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Afuera del refugio

Como es natural, la mayoría de los daños ocasionados por el huracán María ocurrieron en el exterior. Para verlo, hubo que salir del refugio en que se había convertido nuestra casa.

Techo de madera del refugio

Ese es el techo de madera del garaje o lo que quedó de él

Salieron volando el revestimiento del techo de madera tanto de la terraza como el garaje, y parte de los paneles de madera. Todo lo que se había guardado en la terraza se mojó, incluyendo unas máquinas de carpintería. La mata de guineo, sobreviviente de Irma, no pudo con María y se dobló.

Ficus caído que ya no sirve de refugio

Ese ficus proporcionaba una de las mejores sobras de Caguas

Lo más triste fue la caída del ficus, plantado frente a la casa. El árbol era viejo y frondoso. De tarde, nos sentábamos bajo su sombra y disfrutábamos de la brisa. También ofrecía cierta privacidad. Aun así, decidimos no replantarlo. Hay uno pequeño que siempre luchó por crecer. Ahora tendrá la oportunidad.

Casa de madera que fue refugio alguna vez

Uno de mis lugares favoritos para retratar…

El techo de la casa parecía una piscina de tanta agua. Todos los drenajes de agua se bloquearon con hojas. Había un mar de hojas: en el techo, en el balcón, en la marquesina, en la terraza, hasta dentro de la casa.

El río Cagüita

El río Cagüita se desbordó, pero no llegó a inundar despiadadamente

Más allá de nuestra casa, el mayor daño lo sufrieron los árboles. El que no cayó quedó deshojado. El color marrón de la mayoría daba la impresión de que habían sido incendiados.

Sé que los árboles reverdecerán, que nueva flora surgirá y que podremos arreglar el techo de madera de mi casa. Pero al momento que escribo esto (2 de octubre de 2017), el paisaje es desolador. Por eso el interior de la casa sigue siendo nuestro refugio.

María, el huracán

He sobrevivido varios fenómenos atmosféricos: huracanes, tormentas, vaguadas, ondas, frentes de frío, sequías, lloviznas, garúas, brizas… thunderstorms, coldwaves y blizzards, por eso de ser climatológicamente bilingüe. Nada, absolutamente nada de lo anterior me preparó para el huracán María.

Un minion

Ahí está el minion, entre Northern Exposure y Big Bang Theory. Adivinen a qué miembro humano de la familia pertenece cada serie…

Se trató de un huracán categoría 4 con ráfagas que sobrepasaron la categoría 5. Me consideraba una veterana de huracanes. Sobreviví Hugo en el 89 y Georges en el 98, por mencionar los más peligrosos. Georges cruzó Puerto Rico de este a oeste a 5 millas por hora y su ojo, que se sintió en San Juan, se estacionó sobre la Isla. Recuerdo perfectamente la virazón y el que viviera en un décimo piso, por lo que las ráfagas se sentían más fuertes. Sin embargo, Georges fue un nene de teta al lado de María.

Comenzó a llover desde el martes, 19 de septiembre, por la noche. Nada que no hubiera vivido antes. Sí había notado que, los días previos, Cathy y Lucy, las perrijas, estaban intranquilas, contrario al comportamiento antes del huracán Irma. Ese martes, estuvieron calmadas. De hecho, nos acostamos a dormir a la hora acostumbrada, porque habíamos terminado los preparativos a tiempo. Nada que no hubiera hecho en otra ocasión. Pasé la virazón de Georges durmiendo.

Una ventana de la sala por culpa de María

Así quedó una de las ventanas de la sala

Durante la madrugada, los vientos eran tan intensos que hacían temblar las ventanas de la habitación. Los había estado escuchando entre despierta y dormida hasta que una ráfaga pareció querer entrar a la casa. Wu Siumán sugirió refugiarnos en la habitación que parecía más segura, después del baño: mi oficina. Debo confesar que para entonces las ráfagas y los vientos eran tan intensos que estaba asustada. Fue el terror lo que me hizo extender un edredón en el suelo y echarme a dormir.

Así me la pasé el resto de la madrugada y durante la mañana del miércoles, 20, dormitando.

Aunque la casa ubica en zona inundable, sabíamos que no se inundaría. No contábamos con que se nos metiera agua por las ventanas de la habitación y la sala. En el cuarto, el colchón se salvó gracias a una cubierta impermeable. Todo lo que estaba encima se perdió: sábanas, almohadas, frisas. También se dañó la mesa del televisor. En la sala no tuvimos tanta suerte. El futón que hacía las veces de sofá se mojó, al igual que los dos libreros. Uno de ellos se llenó de hongo y perdí un solo libro (un diccionario francés-inglés que conservaba por su antigüedad). Los demás libros se salvaron por mi costumbre de no colocarlos pegados del fondo.

Librero a punto de llenarse de hongo por culpa de María

El piso del librero a punto de llenarse de hongo

Hubo una filtración en el clóset de la oficina. La descubrimos a tiempo, por lo que el edredón no se mojó. La razón de la filtración se encuentra en el exterior de la casa pero eso corresponde a la entrada siguiente.

A la larga, no sufrimos más pérdidas en el interior, nuestro refugio. Tengo entendido que la pared del ojo de María pasó por Caguas. No lo dudo. No tengo idea de la velocidad de las ráfagas más intensas o los vientos sostenidos. Tampoco quiero saber. Solo sé que María fue un huracán categoría 4 con la intensidad de un categoría 5 y ningún fenómeno atmosférico me preparó para ella.