Oda a la infidelidad

Alan Gonçalves en Oda a la infidelidad

Alan Gonçalves

Elucubraciones a propósito de “I Heard Love Is Blind”, de Amy Winehouse

Dicen que la crítica habla más del crítico que del criticado. No tengo idea de qué dirá sobre mí lo que escribiré a continuación ni cómo reaccionará mi familia política, pero a estas alturas no debería ponerme con pudores.

Mi canción favorita de Amy Winehouse es “I Heard Love Is Blind”. ¿Qué puedo decir? Es una genialidad. Se trata del quinto sencillo del álbum Frank (2003) que está lleno de pequeñas joyas como esta.

I couldn’t resist him
His eyes were like yours
His hair was exactly the shade of brown
He’s just not as tall, but I couldn’t tell
It was dark and I was lying down

Caratula de Frank, disco de Amy Winehouse

El verso inicial deja claro, sin ningún tipo de rodeo, que lo que vendrá a continuación es la justificación de una infidelidad. La primera excusa que se ofrece es la incapacidad de resistir lo que supongo que es una atracción arrolladora del tercero en la relación y que consiste en que el otro es idéntico a la pareja: tienen los mismos ojos y tono de cabello solo que –y es aquí que comienza lo bueno– no es igual de alto, aunque quién se fija en esos detalles en plena oscuridad y en posición horizontal. (Vamos, ¿alguien lo hace?). En otras palabras, “te las pegué con alguien casi parecido a ti, aunque estaba oscuro, así que no sé”. ¿No es una maravilla? La justificación de la infidelidad se basa en unos argumentos que no se sostienen, pero no importa porque ya se consumó.

You are everything — he means nothing to me
I can’t even remember his name
Why’re you so upset?
Baby, you weren’t there and I was thinking of you when I came

Como al parecer la primera excusa no funcionó, la segunda comienza con la típica antítesis del adultero: tú lo eres todo; la otra persona, nada. De ese modo, la pregunta lógica es “¿cuál es el problema?”, al final de cuentas ni recuerda el nombre del fulano. Sin embargo, la genialidad de la estrofa está al final. Este verso hay que traducirlo a español de pie: “¿Quién te manda a no estar ahí? Pero no te preocupes, mi’jo, que cuando me vine, pensaba en ti”. ¿Cómo comentar esto sin meterme en líos? Este verso adelanta el tema de la infidelidad fiel que se desarrolla más adelante.

What do you expect?
You left me here alone; I drank so much and needed to touch
Don’t overreact — I pretended he was you
You wouldn’t want me to be lonely

El tercer intento comienza con el proceso de la transferencia. La voz poética le echa la culpa a su pareja quien no podía pretender que ocurriera otra cosa cuando la dejó sola. ¿Cuál es la consecuencia? Ella bebió de más, lo que provocó que surgieran ciertos deseos que satisfizo con otra persona. Fin. Por supuesto que aclara que no hay por qué exagerar en las recriminaciones, si total, ella pretendió que el otro era el oficial. Y otra vez un último verso maravilloso que traduce algo así como “yo sé que no hubieras querido que me quedara sola”.

How can I put it so you understand?
I didn’t let him hold my hand
But he looked like you; I guess he looked like you
No he wasn’t you
But you can still trust me, this ain’t infidelity
It’s not cheating; you were on my mind

Como nada ha funcionado, ahora entramos a la etapa de desesperación, de tratar de que la pareja entienda que no se trata de una infidelidad. Primero dice que no estuvo agarrada de manos con el otro. Supongo que funcionaría si se obvia todo el asunto de los cuerpos desnudos (o al menos parcialmente desnudos), el intercambio de fluidos y el contacto genital. Quizás en Ingleterra un apretón de manos es más grave. Luego pasa al punto culminante de la canción: una gradación que culmina en un reconocimiento implícito del engaño: primero los dos no se parecen, después pensó que se parecían para concluir con un “no, no eras tú”. Al final pide un voto de confianza porque si cuando se está con el otro, se piensa en el oficial, no se puede catalogar eso como una infidelidad. Más lógico, imposible.

Yes he looked like you
But I heard love is blind…

Como definitivamente no hay explicación que valga, la voz poética concluye con su aseveración inicial de que ambos se parecían, pero como de todos modos se dice que el amor es ciego, qué importa. Queda implícito que ella no supo distinguir a uno del otro, no olvidemos que había bebido, así que para ella no hubo un engaño.

2003 © Mark Okoh, Camera Press para una entrada sobre la infidelidad

2003 © Mark Okoh, Camera Press

 

Esta canción es una oda a la infidelidad, una justificación que en nuestra cultura occidental, aún demasiado patriarcal en su código genético, en boca de un hombre sería un comentario trivial, pero que en la voz de Amy Winehouse se transforma en una maravilla perfecta para el mes en que se celebra el Día de San Valentín.

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