Elucubraciones en el día de Melchor

Ayer fue el día de Melchor, fecha final de la elucubraciones. Por supuesto que no se quedarán aquí. Dado que se trata del día anterior a mi regreso a las labores de profesora, se me ocurrió pensar un poco en la música de los planetas, los pájaros preñados y otros temas más mundanos de los que hablaré a continuación.

Día de Melchor

Para este día tenía planeado una reunión familiar. Me hubiera gustado mucho invitar a mi familia y amigos que hace tiempo no veo y ofrecerles mi casa y alguna que otra delicia de mi cocina, pero mi estado de ánimo no es el mejor y la situación general –económica y social– no está como para fiestas. En su lugar, decidí confeccionar algo que hacía años que no hacía: un bizcocho, pero no cualquiera, el de ron.

El día que salí de Winston-Salem dejé atrás mi receta del bizcocho de ron. Y cuando digo que “dejé atrás” hablo en sentido literal. Recuerdo que la preparaba para cualquier actividad a la que me invitaran y siempre la recibían con muchos halagos.

Cuando comencé a trabajar en el Seminario Federico de Onís, descubrí que una de las investigadoras la hacía y le quedaba de maravillas, sobre todo, porque de vez en cuando usaba ron cubano. Se me hace agua la boca de recordarlo. Decidí, entonces, no volverla a confeccionar, no solo por la falta de la receta, sino porque no había forma de superar la versión de Iris Yolanda quien, por cierto, tenía el molde apropiado para hacerla. Yo siempre la preparaba en el primero que encontrara.

Ella murió hace varias Navidades y desde entonces no he vuelto a probar el bizcocho. Durante el 2010 la he recordado mucho. Se trataba de una buena cocinera y con cada “Aventura culinaria” no podía evitar acordarme de ella. Así que para el Día de Melchor, decidí conmemorar a mi bisabuelo y a Iris Yolanda.

Busqué la receta en la red (versiones aquí, aquí, aquí y aquí) y la preparé. Traté de comprar el molde para el bundt cake, pero el más barato me pareció demasiado caro para ser de un material tan malo, por lo que no lo compré. Por esa razón, volví las andadas y preparé el bizcocho de ron en un molde regular. Tan regular, que resultó muy pequeño y el bizcocho parece una montañita.

Bizcocho de ron (en forma de montaña) para el día de Melchor.
Bizcocho de ron (en forma de montaña)


Prometo que para la próxima me portaré bien y lo prepararé como se debe. Así me ganaré de verdad el nuevo nombre que me puso mi esposo: Maite Child.

Aventuras culinarias

Y hablando de cocina, he decidido extender la fecha de conclusión de las Aventuras culinarias. Si recuerdan, en la entrada original, dije que prepararía recetas de 15 libros. Sin embargo, hasta la fecha solo he utilizado 11. Aún faltan cuatro, más uno adicional que le regalaron a mi esposo a principios de diciembre pasado.

Así que la fecha de culminación de este proyecto se extiende al 1º de mayo de 2011. Debo tener tiempo de sobra para cocinar de los cinco libros que faltan.

Elucubraciones

Las elucubraciones también terminaban el día de ayer, pero he pospuesto esa fecha hasta el 31 de enero de 2011. La razón principal son las entradas del “Diario de una profesora ‘disidente’”. Además, no pienso terminar con este proyecto aún. Me gustó mucho. Todavía creo que este blog debe ser finito, pero un año resultó ser un período de tiempo demasiado corto.

Continuaré elucubrando hasta que termine este mes. Luego, habrá un cambio de formato. Pero hablaremos de eso en su momento. Mientras tanto, continúen leyendo.

Nuevo proyecto

Le estoy dando los toques finales a un nuevo proyecto que develaré más tarde en enero. Como no tengo absolutamente nada más que hacer, le añado más al estrés.

Se trata de un proyecto que tenía prometido, que debía salir antes que la biblioteca y que tiene que ver con otra de mis pasiones. Ya verán.

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