Reflexiones sobre la muerte

Caliente y frío

Esta semana recibí la noticia de la muerte de mi suegro. Era una persona mayor, así que no fue una sorpresa, pero de todos modos no dejó de doler y me he sentido muy triste desde entonces. No dejo de pensar en lo poco preparada que estoy para un evento tan cotidiano como ese. ¿Estoy lista para la muerte de otro familiar cercano? ¿Y la de mi esposo? ¿Y la mía propia?

Mientras cavilo sobre el asunto no puedo concentrarme y mi productividad ha bajado de tal forma que no he podido realizar ningún trabajo en cuatro días. He comenzado un reto fotográfico a ver si me animo, pero hasta ahora no me ha hecho sentir mejor.

Quizás es solo cuestión de darle tiempo al tiempo, pero las clases se acaban y tengo montañas de trabajo sin corregir. La inacción no es mi mejor compañera y solo provoca que me sienta culpable por sentirme mal.

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