No me llamen poeta, por favor

Mención en el 10º Certamen Nacional de Poesía

La prueba de que gané mención en un certamen de poesía

Hasta ahora, el 2016 ha resultado extraño. He superado la barrera de las menciones en los certámenes literarios. Esta racha comenzó en diciembre de 2015. Gané una mención en un certamen de poesía y ahora resulta que me llaman poeta cuando no lo soy.

Creo que debo una explicación. Nunca he sido fanática de la poesía. La enseño porque no me queda más remedio. Para mí, una clase perfecta de Literatura consiste en pura narrativa: cuento, novela y todo entre medio. No es extraño, entonces, que como escritora me haya decantado por el género narrativo.

En mi juventud, pensaba, como todo el mundo parece creer, que un llamarse escritor era preciso consagrarse como poeta. Así que me puse a escribir poesía. Menos mal que pronto de mi cuenta de mi equivocación y ahora que intento tomarme en serio este asunto de la escritura creativa, me he lanzado de cabeza en las aguas de la narración.

Pero…

Siempre hay un pero. Un día recibí la convocatoria para el 10mo Certamen Nacional de Poesía José Gautier Benítez “Nombre al pensamiento grato” (sí, todo eso es el título del concurso) y me dije: “¿por qué no?”.

Premiación del 10º Certamen Nacional de Poesía en La Semana.

Noticia en el períodico regional La Semana

Tenía unos poemas vomitivos de mi fiebre de aspirante a poeta que pegué con Uhu o Crazy Glue, aún no estoy segura, a unas ideas que me rondaban la cabeza. Bajo el tema de la pérdida, preparé un poemario con las piernas o las patas, si lo prefieren. Literalmente.

Me encontraba en la fila para encuadernar el manuscrito antes de enviarlo cuando se me ocurre que quizás, como tengo esta suerte absurda, era capaz de ganar algún premio con esos poemas mal compuestos. Nada más que para que el destino se ría de mí. ¿Qué ocurrió? Me gané una mención.

Desde entonces, me han llamado poeta en varias ocasiones. Sin embargo, hoy quiero dejar las cuentas claras.

En primer lugar, quiero agradecer al dueño del establecimiento dispensador de sustancias etílicas que les vendió a los miembros del jurado la bebida que ingirieron antes de leer mi poemario. Gracias a usted, siento que me he ganado el premio Nóbel.

En segundo lugar, y lo más importante, no me llamen poeta. En serio, no lo soy. Lo que ocurrió aquí fue suerte de principiante. Dudo mucho que vuelva a repetirse. (Ya lo intenté, tenía que salir de la duda, y como era de esperarse, no pasó nada. Fue un alivio).

Con esto aclarado, regreso a nadar plácidamente en el mar de la narrativa, donde tampoco me ha ido tan mal en lo que va de año. ¿Intentaría volver a participar en un certamen de poesía? Quién sabe. Ahora mejor no lo descarto. De todos modos, soy consciente de que no soy poeta.

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