Confesiones de una bibliófila

Me encantan los librosHace bastantes años le confesé a una amiga que planeaba catalogar todos mis libros según el sistema de la Biblioteca del Congreso y ella puso en duda mi sanidad mental. Abandoné la idea de inmediato y procedí a buscar algún otro método de organización bibliotecaria.

Hasta el momento, ninguno ha funcionado. Ni por tamaño, color, tema, idioma o lo que sea. Hasta llegué a comprar un software que pronto quedó obsoleto y no me ayudó en nada.

A la larga nunca debí haberme sentido mal por el comentario de mi amiga ni descartado la idea. Si catalogar los libros según el sistema de una biblioteca es de orates, el mundo está lleno de nosotros porque averigüé que es más común de lo que parece.

Dado que no estoy sola en mi pretensión, llevo desde el verano pasado enfrascada en esa misión. Adapté una base de datos preexistente y seleccioné áreas generales (literatura hispánica, redacción, lenguas extranjeras, referencias, traducción, etc.), les asigné un librero y comencé a acomodar libros según el número de clasificación. Se siente bien eso de tener una idea concreta de dónde están los libros.

Materiales
Materiales para este proyecto:
libros, etiquetas y cinta adhesiva para libros


Aún no he terminado con mi biblioteca visible. No ayuda el hecho de que sigo añadiendo libros y aprovecho para arreglar aquellos que están en mal estado. Cuando termine con esta parte, espero dedicarme a los libros invisibles, es decir, los que están en cajas. Debo colocarlos tan pronto pueda en la base de datos porque ya he comprado el mismo libro varias veces…

Dice el refrán que el camino al infierno está lleno de buenas intenciones. Los amigos son un apoyo indispensable para transitar por la vida, pero hay veces que desayudan más de lo que ayudan.

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