Cual bandada de palomas

Cual bandada de palomas
que regresan del vergel
ya volvemos a la escuela
anhelantes de saber.

Virgilio Dávila

Ayer reanudaron las clases en la Universidad de Puerto Rico en Cayey donde trabajo. Soy profesora. Debería haber estado deseosa de regresar al salón de clases y, sin embargo, el proceso me llenaba de ansiedad.

Ninguna universidad estaba lista

Estoy en récord que desde el principio puse en duda la capacidad de cualquier institución de educación superior de recomenzar las clases. Sin agua, electricidad, señal celular, wi-fi, hospedajes habitables, con medidas improvisadas, dificultades para conseguir alimentos, problemas de transportación y una lista larga que termina con que, en ningún momento, se ha considerado las necesidades de los profesores. Es como si ninguno de nosotros hubiera pasado por la emergencia de María y viviéramos en una burbuja o en la consabida torre de marfil y no tenemos preocupación alguna.

Insisto en que aún no estamos listos, ni siquiera las instituciones que llevan casi un mes dando clases. Pero no recae en mí la toma de esa decisión. Además, ¿qué institución quisiera devolver los fondos federales si tardan en reanudar las clases? ¿Qué institución no quiere terminar este semestre para poder cobrar el próximo?

Las palomas querían regresar

Sabía que los estudiantes deseaban regresar a tomar clases. Los pronósticos catastróficos de deserciones masivas no se cumplieron. No me extrañó ver a la mayoría de mis estudiantes de vuelta. Y como me debo a ellos, aunque las condiciones no sean favorables, les daré la mejor clase que las circunstancias me permitan.

Sé que lo lograremos. No por nada enseño a los mejores estudiantes de Puerto Rico.

Tenderete público

Estoy lavando ropa a mano. Sí, a mano. Por eso en par de ocasiones he tendido la ropa en la acera del frente, un espacio público que solo yo he profanado,

Tendedero para el tenderete públicoColoco el tendedero plegable en la acera frente al balcón donde me la paso la mayor parte del tiempo. Le cae luz solar todo el día (por eso extrañaré la sombre del ficus). Corre una brisa que contribuye a que el proceso de secado se acelere. Sin embargo, ni el sol ni el aire son las razones para hacer público mi tenderete. Quiero que el mundo, es decir, mis vecinos, sean testigos de mi trabajo

¿Ya dije que estoy lavando ropa a mano?

Que nadie me imagine con la sonrisa de una ama de casa satisfecha. No me gusta lavar ropa, ni siquiera a máquina. En mi mundo ideal, sacaría el jampel o cesto de ropa sucia una vez a la semana como se hace con la basura. De madrugada, vendría un camión a llevársela y la devolvería la semana en par de días lavada, olorosa a primavera artificial, secada y doblada.

No es difícil imaginar que en el pasado he comprado ropa nueva con tal de no lavar la sucia. Sé que no soy la única, pero la frecuencia es vergonzosa.

Gracia a María me he visto en la obligación de lavar a mano. Podría dejar que Wu Siumán se encargara, pero su idea es mojar la ropa con un poco de jabón, enjuagar y tender. La perfeccionista que escribe no puede tolerar semejante blasfemia. He adoptado el rol de la lavandera oficial de la familia.

Lavar a mano como modo de vida

Mi mamá conocía a una mujer que solo usaba ropa de telas finas. Cuando llegaba a su casa, se metía a la ducha vestida y, en una especie de dos por uno íntimo, se duchaba y lavaba su ropa a mano. Lo intenté una vez. No solo me sentí ridícula, sino que la experiencia no ayudó a mejorar mi percepción sobre lavar ropa en general.

Conocí a alguien que nunca compraba una pieza de ropa en mahón o mezclilla. Como lavaba a mano, prefería telas livianas como el algodón. Ni lo intenté. Me gustan mucho los mahones. Además, para que funcione hay que lavar a mano cada día, convertir la empresa en un modo de vida. Si se le añade el compromiso que conlleva lavar piezas grandes como toallas o el juego de cama, se explica por qué no he adoptado dicha costumbre. Hasta ahora.

Gracias, María, pero no

Ahora lavo a mano todos los días, aunque no me guste. Por eso, después de pasar por el suplicio de lavar hasta las toallas, me parece apropiado que los vecinos vean el fruto de mi trabajo.

Esa es la razón por la que mi tenderete ha sido público. Para que todos sean testigos de mi sacrificio.

