Archivo de la categoría: Creación

Sobre la experiencia en la escritura creativa.

Cartel de Di lo que quieres decir 2016 donde se publicó Luto

Luto

Límite absurdo
de las fuerzas vitales
que el dolor toca.

Un estallido
violento destruye alma
y corazón.

Tiempo sombrío
triste y lúgubre es este
el del sino arduo.

Opaca angustia
Congoja que acarrea
la soledad.

Siglema publicado en Di lo que quieres decir 2016: Antología de siglemas 575. Edición de Patricia Schaefer Röder. Ediciones Scriba NYC, 2016. El libro está disponible para la venta en este enlace.

Los géneros literarios: Una guía para escritores

En bastante común embarcarse en proyectos que no despegan. Esa es la historia de la entrada de hoy, esa es la razón por la voy a escribir sobre los géneros literarios para escritores.

Antologías de cuentos, uno de los géeros lterarios

Colección de antologías de cuentos

Hace un tiempo, me habían propuesto participar en una revista electrónica. Mi participación consistiría en una columna cuyo tema sería el blog y la literatura. Publicaría alternativamente consejos para publicar un blog y para crear literatura. El proyecto no se concretó.

Hace poco, revisando el revolú de documentos que tengo en la nube (que levante la mano quien no sepa de qué hablo) y me encontré con que tenía escritas las dos primeras entradas de cada tema. Tengo un blog, ¿no? Pues a publicar se ha dicho.

Playa en las rocas en Ocean Park

Cualquier lugar es bueno para escribir.

Quería empezar a hablar sobre creación literaria por lo básico: los géneros literarios. Partía de la premisa de que el lector tenía claro lo que es la literatura (arte que expresa la belleza por medio de la palabra, en la definición más reduccionista que utilizo) y que está empezando en el oficio de escribir.

 

Por experiencia sé que cuando se empieza no necesariamente se tiene claro qué se quiere escribir. No me refiero al contenido, sino a la forma. Hay quien prefiera contar una historia o jugar con los sonidos o quizás ver representado lo escrito o incluso expresar sin restricciones mayores lo que quiera. Para eso, había preparado una guía para identificar los principales géneros literarios del mundo moderno.

Narrativa: Este es el género dedicado a contar o narrar sucesos. En el mismo, la acción, que puede estar regida por la relación de causa y efecto, es lo importante. Para ello, se desarrollan personajes que llevan a cabo la acción y entran en conflicto entre ellos, la naturaleza o la sociedad, entre otros, hasta la resolución de dicho conflicto. Este género se subdivide en dos grandes grupos que se distinguen, principalmente, por su extensión:

  • El cuento: Es breve, por lo que hay menos desarrollo de la acción. En este género la precisión y concisión es lo principal.
  • La novela: Se trata de un texto extenso, con más detalles, mayor desarrollo de la acción y más complejidad.
Atardecer en Condado

También cualquier hora del día

Poesía: Se caracteriza por el uso del verso, aunque también existe la poesía en prosa. En este caso, lo importante es el sonido, dónde se acomodan los versos y el ritmo. El uso de la rima también se asocia con la poesía, pero no es obligatoria.

Teatro: Este género tiene el propósito de que lo que se escriba se represente sobre un escenario. Por eso el diálogo es su base.

Ensayo: Contrario a los otros géneros, este no es ficticio. El ensayista trata el tema que prefiera de forma generalmente breve y el arte cosiste en el dominio de la palabra.

Frozen sangriarita

No me voy a meter con las decisiones de bebidas de cada quien.

La definición sencilla de los géneros se debe al tipo de revista en donde se publicaría y a que esperaba trabajar cada uno extensamente más adelante. Por supuesto que terminaba con una sugerencia motivacional:

Lo importante para cualquier persona que aspire a ser escritor es leer mucho, escribir, experimentar, aceptar críticas y descubrir qué le apasiona más.

Me desconozco. Una pena que el proyecto no despegara. Creo que me hubiera gustado escribir más sobre los géneros literarios.

Destino errante: A empezar de nuevo

A revisar Destino errante¿Alguien recuerda que allá, para el 2013, pasé el año escribiendo una novela? Se titulaba Destino errante e hice lo posible por informar cómo había sido la experiencia.

