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A la defensa de Zoilo

De Ginny para Zoilo

Fotografía de Ginny

Elucubraciones sobre la crítica literaria en Puerto Rico

Era una conversación con amigos y todo iba bien hasta que saqué el tema de la falta de crítica literaria en Puerto Rico. El comentario de uno de ellos giró en torno a que no es justo para un escritor que ha invertido su dinero en publicar un libro que un Zoilo cualquiera destroce su trabajo. Esta afirmación me puso a elucubrar –por meses– porque ya había tratado el tema antes y porque saca a la luz dos problemas relacionados con la crítica en este país: primero, se le da una connotación negativa al trabajo del crítico literario y, segundo, el de la autopublicación. Del segundo hablaré en otro momento; hoy lo dedicaré al primero.

No soy experta en el tema de la crítica literaria en Puerto Rico y como crítica me rehúso a tratar textos de escritores puertorriqueños vivos, lo que me aleja aún más del círculo de reseñistas locales, aparte de que mis reseñas no se publican en un medio tradicional como un periódico o una revista literaria. Tampoco quiero decir que acá no haya críticos porque los hay, pero me parece que son muy pocos y que tienen un trabajo ingrato. Es posible que esta situación se deba a que no hay una cultura de crítica literaria ni una disposición de parte de los autores a aceptar una reseña, principalmente si es negativa.

Se parte de la premisa de que el crítico es un escritor frustrado cuyo propósito en la vida es destruir innecesariamente el trabajo de un verdadero novelista, poeta, cuentista o lo que sea. Por eso parece haber un consenso para adopta la actitud de que una reseña negativa es una especie de vendetta personal contra el autor por parte de alguien incapaz de entender la obra de un talento innato. Es decir, el crítico, un Zoilo cualquiera, no sabe nada. Se obvian los años de estudios y entrenamiento y no se reconoce que el proceso de escribir una novela, un cuento o un poema, por ejemplo, es distinto al de redactar una reseña literaria y, lo que me parece más importante, no hay disposición a aceptar que quizás el escritor no es infalible o que el libro posiblemente no es una genialidad.

Si un escritor publica, está expuesto tanto a la crítica positiva o como a la negativa. No se puede esperar que un reseñista sea “benévolo” con un autor que invierte su dinero en publicar. Su deber no es decir que todo está bien, porque entonces estaría engañando al lector, su deber es señalar los aciertos y desaciertos de un texto. No hay duda de que la reseña estará mediatizada por un criterio subjetivo, pero no es inválida simplemente porque no les gustó al escritor y a sus amigos.

Si un escritor invierte su dinero en autopublicar un libro, está más expuesto a la crítica porque no hay garantía de que su trabajo haya pasado por un proceso de filtración y revisión por el que debería pasar toda obra literaria que aspire a serlo. Ese cuidado editorial no lo puede llevar a cabo el propio autor y conlleva un costo que, por lo general, ni siquiera se considera en el presupuesto. Por experiencia, también puedo decir que buena parte de los escritores rechazan las recomendaciones del editor por razones que solo ellos comprenderán, pero me sospecho que tienen que ver con un ego maltrecho.

Si un escritor invierte su dinero en publicar a través de una editorial (y muchas cobran sumas exageradas), tampoco hay garantía de que se haya llevado a cabo el trabajo de edición necesario. Algunas editoriales no revisan ni una coma, por lo que el libro no está exento de recibir una reseña negativa, a la que en ocasiones se le otoga más valor que a la positiva.

A raíz de aquella conversación me he preguntado frecuentemente por qué la crítica no se ve como una oportunidad para que el escritor confirme y descubra a la vez sus fortalezas y sus debilidades. Por eso los Zoilos son importantes. Hace falta una cultura de crítica literaria como en otros países con una industrial editorial sólida como se pretende que sea la puertorriqueña. Esta estaría sustentada en dos pilares: escritores dispuestos a aceptar que sus textos van a ser objetos de reseñas positivas y negativas, y más críticos, entrenados como tales, dispuestos a reseñar libros de autores puertorriqueños sin caer en la complacencia o en la severidad extrema. Seguiré rehusándome a lo segundo porque aspiro a lo primero que es en realidad lo más difícil.