Después de María

Cuando el huracán Irma se acercaba a Puerto Rico, la meteoróloga Ada Monzón, en un arranque de emoción, dijo que se hablaría en la Isla de un antes y un después de Irma. Se equivocó. De ahora en adelante se debe hablar de un Puerto Rico antes y después de María

En familia

Mi mayor preocupación después de María eran mis hermanos que viven en la Isla. Después de que Irma pasó por Florida, supe de inmediato de lo que viven por allá. Ellos no perdieron la señal telefónica. Después de María, en cambio, los caminos quedaron intransitables, la electricidad y el agua desaparecieron y con ellos se fueron las señales telefónicas y de internet.

Cuatro pinos

Así quedaron los pinos del vecino. Un mes más tarde todavía están así.

Eventualmente, logré contacto con mis hermanas maternas: una se apareció por casa, contándonos historias de horror de Ponce, y yo me le aparecí a la que vive su propia historia de horror en Aibonito. No he podido contactar a mi hermano paterno, pero sé por otras fuentes que está bien, lo que en el Puerto Rico después de María significa haber sobrevivido el paso del huracán y enfrentar la realidad un día a la vez.

La Isla abandonada

Tan pronto se pudo establecer el primer contacto, el gobierno ha insistido en que son muchas las ayudas que se están repartiendo. Desde mi relativo confort cagüeño, me parece que hay una diferencia entre lo que se dice y lo que se hace.

Mejora al monumento después de María

Parece que María decidió mejorar el monumento a Luis Muñoz Marín

A dos semanas de la visita de María, había comunidades sin recibir una visita de las autoridades; a más de un mes hay otras que sobreviven gracias a la autogestión, que aún no han recibido la visita de un funcionario de gobierno.

Todos los gobiernos, municipal, estatal y federal, han hecho un trabajo pésimo en cuanto a la distribución de ayudas y la reconstrucción del país. El eslogan es “Puerto Rico se levanta”. Me parece que lo están hundiendo.

Otro éxodo

No es de extrañar que esté ocurriendo un éxodo masivo de puertorriqueños, principalmente a Estados Unidos. Los entiendo. Más de una vez he querido agarrar las maletas, las perrijas y el esposo y tomar el primer avión a donde sea.

Ismo en la montaña marrón

Las montañas se ven marrones

Las noticias cuentan sobre oficinas de médicos vandalizadas, robos de plantas eléctricas, con su reserva de combustible, de hogares de ancianos y hospitales, desperdicio de ayudas necesarias, asesinatos sin sentido. Esto último es lo más frustrante. Hay menos puertorriqueños en la Isla, pero no ha habido disminución en la cantidad de crímenes reportados.

Después de María

Queda reconstruir el país sin parchos y sin prisa, lo que, por supuesto, no está ocurriendo. En un afán inaudito por volver a la normalidad, se ha regresado a trabajar, a estudiar y a vivir en condiciones inaceptables. No es de extrañar ese afán de parte de los gobiernos si así se puede dar la corrupción sin que el pueblo esté pendiente, lo que, por supuesto, no está ocurriendo, pero no importa: siempre hay un soplapote dispuesto a justificar lo injustificable y buena parte del pueblo dispuesta a creer la mentira más obvia.

Afuera del refugio

Como es natural, la mayoría de los daños ocasionados por el huracán María ocurrieron en el exterior. Para verlo, hubo que salir del refugio en que se había convertido nuestra casa.

Techo de madera del refugio

Ese es el techo de madera del garaje o lo que quedó de él

Salieron volando el revestimiento del techo de madera tanto de la terraza como el garaje, y parte de los paneles de madera. Todo lo que se había guardado en la terraza se mojó, incluyendo unas máquinas de carpintería. La mata de guineo, sobreviviente de Irma, no pudo con María y se dobló.

Ficus caído que ya no sirve de refugio

Ese ficus proporcionaba una de las mejores sobras de Caguas

Lo más triste fue la caída del ficus, plantado frente a la casa. El árbol era viejo y frondoso. De tarde, nos sentábamos bajo su sombra y disfrutábamos de la brisa. También ofrecía cierta privacidad. Aun así, decidimos no replantarlo. Hay uno pequeño que siempre luchó por crecer. Ahora tendrá la oportunidad.

