Una ducha de agua caliente

La felicidad es una ducha de agua caliente

A veces pensamos que la felicidad tiene una forma específica. Es cierto. Para mí, es una ducha de agua caliente.

Pasé los días de fiesta en Ponce como todos los años. Luego de 95 días, pude bañarme bajo una ducha de la que salía agua caliente. Después de graduar el agua a la temperatura perfecta, el ducharme resultó una experiencia gloriosa. Lo mismo ocurrió al día siguiente y al siguiente y aún más cundo me lavé la cabeza.

La felicidad también es efímera. Fue difícil abandonar la luminosidad de Ponce por la oscuridad de Caguas. Pero lo más difícil fue abandonar la ducha.

Algún día podré experimentar la felicidad dentro de mi propia casa; la felicidad que sale de una ducha de agua caliente.

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