Archivo de la categoría: Literatura

Todo lo relacionado con la lectura y los libros.

Camp NaNoWriMo, julio 2018

Fotografía de Ginny

Fotografía de Ginny

Solo a mí se me ocurre participar en el Camp NaNoWriMo, edición de julio de 2018. La idea parecía buena cuando comencé: Aprovechar el mes para revisar varios proyectos, no solo uno como hice con el NaNoWriMo del 2017.

El año pasado reescribí Destino errante, la novela que escribí como proyecto del blog hace varios años. Pensé que aprovechar Camp NaNoWriMo para eliminarle varios capítulos y darle punto final. Sin embargo, no me nace trabajar en ella. Decidí trabajar en varios otros proyectos y no he tenido mayores problemas. Se trata de novelas que escribí después y que no me tomo tan en serio. Ese es el caso de Nada que perder, la novela que escribí la primera vez que participé en NaNoWriMo.

Portada y contraportada de Ojos llenos de arena que no trabajaré en Camp NaNoWriMo

Portada y contraportada de Ojos llenos de arena, trabajo de José Orlando Sued

Es cierto que me he puesto la presión innecesaria y casi imposible de tener los proyectos terminados cuando terminé el mes. No sé cómo me sentiré una vez comience el tratamiento. Además quiero sentir que tengo algo listo además de Ojos llenos de arena. No quiero ser autora de un solo libro.

El 31 de julio tendré terminada una novela. Son varios los proyectos en los que trabajaré, a alguno podré darle punto final.

¿Qué pasará después? Supongo que publicaré el libro. Solo me sospecho que no será Destino errante.

Por lo pronto, no sé si me metí en un lío demasiado grande cuando decidí participar en el Camp NaNoWriMo. Ahora que estoy a mitad de camino, pienso que la meta es muy ambiciosa. Revisar varios proyectos, incluyendo Destino errante, que no me nace trabajar en él, es más de lo que puedo hacer este mes.

Crisis en la cocina

Crisis en la cocina se publico en la Revista Le.Tra.S 4.1

Suspiraron después de pronunciar la palabra final de la novela que habían estado leyendo en voz alta a falta de televisor. La crisis los había dejado en la quiebra. Lo último que quedaba en la despensa eran tres papas, una zanahoria, media cebolla, media pechuga de pollo, un diente de ajo, un suspiro de aceite de oliva, algunas hierbas secas, sal y pimienta y una botella casi completa de jerez.

Ambos se miraron y comenzaron a reír a carcajadas. El restaurante quebró, el “food truck” nunca despegó, estaban a punto de ser desahuciados y tenían tantas deudas que de seguro nunca terminarían de pagarlas. Quizá no sabrían cómo resolverían al día siguiente, pero esa noche aprovecharían los conocimientos adquiridos en la escuela culinaria. Comerían mejor que el coronel del libro que acababan de cerrar.

 

Microficción publicada en Revista Le.Tra.S., vol. 4 no.1, enero-mayo 2017. Se puede leer en http://www.youblisher.com/p/1903542-/.

Diez consejos para futuros autores

¿Cómo es posible que se me ocurra publicar consejos para quienes planifican publicar por primera vez cuando aún no he publicado mi primer libro? Tengo décadas de experiencia como editora/correctora y de eso quiero hablarles a los futuros autores.

Primero, aclararé la diferencia entre escritor y autor. Cualquiera puede ser escritor, no todo el mundo es autor. El escritor es la persona que escribe, haya publicado o no. El autor es quien ha publicado. Antes de publicar se espera que todo autor haya sido escritor y, con suerte, continuará siéndolo para continuar publicando. Quien solo se dedique a escribir y no haya publicado, no es autor.

Libretas para futuros autores

Primero has escrito en libretas

Segundo, diferenciaré al editor del corrector. El editor es quien se encarga del estilo, por eso su dominio es el contenido. Puede sugerir cambios de nombres de personajes, capítulos, cuentos o libros, eliminación de episodios, capítulos o personajes, alteración en el orden de los episodios, presentar sugerencias de estilo, etc. La idea no es convertir el texto en un éxito de ventas, sino ponerse colaborar con el escritor para que el resultado sea el mejor texto posible.