¿Recuerdan? Después de terminarla escribí alguna entrada realenga para actualizar a mis lectores. La última fue a finales del 2014, cuando intenté revisarla de alguna manera.

Ahora que saben de qué hablo, diré que para el NaNoWriMo 2017 decidí reescribirla. La había releído durante el verano y quedé horrorizada.

Como declaré el 2017 The Year of Editing Dangerously, el proyecto caía perfecto. Durante el mes de agosto, rehíce el bosquejo. No me alejaba tanto de la premisa inicial, solo agarré la tijera y eliminé un montón de personajes inservibles, de episodios repetitivos, de situaciones poco verosímiles y de capítulos.

Luego pasó María.

Originalmente había pensado en aprovechar los últimos meses del año para la reescritura y utilizar el NaNoWriMo 2017 para un proyecto que tengo pendiente.

NaNoWriMo 2017 Participant BadgeMaría me dejó sin electricidad, sin internet y sin ganas de escribir. Aun así, cuando anunciaron el inició de NaNoWriMo 2017, pensé en la reescritura de “Destino errante”.

Me tomó el mes entero reescribir la nueva versión de 15 capítulos. El total de palabras está cerca de las 15 000. Muchos días me obligaba a escribir, por eso tardé tanto. Sin embargo, fue una experiencia necesaria.

Como ya conozco tan bien la trama y los personajes pude concentrarme en las acciones y los diálogos. Apenas escribí descripciones porque muchas están en versiones anteriores de la novela y las puedo reciclar. Los detalles, se los pego luego.

La sorpresa: el punto culminante está colocado en un capítulo alejado del final. Los capítulos que me dieron más trabajo fueron los que le siguen, precisamente porque sentía que eran innecesarios.

Todo esto implica que me esperan más revisiones. Escribir una novela, así sea corta, como terminará siendo “Destino errante” no es fácil. El problema no es escribirla en sí. El año pasado probé que podía hacerlo en tres semanas. Lo más difícil es la revisión, el estar dispuesta a guardarla, para luego releer, revisar, eliminar y reescribir. Hay demasiadas novelas publicadas que se hubieran beneficiado de ese proceso. No quiero que la mía sea una de ellas.

Bolígrafo naranja para corregir ortografía.

Más ortografía para escritores

¿Alguna vez comenté que ya terminé de leer la Ortografía de la lengua española (Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, 2010)? Leí la última página allá para el 26 de septiembre de 2014. De hecho, ya había terminado el mamotreto cuando publiqué la entrada relacionada con los nombres de los personajes.

Hubo algunas otras recomendaciones que quedaron en el tintero y que olvidé debido al año sabático. Hace poco las reencontré y me parece buena idea compartirlas:

