María, el huracán

He sobrevivido varios fenómenos atmosféricos: huracanes, tormentas, vaguadas, ondas, frentes de frío, sequías, lloviznas, garúas, brizas… thunderstorms, coldwaves y blizzards, por eso de ser climatológicamente bilingüe. Nada, absolutamente nada de lo anterior me preparó para el huracán María.

Un minion

Ahí está el minion, entre Northern Exposure y Big Bang Theory. Adivinen a qué miembro humano de la familia pertenece cada serie…

Se trató de un huracán categoría 4 con ráfagas que sobrepasaron la categoría 5. Me consideraba una veterana de huracanes. Sobreviví Hugo en el 89 y Georges en el 98, por mencionar los más peligrosos. Georges cruzó Puerto Rico de este a oeste a 5 millas por hora y su ojo, que se sintió en San Juan, se estacionó sobre la Isla. Recuerdo perfectamente la virazón y el que viviera en un décimo piso, por lo que las ráfagas se sentían más fuertes. Sin embargo, Georges fue un nene de teta al lado de María.

Comenzó a llover desde el martes, 19 de septiembre, por la noche. Nada que no hubiera vivido antes. Sí había notado que, los días previos, Cathy y Lucy, las perrijas, estaban intranquilas, contrario al comportamiento antes del huracán Irma. Ese martes, estuvieron calmadas. De hecho, nos acostamos a dormir a la hora acostumbrada, porque habíamos terminado los preparativos a tiempo. Nada que no hubiera hecho en otra ocasión. Pasé la virazón de Georges durmiendo.

Una ventana de la sala por culpa de María

Así quedó una de las ventanas de la sala

Durante la madrugada, los vientos eran tan intensos que hacían temblar las ventanas de la habitación. Los había estado escuchando entre despierta y dormida hasta que una ráfaga pareció querer entrar a la casa. Wu Siumán sugirió refugiarnos en la habitación que parecía más segura, después del baño: mi oficina. Debo confesar que para entonces las ráfagas y los vientos eran tan intensos que estaba asustada. Fue el terror lo que me hizo extender un edredón en el suelo y echarme a dormir.

Así me la pasé el resto de la madrugada y durante la mañana del miércoles, 20, dormitando.

Aunque la casa ubica en zona inundable, sabíamos que no se inundaría. No contábamos con que se nos metiera agua por las ventanas de la habitación y la sala. En el cuarto, el colchón se salvó gracias a una cubierta impermeable. Todo lo que estaba encima se perdió: sábanas, almohadas, frisas. También se dañó la mesa del televisor. En la sala no tuvimos tanta suerte. El futón que hacía las veces de sofá se mojó, al igual que los dos libreros. Uno de ellos se llenó de hongo y perdí un solo libro (un diccionario francés-inglés que conservaba por su antigüedad). Los demás libros se salvaron por mi costumbre de no colocarlos pegados del fondo.

Librero a punto de llenarse de hongo por culpa de María

El piso del librero a punto de llenarse de hongo

Hubo una filtración en el clóset de la oficina. La descubrimos a tiempo, por lo que el edredón no se mojó. La razón de la filtración se encuentra en el exterior de la casa pero eso corresponde a la entrada siguiente.

A la larga, no sufrimos más pérdidas en el interior, nuestro refugio. Tengo entendido que la pared del ojo de María pasó por Caguas. No lo dudo. No tengo idea de la velocidad de las ráfagas más intensas o los vientos sostenidos. Tampoco quiero saber. Solo sé que María fue un huracán categoría 4 con la intensidad de un categoría 5 y ningún fenómeno atmosférico me preparó para ella.

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