplos anteriores son de las tantas interacciones sociales que me eluden. Y juro que lo intento. De verdad intento desenmarañar las normas que rigen la sociedad porque estoy cansada de recibir palos. ¿El resultado? Más palos.

Huelga 2017: #teamUPR

Once recintos, una UPR

Lema de la huelga del 2010, rescatado en la del 2017

El sistema de la Universidad de Puerto Rico está otra vez en huelga. No son todos los recintos ni se está llevando a cabo de la misma manera en cada uno. Varias son las razones para que los estudiantes han tomado esa decisión. La principal: Hay un intento concertado de pate del gobierno para destruir la educación superior pública en favor de la privada.

Asalto al país

Puerto Rico está en quiebra. Tiene una deuda insostenible y el poder imperial en Washington, DC, nombró una junta fiscal plenipotenciaria para asegurarse de que la deuda se pague por encima del sentido común. Vamos, que no soy economista y sé que un país cuya gente vive en la pobreza por falta de trabajo, carece de poder adquisitivo para mover la economía. El gobierno ha decidido apoyar las medidas de austeridad que pretende imponer la junta.

450 millones menos

El chiste es que han decidido sin ningún estudio y sin auditar la deuda, paso lógico e imprescindible, recortar el presupuesto de la universidad por la mitad. $ 450 000 000 es la cifra mágica. Esto implica el desmantelamiento del sistema universitario que ha estado en proceso desde, por lo menos, el 2006, con ayuda de mucha gente adentro, que en su visión miope, no se dan cuenta de que ellos también se verán afectados.

Reforma universitaria

Hasta ahora no he dicho nada que no se sepa. Por ejemplo, es sabido que el sistema universitario debe reformarse. Pero los intentos de hacerlo vienen de afuera. Así no va a funcionar máxime cuando las propuestas que salen de dentro de la universidad se descartan de plano. Por supuesto, los saboteadores principales están adentro. Son aquellos que hablan de innovación en la enseñanza, pero cuando llega alguien con métodos nuevos es criticado; aquellos que pretenden conservar la casta basada en rango académico porque así ha sido siempre; aquellos que trabajan arduamente para cortarles las alas a profesores sin plaza porque ellos la tuvieron difícil y ahora es su turno de vengarse; aquellos que piensan que los estudiantes son sus subalternos, por lo que se les puede humillar.

Huelga 2017

La universidad no es la única que saldrá perjudicada con la dupleta junta/gobierno, pero los únicos que se han levantado hasta ahora son los estudiantes. ¿Por qué el resto del país simplemente acepta las medidas de austeridad y critica a los jóvenes? Mi teoría es que tienen miedo. Miedo a que las cosas cambien, a perder el trabajo, a quién sabe qué más. Es más fácil se dócil que reconocer que hay que todo el pueblo debe tirarse a la calle a protestar. Los jóvenes universitarios no tienen miedo.

Poco que perder

Una persona que tiene poco que perder es peligrosa. Los estudiantes saben que tienen poco que perder, pero mucho que ganar. Si no lo intentan, no sabrán qué lograrán y saben que este es el momento de intentarlo.

Gallo de la huelga de la UPR en el 2010

Mural pintado en le Recinto de Río Piedras durante la huelga del 2010

¿Dónde me encuentro en todo esto? Soy de las que tienen poco que perder. ¿El trabajo? Ese lo perdí cuando se recomendó reducir la plantilla de profesores en un 50 %. Soy profesora por contrato a tiempo parcial y seremos nosotros los primeros en irse. Y aunque no fuera así, es mi deber moral apoyar a los estudiantes en esta huelga en la medida de mis posibilidades. Contrario a la junta, al gobierno y a los elementos internos que trabajan para destruir la universidad yo sí miro hacia el futuro. La reacción en cadena empobrecerá más a la población; quebrará los pocos negocios locales que quedan, particularmente cafeterías, librerías y tiendas; afectará la salud general, y llevará a más individuos a la quiebra y la emigración.

Apoyo la huelga universitaria del 2017 sin miedo. Ahora carpetéenme.

En la torre de marfil entre riquilladas y trumpadas

Torre de marfil o The Ivory Tower | © Daniel Parks

“The Ivory Tower”, por Daniel Parks

Soy una habitante antigua de la torre de marfil y lo acabo de descubrir. Sin embargo, las riquilladas y las trumpadas hacen que mi experiencia allí sea muy difícil.

Es de todos conocidos mi tendencia al escapismo y mi ferviente deseo misántropo. Pero recientemente me topé con la definición de “torre de marfil” en el Diccionario de la Lengua Española y me sorprendí:

1. f. Aislamiento e indiferencia de alguien, especialmente de un artista o intelectual, ante la realidad y los problemas del momento.

Esta definición me describe a la perfección:

  • “Aislamiento e indiferencia de alguien”. Ese alguien soy yo que no vivo literalmente aislada, pero sí metafóricamente.
  • “especialmente de un artista o intelectual”. Trabajo en la academia, así que supongo que soy intelectual.
  • “ante la realidad y los problemas del momento”. He ahí el detalle: me he aislado del mundo no por mi trabajo, sino por decisión propia. La vida me abruma, ¿qué puedo decir?