  • Dedicatorias: La dedicatoria no termina con un punto final, aun cuando se encuentra en una página sola porque pertenece a un libro (poemario, relatario, novela) o entre el título y el cuerpo por tratarse un texto poco extenso (poema, cuento, ensayo). Se puede considerar el uso del punto si la dedicatoria es extensa, pero si consta de varios párrafos, cada uno debe llevar su punto.
  • Género epistolar: Si el texto es epistolar, ya sea porque consiste en una sola carta, como podría ser el caso de un cuento, o porque consta de varias cartas, como ocurre en algunas novelas, se colocan dos puntos en el saludo y en la próxima línea comienza el cuerpo de la carta con mayúscula inicial. En un mundo ideal, ese sería el formato de los correos electrónicos.
  • Versos: Cuando un verso de un poema es tan extenso que ocupa más de lo que permite el papel en el que está escrito, se coloca lo que falta en la línea siguiente, al margen derecho y antecedido por un corchete de apertura.
  • Raya: La raya se utiliza para señalar los diálogos, preferiblemente en texto narrativos o ensayísticos, sin embargo, para los dramáticos, cuya base es precisamente el diálogo, se puede señalar cada parlamento antecedido por el nombre del personaje, sea en letra redonda o la versalita y un punto o un punto, seguido inmediatamente por la raya.
  • Citas: Cualquier cita que aparezca dentro de un texto literario debe marcarse por medio de las comillas. Recuerden que el orden en español debe ser comillas angulares, inglesas, simples.
  • Título de colección: Si el libro forma parte de una colección, saga o serie, el título de la misma solo se marca mediante la mayúscula en las palabras que lo componen, salvo artículos y preposiciones.
  • Tipografía: Para efectos tipográficos no se recomienda que una línea final de párrafo contenga menos de cinco caracteres sin contar el punto final o el signo de interrogación o exclamación si ese fuera el caso. Sin embargo, hay que tener claro que el mundo no se acaba si contienes menos de cinco caracteres.
  • Guion al final de línea: Se recomienda no separar con guion una palabra al final de una línea. Los programas de procesamiento de palabras, como Word, evitan que esto ocurra. No obstante, si el escritor decide hacerlo por una cuestión estilística, se espera que no ocurra en más de tres líneas consecutivas. (Aclaración: La plataforma WordPress, que alberga este blog, coloca el guion automáticamente para adaptar la entrada al tamaño del aparato donde se lea. Escribo mis posts sin guion).
  • Guion al final de título: Tampoco se aconseja dividir una palabra al final de la línea si se trata del título, es decir, los únicos guiones que deben aparecer en un título son los de las palabras compuestas.
  • Títulos en versalita: El tipo de letra versalita, se puede usar tanto en títulos como en subtítulos, teniendo en cuenta que debe iniciar con mayúscula cualquier palabra que así lo exijan las reglas de ortografía. De paso, en cualquier título o subtítulo se puede escribir todo en mayúscula, no así el cuerpo del texto.
  • Tilde en letra mayúscula: Si, de acuerdo con las reglas de acentuación, a una letra en mayúscula le corresponde la tilde, hay que ponérsela. No importa si está en mayúscula o en versalita, el acento ortográfico no se elimina. Repito: Las letras mayúsculas y versalitas se acentúan si así corresponde. No hay excusa debido a que las letras básicas (Arial, Times New Roman, Book Antiqua, etc.) y muchas de las artísticas colocan la tilde en la mayúscula o la versalita sin ningún problema.

Con esta entrada terminan mis recomendaciones ortográficas para escritores de textos creativos a base de o presentado la nueva Ortografía de la RAE. Las logré presentar antes de que volvieran a cambiar las reglas. (Oquei, mal chiste).

Logo del proyecto Editing Dangerously | © Philip Uglow

2017: The Year of Editing Dangerously

I believe more in the scissors
than I do in the pencil.
Truman Capote

Si algo aprendí en el 2016 es que no todas las personas tienen que ser escritoras. No es una obligación, ni siquiera moral. Habrá a quien simplemente no le interese. También aprendí que no todo el mundo tiene la capacidad de ser escritor. Habrá quien quiera y realmente no puede, y quien no puede, pero tampoco quiere. Por último, también aprendí que de nada sirve querer ser escritor, si no se está dispuesto a pasar el trabajo de editar. Para eso hay que tener babilla. Como todavía estoy deliberando cuál es mi posición como escritora, me propuse que el 2017 sería “the year of editing dangerously” (ya sé que como traductora debería usar la versión en español, pero en inglés suena más peligroso. Apedréenme si quieren).

Maquinilla Olympia con flores | © Valeria Moschet

Instrumento para reescribir | Fotografía de Valeria Moschet

Ensayos académicos

Es cierto que la redacción académica no es creación literaria, pero no quiero cerrarme a la posibilidad de que este sea el único tipo de escrito al que me debería dedicar. En el 2016 produje cuatro “papers”, tres de los cuales se publicaron y el que falta aún no se ha sometido a consideración.
Este tipo de trabajo no se me hace fácil. Requiere mucha investigación. No me quejo; investigar es una de mis pasiones. No obstante, producir el texto puede conllevar meses de búsqueda, lectura, descarte de recursos, redacción, corrección, verificación, corrección, edición y corrección.
Por mi línea de trabajo no me queda más opción que realizar ensayos académicos. Es un requisito, es lo que se espera de mí, me guste o no. Por suerte, lo disfruto.

