“Destino errante” en verano

Caricatura que muestra el proceso de escritura de una novela en verano.¿Qué ha pasado con “Destino errante” entre mayo y agosto? Pues, mucho. Parece que “Destino errante” forma parte de mi destino y en estos meses la retomé.

Tampoco es como que haya estado metida de cabeza. En mayo, ni la miré. Todo cambió en junio. Me encontraba en medio de la mudanza cuando di con unos documentos de la novela que no estaban en formato electrónico, decidí que la imprimiría tal y como estaba y jamás adivinarán con lo que me encontré.

En el informe de enero había escrito lo siguiente:

¿Cuál es el saldo? Una novela que es un asco, 25 capítulos, 344 páginas, 5563 párrafos, 96 475 palabras y 440 394 caracteres sin espacios. ¿Cuál es la meta ahora? Descansar en enero y escribir para otros proyectos atrasados; planificar la estrategia a seguir para la segunda versión, lo que incluye un calendario de trabajo; identificar las partes que se reciclarán (escenas, líneas argumentales, etc.); reducir el texto a veinte capítulos y a 250 páginas (máximo 300, aunque el resultado final cae dentro de lo proyectado), y volver a escribir.

Ahí dice 344 páginas, 5563 párrafos, 96 475 palabras y 440 394 caracteres sin espacios, ¿verdad? Pues resulta que la novela motu proprio cambió y me encontré con un texto de 365 páginas, 3550 párrafos, 96 424palabras y 440 169 caracteres sin espacios. Agradeceré qué nadie me pregunte qué rayos pasó. Aumentó en unos sitios, se redujo en otros, pero al menos se mantuvo en 25 capítulos.

Juro que no la toqué. Desde que terminé el primer borrador en enero hasta que la imprimí en junio me dediqué a escribir otros textos, entre los que se encontraba otra novela. No lo voy a negar: escribí otra novela cuyo primer borrador me tomó menos tiempo por ser un proyecto más modesto. Pero de eso hablaré en otro momento. Lo más importante es que no toqué a “Destino errante”, no añadí ni una coma, ni siquiera abrí ningún documento electrónico relacionado con ella hasta junio.

Al final de cuentas, me tomó menos de una semana leerla en su totalidad y otra vez me llevé una sorpresa, lo que provoca que me retracte por enésima vez.

En noviembre había comentado que pasaba por un periodo de síndrome de la página en blanco, pero que ocurrió algo que me llevó a la siguiente conclusión:

Por un momento pensé: “Si mi novela es rosa, ¿por qué no? ¿Por qué no inspirarme en Jane Austen? ¿Por qué no usarla como modelo?” Al final de cuentas es una de mis escritoras favorita. A duras penas faltaban unas 32 horas para que se acabara noviembre y me di cuenta de que he estado escribiendo la novela equivocada.

Iría a terminar esa primera versión de la novela para luego adaptarla al modelo de Austen. Debo reconocer algo: después de releer el primer borrador, me di cuenta de que el modelo ya está incorporado. La novela necesita muchos cambios, muchas revisiones y muchas versiones, pero me parece que el esqueleto funciona. No la voy a reescribir completa, no hace falta. Siempre tuve claro cuál era el punto A y cuál el B, pero pensé que el camino de un punto a otro estaba mal y no es cierto. No es perfecto, pero puede funcionar.

No voy a reescribir la novela, solo tengo que revisarla, refinarla y reducirla. Así que aquello de las 250 a 300 páginas sigue en pie, no así lo de los 20 capítulos: se queda en 25. Aquellos otros puntos A y B que había considerado en noviembre forman parte de otra historia.

Mientras tanto, estoy trabajando en esta. En julio redacté un nuevo borrador en el que dejé establecido el propósito de cada capítulo y preparé los documentos electrónicos de cada uno. Agosto lo dediqué al primer capítulo nada más. Entre que comenzaron las clases, pasé un fin de semana fuera de mi casa en la Ruta del Cuento y trabajé en otros proyectos, solo pude dedicarle tiempo a un capítulo y ni siquiera terminé su revisión. No me preocupo porque es uno de los más importantes y creo que se merece todo el tiempo que pueda dedicarle.

Para los próximos cuatrimestres he planeado trabajar en el resto del primer acto. Con eso nada más tengo bastante pendiente.

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