Después de María

Cuando el huracán Irma se acercaba a Puerto Rico, la meteoróloga Ada Monzón, en un arranque de emoción, dijo que se hablaría en la Isla de un antes y un después de Irma. Se equivocó. De ahora en adelante se debe hablar de un Puerto Rico antes y después de María

En familia

Mi mayor preocupación después de María eran mis hermanos que viven en la Isla. Después de que Irma pasó por Florida, supe de inmediato de lo que viven por allá. Ellos no perdieron la señal telefónica. Después de María, en cambio, los caminos quedaron intransitables, la electricidad y el agua desaparecieron y con ellos se fueron las señales telefónicas y de internet.

Cuatro pinos

Así quedaron los pinos del vecino. Un mes más tarde todavía están así.

Eventualmente, logré contacto con mis hermanas maternas: una se apareció por casa, contándonos historias de horror de Ponce, y yo me le aparecí a la que vive su propia historia de horror en Aibonito. No he podido contactar a mi hermano paterno, pero sé por otras fuentes que está bien, lo que en el Puerto Rico después de María significa haber sobrevivido el paso del huracán y enfrentar la realidad un día a la vez.

La Isla abandonada

Tan pronto se pudo establecer el primer contacto, el gobierno ha insistido en que son muchas las ayudas que se están repartiendo. Desde mi relativo confort cagüeño, me parece que hay una diferencia entre lo que se dice y lo que se hace.

Mejora al monumento después de María

Parece que María decidió mejorar el monumento a Luis Muñoz Marín

A dos semanas de la visita de María, había comunidades sin recibir una visita de las autoridades; a más de un mes hay otras que sobreviven gracias a la autogestión, que aún no han recibido la visita de un funcionario de gobierno.

Todos los gobiernos, municipal, estatal y federal, han hecho un trabajo pésimo en cuanto a la distribución de ayudas y la reconstrucción del país. El eslogan es “Puerto Rico se levanta”. Me parece que lo están hundiendo.

Otro éxodo

No es de extrañar que esté ocurriendo un éxodo masivo de puertorriqueños, principalmente a Estados Unidos. Los entiendo. Más de una vez he querido agarrar las maletas, las perrijas y el esposo y tomar el primer avión a donde sea.

Ismo en la montaña marrón

Las montañas se ven marrones

Las noticias cuentan sobre oficinas de médicos vandalizadas, robos de plantas eléctricas, con su reserva de combustible, de hogares de ancianos y hospitales, desperdicio de ayudas necesarias, asesinatos sin sentido. Esto último es lo más frustrante. Hay menos puertorriqueños en la Isla, pero no ha habido disminución en la cantidad de crímenes reportados.

Después de María

Queda reconstruir el país sin parchos y sin prisa, lo que, por supuesto, no está ocurriendo. En un afán inaudito por volver a la normalidad, se ha regresado a trabajar, a estudiar y a vivir en condiciones inaceptables. No es de extrañar ese afán de parte de los gobiernos si así se puede dar la corrupción sin que el pueblo esté pendiente, lo que, por supuesto, no está ocurriendo, pero no importa: siempre hay un soplapote dispuesto a justificar lo injustificable y buena parte del pueblo dispuesta a creer la mentira más obvia.

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