I am Dracula and I bid you welcome

Drácula

Quienes me conocen saben que me gusta Drácula. Me he leído la novela de Stoker en más de una ocasión, la última fue para publicar una reseña. Pero también la he leído por placer o para algún curso que haya tomado.

No hace tanto me la encontré en una edición tan maravillosa que me invitó a comprarla. Desconozco el tipo de encuadernación de la que se trataba, pero era tan suave al tacto que por poco utilizo ese único criterio para adquirirla. Además, la portada incluía citas del texto, algunas de las cuales son de mis favoritas. Creo que no hace falta decir que quedé fascinada con el libro… pero no lo compré. El carpe diem no funcionó conmigo ese día. ¿Cuál fue la razón? Debajo de Drácula estaba Jane Eyre, otro de mis favoritos, y alguno que otro más bastante interesante.

También pesó el que ya no tengo dónde colocar un libro más. Sin embargo, no voy a negar que todavía me duele la decisión. El leer sobre la promiscuidad de la virginal Lucy o sobre el matrimonio casto de Mina y Jonathan y, en especial, del camaleónico Drácula mientras acaricio un libro sedoso al tacto, creo que bien valía la pena la inversión.

¿Qué le voy a hacer ahora, verdad? Perdí la oportunidad, pero al menos no me tengo que preguntar dónde pondré el libro.

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