Casa de madera que fue refugio alguna vez

Uno de mis lugares favoritos para retratar…

El techo de la casa parecía una piscina de tanta agua. Todos los drenajes de agua se bloquearon con hojas. Había un mar de hojas: en el techo, en el balcón, en la marquesina, en la terraza, hasta dentro de la casa.

El río Cagüita

El río Cagüita se desbordó, pero no llegó a inundar despiadadamente

Más allá de nuestra casa, el mayor daño lo sufrieron los árboles. El que no cayó quedó deshojado. El color marrón de la mayoría daba la impresión de que habían sido incendiados.

Sé que los árboles reverdecerán, que nueva flora surgirá y que podremos arreglar el techo de madera de mi casa. Pero al momento que escribo esto (2 de octubre de 2017), el paisaje es desolador. Por eso el interior de la casa sigue siendo nuestro refugio.

María, el huracán

He sobrevivido varios fenómenos atmosféricos: huracanes, tormentas, vaguadas, ondas, frentes de frío, sequías, lloviznas, garúas, brizas… thunderstorms, coldwaves y blizzards, por eso de ser climatológicamente bilingüe. Nada, absolutamente nada de lo anterior me preparó para el huracán María.

Un minion

Ahí está el minion, entre Northern Exposure y Big Bang Theory. Adivinen a qué miembro humano de la familia pertenece cada serie…

Se trató de un huracán categoría 4 con ráfagas que sobrepasaron la categoría 5. Me consideraba una veterana de huracanes. Sobreviví Hugo en el 89 y Georges en el 98, por mencionar los más peligrosos. Georges cruzó Puerto Rico de este a oeste a 5 millas por hora y su ojo, que se sintió en San Juan, se estacionó sobre la Isla. Recuerdo perfectamente la virazón y el que viviera en un décimo piso, por lo que las ráfagas se sentían más fuertes. Sin embargo, Georges fue un nene de teta al lado de María.

Comenzó a llover desde el martes, 19 de septiembre, por la noche. Nada que no hubiera vivido antes. Sí había notado que, los días previos, Cathy y Lucy, las perrijas, estaban intranquilas, contrario al comportamiento antes del huracán Irma. Ese martes, estuvieron calmadas. De hecho, nos acostamos a dormir a la hora acostumbrada, porque habíamos terminado los preparativos a tiempo. Nada que no hubiera hecho en otra ocasión. Pasé la virazón de Georges durmiendo.

Una ventana de la sala por culpa de María

Así quedó una de las ventanas de la sala

Durante la madrugada, los vientos eran tan intensos que hacían temblar las ventanas de la habitación. Los había estado escuchando entre despierta y dormida hasta que una ráfaga pareció querer entrar a la casa. Wu Siumán sugirió refugiarnos en la habitación que parecía más segura, después del baño: mi oficina. Debo confesar que para entonces las ráfagas y los vientos eran tan intensos que estaba asustada. Fue el terror lo que me hizo extender un edredón en el suelo y echarme a dormir.

Así me la pasé el resto de la madrugada y durante la mañana del miércoles, 20, dormitando.

Aunque la casa ubica en zona inundable, sabíamos que no se inundaría. No contábamos con que se nos metiera agua por las ventanas de la habitación y la sala. En el cuarto, el colchón se salvó gracias a una cubierta impermeable. Todo lo que estaba encima se perdió: sábanas, almohadas, frisas. También se dañó la mesa del televisor. En la sala no tuvimos tanta suerte. El futón que hacía las veces de sofá se mojó, al igual que los dos libreros. Uno de ellos se llenó de hongo y perdí un solo libro (un diccionario francés-inglés que conservaba por su antigüedad). Los demás libros se salvaron por mi costumbre de no colocarlos pegados del fondo.

Librero a punto de llenarse de hongo por culpa de María

El piso del librero a punto de llenarse de hongo

Hubo una filtración en el clóset de la oficina. La descubrimos a tiempo, por lo que el edredón no se mojó. La razón de la filtración se encuentra en el exterior de la casa pero eso corresponde a la entrada siguiente.

A la larga, no sufrimos más pérdidas en el interior, nuestro refugio. Tengo entendido que la pared del ojo de María pasó por Caguas. No lo dudo. No tengo idea de la velocidad de las ráfagas más intensas o los vientos sostenidos. Tampoco quiero saber. Solo sé que María fue un huracán categoría 4 con la intensidad de un categoría 5 y ningún fenómeno atmosférico me preparó para ella.