Dolor de cuello

Portrait of unidentified woman, "Betti"
Fotografía de Frank A. Kunishige,
Cortesía de las colecciones digitales de
la Universidad de Washington

[CUENTO]

Y tan pronto despertaste, sentiste el olor a pólvora. Los vecinos volvieron a tener una de sus famosas fiestas y la pastilla para dormir resultó tan buena que ni la sentiste. Pero debió ocurrir una porque olía igual que en fin de año cuando tuvieron una demostración masiva de pirotecnia casera. También sentiste la boca pastosa y no seca, como acostumbrabas. Se te dificultaba respirar debido al dolor de cuello con el que amaneciste. Nunca supiste de dónde salió, pero ahí estaba, pulsante…

Abriste los ojos con calma y miraste el reloj; estabas a tiempo, podrías prepararte con calma. Te levantaste con parsimonia. Cuando te hubiste incorporado, te llevaste la mano al cuello, allí al lado, debajo de la oreja, donde más dolías, donde pulsaba con más profundidad.

Ya había salido el sol, pero la luz había adquirido una tonalidad difusa. Parecía como si la niebla hubiera entrado a tu casa. Consideraste no desayunar por temor al dolor de cuello. Cada vez que intentabas traga, el dolor se agudizaba. Dejaste la mitad del desayuno, tenías que vestirte.

Al salir, notaste la niebla y te pareció entrar a una dimensión espectral. Cavilaste entre prender la luces del automóvil o no. Decidiste que no. Condujiste con calma porque aún estabas a tiempo. Al llegar a la escuela, notaste que los autos permanecían detenidos, pero ya era tarde para desviarte. No te quedó más remedio que esperar a que una fila interminable de niños cruzara la calle.

Poco a poco los autos se movían, pero el auto rojo detrás de ti, no quería esperar. Tan pronto oíste el primer bocinazo sentiste una punzada en el cuello. Con cada bocinazo, la pulsación se profundizaba más. Hubieras querido decirle al conductor que tuviera calma, que la fila de niños terminaría en algún momento, que el guardia escolar los dejaría pasar eventualmente. Pero no dijiste nada; de todos modos, no te salía la voz por el dolor de cuello. Además, de nada valdría discutir con un desconocido. Solo moviste las manos. El conductor te vio.

Le ordenó a su pasajero que se encargara de la situación y él se bajó. Supiste en esos momentos que estabas en problemas y el cuello te dolió más que antes. Pensaste en los niños que cruzaban sin cesar. Por el espejo retrovisor viste a tu verdugo cruzar de un lado a otro y desenfundar su arma. Tan pronto estuvo frente a tu ventana te apuntó. Lograste verlo. Era un adolescente. Sin mediar palabra te disparó.

La bala te penetró el cuello, allí al lado, debajo de la oreja. Los niños corrieron para todos lados; tu asesino regresó con calma a su automóvil y tan pronto estuvo adentro, el conductor apretó el acelerador y desapareció; los demás autos lo siguieron. Supiste que nadie iría en tu ayuda, que te dejarían morir antes de prestar testimonio ante la policía. Y sentías el calor de la sangre bajar por el hombro, la espalda, las axilas… con la sangre se te iba la vida. Y te negabas a cerrar los ojos, pero la luz difuminada borraba todo alrededor y el olor a pólvora nublaba tus sentidos y el dolor de cuello se hacía más profundo y se disipaba a la vez y sentías la boca pastosa y querías dormir y tan pronto despertaste, sentiste el olor a pólvora. Los vecinos volvieron a tener una de sus famosas fiestas…

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“Dolor de cuello” by Maite Ramos Oritz is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.

4 pensamientos en “Dolor de cuello

  1. maitechufran

    Hola, Amaranta: Como ves, poco he tardado en pasarme por aquí tras saber que habías publicado tu primer cuento. La curiosidad me ha ganado, jajaja… y no me arrepiento. Me ha gustado mucho. Mantienes el interés del lector desde el principio. Todo da un giro en medio del relato, para dar un nuevo giro al final. Es un cuento duro, como dura es a veces la realidad. Afortunadamente esto era sólo un sueño.

    Espero que sigas publicando tus cuentos. Y de nuevo te doy las gracias por decirme que mi blog ha sido el que te ha animado a ello.

    Que pases un feliz día.

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  2. Amaranta

    Me alegro que te haya gustado. Estoy preparando otro más para antes de que termine el año…

    Este sistema de comentarios es extraño. Todavía lo estoy considerando precisamente por lo difícil que resulta para los visitantes.

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  3. Mcvarela

    Me gusta mucho el final. En honor a la verdad me gusta todo el cuento. Muy fuerte, pero así de fuerte es que está la realidad aquí.

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