Confesiones de una enfermera frustrada

Florence Nightingale, la primera enfermera

Florence Nightingale debió haber sido una mujer extraordinaria. No solo reformó ella sola la institución del hospital y creó la profesión de la enfermería como la conocemos hoy día, sino que tuvo que tener un talento especial. En estos días me ha tocado ser enfermera y he confirmado que carezco de ese talento.

Mi mamá tiene 64 años y se acaba de caer de un árbol. Para mí lo sorprendente no es que se haya caído, es que se haya trepado. A su edad no debería estar haciendo esas cosas. Por suerte, no se rompió nada, pero el dolor es bastante. Dado que no estoy trabajando y que ella no debe quedarse sola, la he traído a la casa en Parque Florido.

Cuento con la ayuda de mi esposo y mi hermana, pero la mayor parte del tiempo la pasamos solas ella y yo. Así que me encargo de preparar los alimentos, administrar las medicinas, bañarla, limpiarla y moverla. A todo esto se le añade el fregar constantemente y lavar ropa todos los días.

La tarea parece sencilla, pero no lo es. Sobre todo, cuando hay que moverla o cuando se queja de dolor y me siento totalmente incapaz de ayudarla. En esos momentos, me acuerdo de Florence. Yo la tengo mucho más fácil. Ella se las vio en una guerra con soldados que gemían de dolor, cuyo peso era muchísimo mayor que el que me toca mover ahora. Debió haber visto heridas inimaginables y grandes señores convertidos en guiñapos.

Aún así continuó y, gracias a ella, disfrutamos de unas condiciones higiénicas de las que gozamos gracias al trabajo extraordinario de hombres y mujeres que han seguido sus pasos. Ellos tienen un talento especial y los envidio por eso. A mí se me hace muy difícil ser enfermera.

Mi mamá mejorará y todo esto se convertirá en un recuerdo, una anécdota para mis sobrinas sobre cuando su abuela se cayó del árbol. Pero el tiempo pasa y ella envejece y puede que haya alguna que otra ocasión en la que convalecerá en su casa o en la mía y haya que atenderla. El tiempo pasa y yo envejezco y no sé si en ese futuro tendré la fuerza y la energía de las que carezco en el hoy.

A Florence y a sus descendientes mi mayor muestra de respeto. Se lo merecen.

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