La RAE podría sustituir la definición con mi fotografía. Solo que… (siempre hay un pero), no me aíslo por gusto, sino por necesidad. Ojalá mi caso fuera el que J. M. Mulet presenta en El síndrome de la Torre de Marfil:

Es lo que tiene el trabajo científico, fácilmente te desconecta de la realidad y te mete en una torre de marfil que te vas construyendo a tu alrededor.

En el mundo académico e intelectual también es fácil desconectarse. Tengo varios vecinos a quienes no les vendría mal un desahucio temporero. Y, sin embargo, yo hubiera preferido no vivir aquí. Mucho menos en estos tiempos.

Seamos honestos: en estos momentos se no cae el país encima. ¡Qué digo el país! El mundo.

No es fácil vivir en la época de las riquilladas y las trumpadas con una junta dictatorial de por medio. No es fácil ver cómo quieren destruir el país, vaciarlo de su gente, destruir la educación pública tanto escolar como universitaria, su débil sistema de salud, y privatizarlo absolutamente todo. Y mejor no hablemos del Trumpo que se ha propuesto que Occidente debe retrasar el reloj de la historia.

Y en ambos casos, a la mayoría no le importa.

Aunque quiera refugiarme en la torre de marfil, se me hace imposible. Las noticias llegan, y con ellas la realidad de que posiblemente en mayo será la última vez que dicte una clase en el sistema de la UPR; de que no tendré con qué pagar un plan médico, la hipoteca, el préstamo del autor o la compra para subsistir un día más… La realidad de que seguramente me vea en la obligación de emigrar.

Por lo pronto, vivo un día a la vez para evitar que la realidad termine abrumándome, de que las riquilladas y las trumpadas destruyan el planeta. Eventualmente, ninguna cantidad de litio o de terapias de electrochoque será suficientes para sacarme del abismo si caigo en él. Ya estuve ahí y no quiero volver.

Pero, por el otro lado, no puedo escapar del mundanal ruido, ni siquiera para conservar mi salud mental. Aunque viva en la torre de marfil, tengo un deber moral, así sea por quienes se queden en el país cuando me mude a otra torre. Algo haré, si bien sea poco.

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Casi ganadora, o la culpa es del tío Nobel

Pared con autorretrato, con el efecto "Art exhibition on the wall" de LoonaPixDe niña, veía el programa del tío Nobel. Él tenía una forma muy particular de elevar la autoestima de la grey infantil: no había perdedores, sino casi ganadores. Las intenciones eran muy buenas; las consecuencias desastrosas. No hay nada peor que ser casi ganadora. Lo sé por experiencia.

Por lo menos, cuando se es un perdedor, todo el mundo lo reconoce y no hay nada más que hacer. Lo mismo ocurre con el ganador, que se reconoce enseguida porque nadie alberga dudas sobre su valía. Sin embargo, ser un casi ganador es horrible porque ni se es perdedor ni ganador, o sea, se es muy bueno para perder, pero muy malo para ganar.

Soy una casi ganadora. Tuve que vivir el 2016, un año de altas y bajas, para darme cuenta. No soy perdedora, no soy ganadora, soy casi ganadora. Demasiado buena para ser perdedora, demasiado mala para ser ganadora. Justo el mismo medio.

En retrospectiva, los ejemplos abundan a lo largo de mi vida. Me gradué de la escuela superior con medalla de honor. La de alto honor le correspondió a una estudiante que solo asistió al colegio durante el último año. Resulté ser muy buena como para no obtener medallas, pero muy mala para el más alto de los honores, que le tocó a un agente externo.

Tuve la dicha de graduarme cum laude de mi bachillerato. Demasiado buena para graduarme como la mayoría de mis compañeros, pero no tanto como para ser magna o summa cum laude.

¿Me gané una beca especial? Solo me dieron la mitad (juro que no bromeo). ¿Obtengo un premio en cualquier certamen literario? Es una mención. ¿Logré el trabajo perfecto? O ni siquiera lo empiezo o cierran la plaza o la oficina a los pocos meses (hay uno que todavía lloro).

Soy casi ganadora en los proyectos que inicio: traducción, fotografía, escritura, belly dance, blogueo, dibujo y pintura, atletismo, cocina, educación superior, edición y otros que a nadie incumben. No hablo de los pocos que me salen bien, para no salarlos.

¿Por qué hablo de esto? El 2016 fue un mal año y, como todos, quería que se acabara. No obstante, las malas noticias llegaron acompañadas de igual cantidad de buenas nuevas. Fue así cómo descubrí que soy una casi ganadora. Solo puedo concluir que el tío Nobel dañó mi vida: me dio la esperanza de no ser una perdedora, pero me condenó a nunca ganar.

P.D.: Por si se pregunta, asistí a la grabación del programa del tío Nobel en una gira de la escuela. No recuerdo si fui una de las dos alumnas seleccionas para elegir quién ocuparía el puesto de copilota. Pero no importa, porque, de haber sido una, terminé siendo la casi ganadora.