La cena de Acción de Gracias

Estoy segura de que se estarán preguntando qué hice para la cena de Acción de Gracias. Los más perspicaces se preguntarán qué hago yo celebrando Acción de Gracias. Las respuestas a estas preguntas las encontrarán a continuación.

Mi mamá me enseñó que lo bueno se imita y que en Gringolandia tienen un día especial para agradecer al dios por todas las bendiciones que tenemos y esa era una muy buena idea, digna de imitar. Claro, eso fue antes de que descubriéramos que la verdadera razón detrás del Día de Acción de Gracias no era la conmemoración de la supervivencia de los peregrinos gracias a los indios, a los que, por cierto, les agradecieron matándolos o poniéndolos en reservaciones, sino la necesidad de los avicultores de pavos de vender sus productos. Se inventaron la celebración, cabildearon por ella, lograron convertirla en un día oficial y aumentaron sus ventas.

De todos modos, nosotras nos quedamos con la costumbre de reunirnos y pasar un día en familia. Hasta el año pasado. Ese fue el primer año en que mi hermana, la del culto apocalíptico, decidió que era una celebración satánica y, por consiguiente, no la iría a auspiciar. Así que el año pasado el resto la celebró solo por darle en la cabeza y hasta montamos el árbol de Navidad, otro símbolo que ella considera ofensivo.

Este año por poco se va en blanco. Lo cierto es que cada vez me cuestiono sí ideológicamente la debo celebrar, aunque me parece poco práctico ayunar por hacerme la más independentista. Así que para este año había pensado en preparar una comida que no tuviera ninguno de los elementos tradicionales de la cena de Acción de Gracias típica. En otras palabras, nada de pavo, pastel de calabaza o batata, ensalada de papa o sidra. Sin embargo, a pesar de tener las recetas identificadas, no pude hacer las compras a tiempo, por todo el trabajo que he tenido, y la noche antes estaba tan cansada que cuando terminé la jornada laboral lo menos que quería era enfrentarme a hordas de gente para adquirir los ingredientes.

Esa noche me acosté agotada, pero determinada a que utilizaría el día para descansar sin pensar en nada de trabajo y lista para ir a un restaurante a comer. Claro que por la mañana me levanté llena de energía y lo primero que pensé fue en hacer parte del trabajo que tenía pendiente, pero mi esposo me convenció de que no y decidí aprovechar la energía para hacer la comida después de todo. Como no tenía los ingredientes, me fui derechito al SuperMax de Isla Verde y, por primera vez desde que inicié estas aventuras culinarias, compré todos los ingredientes en un mismo sitio. No les digo lo que me costó, pero para que tengan una idea, hubiera sido más barato ordenar una cena de Acción de Gracias en una panadería. Por suerte, el supermercado estaba dócil y logré conseguir todo sin problemas.

La cena

Escogí las recetas de una edición especial de la revista Buenavida, titulada Sabrosura y editada por Cielito Rosado (marzo 2004). Llevo todos estos años con la revista y nunca había preparado ninguna receta. La ventaja es que están diseñadas para utilizar ingredientes que se consiguen con facilidad en los supermercados de Puerto Rico. Quizás, por eso, encontré todos los ingredientes a excepción de uno.

Sabrosura
Sabrosura

 

Pinchitos de pollo con salvia

El plato principal fueron unos pinchos de pollo, nada de pavo. Para mí se trato de un reto porque era la primera vez que hacía pinchos o brochetas. Son muy sencillos de preparar y alterné los pedazos de pollo con vegetales de los mismos que usaría en otras recetas (pimientos rojo, verde y amarillos y cebollas) y con un calabacín verde que compré para este propósito.

Pinchitos de pollo con salvia
Pinchitos de pollo con salvia


Aunque la receta no lo dice, me aseguré de remojar los palillos en agua antes de ensartar los ingredientes y cuando adobé el pollo, lo dejé en la nevera como una hora para que absorbiera la sazón. Aproveché para hacer el resto de la cena antes de preparar los pinchos y que mi esposo los asara en una barbacoa desechable que compró ese mismo día.

Temía que no quedaran buenos de sabor porque en vez de usar salvia en hoja, solo la conseguí molida. Aunque utilicé menos cantidad de la que pedía la receta, pensé que había echado demás. Pero el resultado final quedó tan bueno, que mi mamá se comió dos pinchos y yo juraba que solo comería uno.

