En el día después del Día de las Madres

Para nosotras no hay un día especial. Se nos trata como parias de la sociedad, merecedoras del mayor escarnio. Somos las mujeres sin hijos.

Nuestra sociedad parte de la premisa de que la meta de toda mujer es casarse y tener hijos y el propósito de todo matrimonio es la procreación. A quienes no seguimos dicha norma se nos ve con sospecha y los reclamos van desde sutiles (“tener hijos es tan bueno. Ya verás cuando los tengas”) hasta los directos (“¿y cuándo piensas parir? Se te está haciendo tarde”).

El deber es tener niños, le gusten a una o no. Si se decide no tenerlos, una es un monstruo. Si no se pueden tener, hay que gastar todo el dinero del mundo en tratamientos de fertilidad porque si no, eres un monstruo. Y ni pensar en adoptar que eso no es maternidad. La presión de la sociedad es tanta que, quizás, esa es la razón por la que tantas mujeres hacen lo que sea por tener hijos.

No es fácil ser mujer, estar casada y no tener niños. Sin embargo, pienso permanecer así, aunque no haya un día especial para mí.

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