El corrector es la persona encargada de corregir ortográficamente el texto. El contenido no le incumbe, solo la corrección ortográfica y gramatical. En Puerto Rico es común que una misma persona se encargue de ambos procesos a la vez. Eso es lo que se conoce como ortotipografía. Por lo general, cuando se habla de editor, se trata de la persona que realiza una corrección ortotipográfica.

Tableta Surface 2 de Windows

Luego no olvides guardarlo en la computadora y, además, en tres pendrives, en dos disco duros externos y todas las nubes que puedas.

Dejemos afuera al editor como el dueño de una editorial. Esta persona no tiene por qué hacer ningún tipo de corrección, sino que subcontrata o delega esa función. En algunos casos, ni se toma la molestia. Publica tal cual y, bueno, solo hay que visitar cualquier librería para encontrarse con alguno de los resultados.

En lo que sigue, utilizaré el término editor para referirme a quien realiza tanto un una corrección de estilo, ortográfica u ortotipográfica.

Cualquier futuro autor debe tener claro que el editor es un colaborador, quien trabajará con el escritor para que el texto, sea cuento, poema, novela o disparate, salga lo mejor posible. Pero es solo eso: un colaborador.

Aunque el futuro autor vaya a autopublicar, mi recomendación es que contrate los servicios de un editor. Hay que sacar presupuesto porque nuestro trabajo no es barato. Eso sí, vale la pena.

Sin embargo, hay que estar ojo avizor para no caer víctima de un editor inescrupuloso. A continuación, varios consejos:

  1. Verifique las credenciales. Pida muestras de su trabajo. De trabajos publicados, que se puedan conseguir en una librería o biblioteca. Quien tiene un grado en Lingüística hará una corrección ortográfica de primera, quien lo tenga en Literatura se especializará en el estilo. Quien domine ambos campos es un tesoro. (¿Ya dije que tengo títulos en Lenguas Modernas, Traducción y Literatura? Soy un tesoro). Quien se especialice en otro campo como Ciencias o Administración, debe tener entre sus credenciales cursos cortos que lo capaciten para ejercer de editor.
  2. Pida cotización. Y a la hora de pagar, una factura. El trabajo del editor se remunera monetariamente. No hay otra obligación. En serio, no la hay.
  3. Si le gustó el trabajo del editor y quiere ganarse el cielo, incluya su nombre y función en la página de copyright o en los agradecimientos. Es posible que exista un contrato que lo obligue a realizar dicho acto, pero no es la norma. Usted como escritor no tiene por qué agradecer públicamente a su editor. Ya le pagó. Eso es suficiente.
  4. Si el editor realiza su trabajo de manera gratuita, asegúrese de que tiene claro cuál es su función y que no espera nada a cambio.
  5. Usted no tiene la obligación de aceptar ninguna sugerencia que haga el editor. En serio no la tiene. En 95 % de los casos sería un error de su parte, pero siempre tiene esa opción o la de aceptar solo algunas. Eso no le exime de pagar la factura al editor.
  6. Si trabaja con una editorial y le dicen que solo publicarán si acepta todas las correcciones del editor, puede optar por irse a otra editorial. A menos que haya un contrato que lo obligue, los textos son suyos y puede ir con ellos a donde quiera.
  7. Revise cualquier contrato, es más, páguele a un abogado que lo revise por usted, no vaya a ser que el editor se aproveche de sus ansias de publicar. Lo mismo va para las editoriales. Ningún texto debe estar en poder de una editorial por más de cinco años (La norma son un año para un texto en una antología o revista y dos para un libro. Concluido ese tiempo usted hace con el texto lo que le dé la gana). Revise y vuelva a revisar y no firme ningún contrato que diga que cede sus derechos a perpetuidad. (No es broma, hay editoriales que hacen eso).
  8. No incluya el nombre del editor cuando vaya a registrar su texto en el Departamento de Estado o en la Biblioteca del Congreso. No, no lo haga. La razón es muy sencilla, usted es el dueño intelectual de su obra, si incluye al editor como coautor, tiene la obligación de pagarle la mitad de lo que genere en regalías (si es que genera algo, seamos realistas). El editor es un colaborador, no un creador. El derecho de propiedad intelectual no le pertenece. Además, un editor sin escrúpulos podrían incluso impedir que se publique la obra porque él tiene poder de decisión al respecto si se le incluye como coautor.
  9. No se sienta en la obligación de siempre usar el mismo editor para todos sus libros. Supongo que no querrá ser futuro autor de un solo libro. Por eso le digo que puede usar los servicios de diferentes editores en diferentes libros. No firme nunca un contrato de exclusividad con un editor. Eso también va para las editoriales. En la realidad editorial puertorriqueña, lo normal es que un mismo autor publique con varias editoriales, incluso las segundas o terceras ediciones de un libro. Tampoco en este caso se recomienda firmar un contrato de exclusividad, máxime cuando en Puerto Rico el surgimiento y la desaparición de editoriales es bastante común.
  10. Puede usar más de un editor para un mismo texto. Procure que sea de forma consecutiva. Si después de haber realizado las correcciones propuestas, siente que su texto se beneficiaría de un par de ojos frescos, contrate otro editor. Si el primero se molesta, ya sabe que puede no volverlo a contratar. Eso sí, si va a dar crédito (véase el punto 3), que sea a los dos o tres que haya contratado.

