#evilteacherlaugh

Odio corregir. No hay otra forma de decirlo. Es la parte que menos me gusta de mi trabajo. Eso y el avalúo. Pero mejor no entremos en ese último tema.

Corrigiedo con bolígrafo rojo por eso mi evilteacherlaugh.

Me gustaría que todavía estuviera vigente el método medieval de evaluación. Era muy simple: los estudiantes tomaban la lección, dictada por un profesor que no tenía más preocupación que emitir su discurso, y al final del curso tomaban un examen que se aprobaba o no se aprobaba. Así de simple. Nada de A, B, C, D o F. Nada de “ay, saqué 91, revise mi nota”. Nada de incompletos. Nada de llenar papeles y papeles que solo cogen polvo. Y, lo más importante, nada de exámenes más de una vez al semestre.

Corrigiendo exámenes para más evilteacherlaugh

Administrar exámenes implica corregirlos y no es una actividad divertida. Es como una tortura autoinfligida porque una misma redacta el examen y luego tiene que arreglárselas para corregir sin volverse loca (o reventarse contra la pared). Para facilitarme el proceso he diseñado un método de corrección con resaltadores de colores y he echado mano de mi etiqueta favorita: #evilteacherlaugh.

#evilteacherlaugh

Así de divertido puede llegar a ser mi fin de semana…

Aún así, odio corregir.

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