Informe de agosto

Tocarte en agosto.Novelista de fin de semana: octavo informe

En agosto regresé al trabajo, lo que me llenó de mucha emoción porque luego de varios años he vuelto a dar la clase de Géneros Literarios. El primer semestre se le dedica a los géneros dramáticos y narrativos, lo cual, en mi caso, resulta completamente irónico. Mi novela debería ir viento en popa y no es así.

Fin de semana 31: Según The Weekend Novelist, este fin de semana debí haber terminado el primer borrador del tercer acto. A duras penas logré terminar la primera parte del segundo acto. Para eso de entretenerme antes de comenzar con los preliminares de la segunda parte del acto, decidí cambiar el título provisorio. “Destino errante” me parece una opción paeciana muy apropiada para lo que escribo.

Fin de semana 32: A partir de este fin de semana debía comenzar el segundo borrador, es decir, trabajar con lo ya redactado para, de forma concienzuda, mejorarlo, comenzando con las escenas importantes. Pero apenas la semana anterior pude redactar algo de los preliminares de la segunda parte del segundo acto. Decidí tener todo ese trabajo listo antes de comenzar la redacción de las escenas que formarán los capítulos de esta sección de la novela. Sin embargo, durante el fin de semana no hice nada debido a que el lunes siguiente regresaría al trabajo y quería asegurarme de estar preparada para el comienzo de las clases.

Fin de semana 33: La semana anterior, la primera de clases, escribí solo unos minutos cada noche por aún me estaba adaptando a eso de volver al salón y a que comencé a preparar una presentación que leeré en septiembre y para la que tengo que leer, leer y leer (lo cual me encanta y en este caso, del que no voy a decir mucho todavía, lo estoy disfrutando muchísimo). Ya durante el fin de semana regresé a la novela, pero solo a terminar los preliminares.

Fin de semana 34: Nada. En blanco. Ni una palabra. He estado padeciendo de un extraño caso de síndrome de la página en blanco. No puedo escribir nada relacionado con la novela. Ni una trapo de escena. Ni siquiera logré pensar en la novela. Creo que son dos las razones para que me encuentre así:

En primer lugar, me aterra pensar que todavía me falta el tercer acto. La razón principal es que la escena final no puede ser la que escribí durante los fines de semana 16 y 17 (¿recuerdan?, la que perdí y tuve que reconstruir). Escribir una novela es muy diferente a un cuento. En este último, hay un final predeterminado y la escritura básicamente consiste en dirigir a los personajes hacia ahí (Gracias, Horacio, por esa lección). En la novela los personajes adquieren vida propia, ciertas situaciones planificadas para más tarde, se adelantaron y para que la verosimilitud funcione, hay que ajustar alguno que otro detalle trascendental. Al cabo, todo ha cambiado y no quiero llegar al momento de reescribir el final.

En segundo lugar, tengo muchas dudas, muchas dudas, muchas. Quizás demasiadas. Contrario a lo que hubiera esperado, no me ha ayudado el hecho de que el lunes previo comenzara un taller de micro relatos y publicara por primera vez en Medium. En el taller, siento que no estoy dando lo que debería y lo asocio con la falta de motivación con la novela. Esperé casi un año por la invitación de Medium y cuando la conseguí, no supe qué hacer con ella. ¿De qué escribí en mi primera entrada? De la novela. ¿Qué haré después? Ni idea.

Fin de semana 35: Solo una escena, solo una escena. Eso era lo que necesitaba. En todo el fin de semana escribí la primera escena de la segunda parte del segundo acto. ¡Lo logré! Ahora los dedos se están soltando otra vez. Por cierto, Ray indica que este fin de semana se debe empezar a trabajar con el segundo borrador del primer acto. ¡Me muero de la risa!

Me había propuesto completar la segunda parte del segundo acto durante el mes de agosto. No pudo ser. Terminaré el primer borrador cuando lo termine, si es posible antes del 31 de diciembre y si no, no importa. Ya decidí que la dejaré descansar y la revisaré durante el 2014. El destino de la novela no está trazado para un año, es errante y no hay más nada que hacer.

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