Salsas de coco y de tamarindo

Para acompañar los pinchos, preparé dos salsas: una de coco con una base de curri y otra de tamarindo con bastante jengibre. Lo cierto es que no hacía falta ninguna de las salsas, pero no lo supe hasta después de probar los pinchos.

Salsa de coco y salsa de tamarindo
Salsa de coco y salsa de tamarindo

El olor de la salsa de coco me recuerda mucho la comida de la india. Me salió tan espesa que se pegaba a cualquier cosa. También se cristalizaba a medida que pasaba el tiempo. Espero poderla “rescatar” para usar la sobrante más adelante. La de tamarindo me recuerda la salsa teriyaki. De esa también sobró y espero darle uso.

Ensalada de yuca y perejil

Para acompañar los pinchos, preparé dos ensaladas. La primera fue de yuca y perejil. A la larga, se trata de unas yucas en escabeche, pero también era la primera vez que las preparaba así.

Ensalada de yuca y perejil
Ensalada de yuca y perejil

Quedaron un poco ácidas. Supongo que se debe a la mezcla de vinagre con jugo de limón. Para la próxima, pienso usar solo vinagre. Por cierto, en la foto apenas se nota, pero el perejil está ahí.
 

Ensalada de orzo

Ya sé que con la ensalada de yuca era más que suficiente, pero no quería que faltara comida bajo ninguna circunstancia. Por eso, me decidí a hacer esta otra ensalada. Es tan fácil de preparar que es hasta ridículo. Se trata de pasta orzo en una salsa de mostaza y crema agria (que sustituí por yogur) con tomates cerezas, espárragos y espinacas.

Ensalada de orzo
Ensalada de orzo

La foto no le hace mucha justicia, pero la ensalada estaba buena. Tengo que reconocer que no preparé el plato para la fotografía y cuando la tomé ya estaba salivando del hambre por lo que no quería perder más tiempo. Esta ensalada era más apropiada para acompañar los pinchos que la ensalada de yuca. Es la primera vez que preparo orzo y me encantó. Esperen más en el futuro.

Ponche tropical

Decidí que iba a preparar hasta la bebida. Se supone que este ponche se hiciera en la licuadora, preferí hacerlo tipo bol porque la idea de añadir más reguero en la cocina al que tenía me asustaba bastante.

Ponche tropical
Ponche tropical


En realidad, se supone que hubiese sido una especie de guayaba-piña colada, pero el sabor del coco no resultó tan dominante, quizás porque se trataba de agua de coco, y además incluía refresco de limón. Con toda la azúcar que lleva esta receta (jugo de piña, jugo de guayaba, agua de coco y refresco de limón), todavía pedía azúcar adicional. Por puro despiste, olvidé añadirla y fue lo mejor que hice porque de dulzor estaba perfecta. De otra parte, tenía los pedacitos de coco que me pareció un detalle encantador.

Postre de peras

Como postre, preparé esta especie de crema que me recordó un flan con cóctel de frutas que prepara mi otra hermana. En esta ocasión, usé más ingredientes, el doble del queso crema y de la gelatina sin sabor y peras en almíbar únicamente.

Postre de peras
Postre de peras

La foto tampoco demuestra bien cómo quedó el postre. Me recordó mucho el mousse de limón que preparé anteriormente, pero queda más sólido. Me gustó que, como postre, no fuera dulzón, sino muy delicado. Resultó muy refrescante después de la comilona que nos dimos en la que, por cierto, faltó una sopa que tenía planificada, pero que no hice porque olvidé por completo.

Para terminar el día vimos un maratón de Harry Potter. Es que me estoy preparando para ver la más reciente. Mientras cocinaba oí la primera. Así que todo el proceso de cocinar duró lo que dura esa película. Luego de comer vimos la segunda y la tercera. Para el resto del fin de semana me tocan las otras tres, una por día.

No estoy muy segura de que todo lo anterior realmente constituya conmemorar el día de Acción de Gracias. A final de cuentas, se trataba de un día feriado e iría a cocinar o a comer afuera como quiera porque de hambre no me pensaba morir. Lo que no hice fue montar el árbol de Navidad, pero hablaré de eso en otro momento.

2 pensamientos en “La cena de Acción de Gracias

  1. Anonymous

    A mí no me importan los símbolos satánicos, a mí me importa que en esa casa de Parque Florido están haciendo unos banquetes memorables. Entre el dim sum y el sansguívin cualquiera se olvida de Amaranta la hija derrr diablooo.

    abrazos,
    M.

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