Así que, futuros autores, sepan que los servicios de un editor son importantes, pero también que hay editores y hay editores.

Cartel de Di lo que quieres decir 2016 donde se publicó Luto

Luto

Límite absurdo
de las fuerzas vitales
que el dolor toca.

Un estallido
violento destruye alma
y corazón.

Tiempo sombrío
triste y lúgubre es este
el del sino arduo.

Opaca angustia
Congoja que acarrea
la soledad.

Siglema publicado en Di lo que quieres decir 2016: Antología de siglemas 575. Edición de Patricia Schaefer Röder. Ediciones Scriba NYC, 2016. El libro está disponible para la venta en este enlace.

Ficha All the King's Men

All the King’s Men, de Robert Penn Warren

¿Cómo comenzar la reseña de una novela como esta? La leí por primera vez para una clase de inglés durante el bachillerato hace décadas. Lo cierto es que no recordaba nada de ella y hay una buena razón: All the King’s Men, de Robert Penn Warren, es aburrida.

Leer una novela aburrida no es una proeza. Muchos nos hemos echado al cuerpo a María de Jorge Isaac, o La peregrinación de Bayoán, de Eugenio María de Hostos. Sin embargo, All the King’s Men es otro tipo de aburrimiento. Es del tipo que absorbe gracias a sus técnicas narrativas.

Robert Penn Warren

Solo lo he leído dos veces y ya se me rompió.

De por sí la historia es compleja. Jack Burden narra el ascenso y caída de Willie Stark en la política de un estado sureño carente de nombre. Parece sencillo, pero a estos dos personajes les acompaña un número considerable de personajes cuyas vidas se cruzan para bien o para mal del protagonista. Y ahí radica la primera genialidad de texto: ¿quién rayos lo protagoniza?

“Jack Burden narra la historia de Willie Stark”, así que Willie es el protagonista. Es el personaje cuyas acciones desencadenan todos los conflictos y cuya evolución de bobo del pueblo a político corrupto es más que evidente. “Jack Burden usa la historia de Willie Stark para contar la suya” también es una aseveración válida. El propio Burden dice que la historia de Willie es la suya. Ambos personajes crean una relación de codependencia fascinante para un sicólogo.

¿Quién es el protagonista? En mi opinión, Jack. Su evolución es más lenta y hasta incompleta, pero muchos de sus actos, o lo que no hace, mueven la acción.

Por otro lado, Warren utiliza una buena cantidad de técnicas narrativas como el desorden cronológico y la retrospección, pero sobresalen los flujos de conciencia. Jack acostumbra a cuestionar, a pensar, a analizar todo a su alrededor. Y aun así, los sucesos y las personas lo pueden tomar por sorpresa.

Me parece que All the King’s Men debería ser lectura obligatoria para todo aquel interesado en la escritura creativa. El uso de las técnicas narrativas de Warren compensa cualquier parte aburrida de la novela.