El mal de la poesía

Me persigue. Y no soy poeta. No. Trato muy mal los poemas pacos que escribo a lo loco. Ni los reviso. Aun así, tengo el descaro de escribir un poemario en una semana. Me parece que la aseveración anterior merece una explicación. Lo habré escrito en tiempo récord, pero llevaba pensando en él casi un año. Se trataba de un sentimiento que tenía que sacarlo del sistema y que aún no estoy lista para tratar en narrativa. En otras palabras, parece que desarrollé sentimientos y no sabía qué hacer con ellos; los vertí en verso y ahora… no sé qué hacer con ellos. Se trata de todo un poemario y me siento incapaz de separar los hermanos poemas. Eso sería una crueldad.

Útiles de oficina para editar | © Stefan Schweihofer

Instrumentos imprescindibles para editar | Fotografía de Stefan Schweihofer

Narradora escribiendo

Quiero ser narradora… igual que todo el mundo y su primo. Y la prima también. Y no olvidemos a Raymundo. Ni a los puristas que ahora están convulsando. A este respecto estoy considerando que quizás se trate de un asunto de querer y no poder. Quizás mi misión es ser lectora y no escritora. Total, debe haber más lectores que escritores, si no esto sería un club exclusivo en el que nos leeríamos unos a otros y no admitiríamos la intrusión del mundo exterior.

Disculpen la digresión. Durante el 2016 me encontré con una situación anómala: escribí narraciones extensas. Soy fanática de la microficción y comencé por ahí. Incluso, una vez me quejé de que me siento encajonada en la clasificación de microcuentista. Pero este año, hasta escribí una novela corta en tres semanas (espero que nadie piense que es una obra maestra).

O estoy madurando como escritora u ocurre una alineación planetaria extraña.

La maldición de la mención

Parece que la superé. Quizás tenga algo que ver lo poco que participé en certámenes para concentrarme en convocatorias para revistas y antologías. Sin embargo, tampoco sometí muchos textos para este tipo de evento.

Me sorprendo de mí misma porque usaba los concursos como medio de obligarme a escribir. Es decir, me topaba con unas bases que me llamaban la atención. Escribía algún cuento que girara entorno al tema presentado, antes de la fecha de cierre, y lo enviaba. ¿Qué seguía? Una súplica a Yukiyú para que no obtuviera premio que en el 99 % de los casos se me concedía, lo que me daba tiempo para revisarlo. Solo hay un detalle muy pequeño, insignificante en realidad: rara vez lo revisaba con calma. Eso significaba que si encontraba otras bases que parecieran admitir el texto, lo revisaba como pudiera, lo envía y volvía a suplicarle a Yukiyú. ¿Ven el patrón? Me consolaba con que tenía un cuento terminado.

Pero en el 2016 no necesité de bases con temas y fechas límites. Muchos relatos surgieron, así nada más, por generación espontánea. Encima los terminaba aun sin tener fecha límite. No necesito concursos para escribir.

Té de hierbas para la edición | © Mira DeShazer

Té de hierbas para la inspiración | Fotografía de Mira DeShazer

The Year of Editing Dangerously

Lo antes escrito me lleva a pensar que tengo muchos textos sin revisar. Escribir es fácil si se tiene la capacidad o si se quiere. No hay duda de que pertenezco a ese último grupo. No obstante, para mí, la labor más importante de quien escribe es revisar. Reconocer que lo primero que se escribió no sirve y para mejorarlo hay que reescribir, recortar, editar para luego alejarse del texto antes de volver a revisar, reescribir, recortar y editar. Para eso hay que tener babilla, se debe reconocer que uno no es un genio, que ser escritora implica pasar trabajo.

Aspiro a pasar buena parte del 2017 revisando, reescribiendo, recortando y editando. Puede que cree algo original, pero su destino terminará siendo el de lo escrito anteriormente. Quizás así logre publicar un libro decente. O quizás descubra que no tengo la babilla suficiente, que no estoy hecha para ser escritora y me olvide del asunto.

Por todo lo anterior, armada con una tijera y un bolígrafo rojo, he denominado al 2017: The Year of Editing Dangerously (ya sé que debería decir “revising” y no “editing”, pero a veces me paso de optimista).