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Hogar lejos del hogar

Luces de San Lorenzo, vistas desde el hogar lejos del hogar.

Luces de San Lorenzo al amanecer

Durante las pasadas dos semanas y media he vivido lejos de mi hogar. Una antigua alumna me abrió las puertas de su casa y me prestó su familia para tener dónde quedarme mientras Wu Siumán viajaba a Lima a arreglar unos asuntos.

Tengo un esposo preocupado por mí

Un diagnóstico de cáncer puede poner a prueba cualquier matrimonio. En nuestro caso, lo estamos sobrellevando juntos. Por eso, cuando se vio en la necesidad de viajar, Wu Siumán se preocupó por mí. Le costaba irse y dejarme sola. Él sabe que soy autosuficiente, pero también terca. Si algo me ocurriera, relacionado con la salud, de seguro no iría a buscar ayuda.

Partió tranquilo porque me ofrecieron un hogar dónde quedarme y acepté. Pasé dos semanas y media en lo alto de una montaña, con la desventaja de que ahora que estoy de regreso a mi casa en una urbanización en el pueblo me parece demasiado calurosa.

Atardecer en la altura

Atardecer en la altura

Fue una buena experiencia. Me consintieron y hubo un momento en que me llevaron a la clínica, que no a emergencias, para tratarme la tos. Wu Siumán tenía razón: por mí no hubiera ido y resultó que debía.

¿Qué pasó con las perrijas?

Extrañé mucho a Cathy y a Lucy quienes se hospedaron con Perry, un amigo chiguagua, en San Lorenzo. Allá la pasaron bien, las añoñaron y puede que en el fondo hubieran preferido quedarse. Acá no tienen el roznido de un burro como sonido de fondo.

De vuelta al hogar

Flores monocromáticas en el hogar lejos del hogar

Arreglo en mi habitación en el hogar lejos del hogar

Ahora la familia está completa luego de unas vacaciones de dos semanas y media. Lo que nos espera es el regreso a la normalidad. En mi caso, será nueva porque por fin comenzaré el tratamiento que hemos tenido que posponer por razones variopintas.

De todos modos, ya sé que cualquier cosa, cuento con un hogar lejos del hogar.

Desde Caguas

Antes de María tenía planes. Uno de ellos era Desde Caguas. Sería una sección en el blog dedicada a mi experiencia como nueva habitante de Caguas. Hasta tenía una entrada preparada. Ahora me parece tan alejada de la realidad. Aquí la reproduzco:

Atardecer desde Caguas

Los atardeceres son espectaculares

Hace tres años dejé Hato Rey atrás y no voy a negar que me ha costado. Se trataba de mi centro de operaciones. Hasta me declaré hatorreña. Pero luego de una década nos tocó partir. Nunca expliqué el porqué de la mudanza. Fueron dos las razones: los actos delictivos estaban aumentando en Parque Florido y la vecina de los altos puso nuestra seguridad en riesgo al bloquear una de nuestras dos salidas. De haber una emergencia, la puerta de atrás era la salida más rápida, pero ella la bloqueó con tres arbustos sembrados en tiestos gigantes, tan solo porque la puerta daba a su estacionamiento. Anteriormente, nos había bloqueado el acceso al buzón colectivo porque estaba frente a una de sus dos puertas.

Arcoíris y cables desde Caguas

Nunca faltan los arcoíris

El casero intercedió y logró restaurar el acceso al buzón, pero la vecina hizo caso omiso en cuanto a los tiestos y, por no denunciarla con los bomberos y meternos en más líos, Wu Siumán y yo optamos por mudarnos. Luego de diez años como arrendados, quisimos probar suerte como propietarios. Las únicas viviendas en nuestro presupuesto estaban en Caguas y aquí vinimos a parar.

Adquirimos una casa, que desde el primer momento supe que estaba reservada para mí. Cotizaba por debajo de nuestro presupuesto, ubica en una buena urbanización y cumple con mi exigencia más importante: una buena cocina. Además, el nombre de la calle me recuerda a Wu Siumán.

Huerto casero desde Caguas

Tenemos un huerto casero

Nos mudamos el 1º de junio de 2014, exactamente diez años después de la mudanza a la casa de Hato Rey. Fue una de esas casualidades que me parecen de buen augurio. Al final de cuenta, me gustaba vivir en Parque Florido.

No puedo negar que, de entrada, se me hizo difícil la transición. Sin embargo, han pasado tres años desde entonces y, aunque, como se puede ver, he tomado algunas fotografías de Caguas, apenas he escrito en el blog sobre la experiencia de trasplantarme a esta nueva ciudad.

Helado artesanal desde Caguas

Descubrimos una heladería artesanal

Luego venía el anuncio de la sección Desde Caguas. Las fotos son lo más aquel, pero ya no representan la realidad que María nos dejó. El huerto quedó destruido, aunque los atardeceres siguen siendo espectaculares.

Ahora mismo no me siento con ganas de hablar de mi experiencia en Caguas o en ningún otro lugar. Puede que más adelante aborde el tema, pero desde la realidad pos María.

Afuera del refugio

Como es natural, la mayoría de los daños ocasionados por el huracán María ocurrieron en el exterior. Para verlo, hubo que salir del refugio en que se había convertido nuestra casa.

Techo de madera del refugio

Ese es el techo de madera del garaje o lo que quedó de él

Salieron volando el revestimiento del techo de madera tanto de la terraza como el garaje, y parte de los paneles de madera. Todo lo que se había guardado en la terraza se mojó, incluyendo unas máquinas de carpintería. La mata de guineo, sobreviviente de Irma, no pudo con María y se dobló.

Ficus caído que ya no sirve de refugio

Ese ficus proporcionaba una de las mejores sobras de Caguas

Lo más triste fue la caída del ficus, plantado frente a la casa. El árbol era viejo y frondoso. De tarde, nos sentábamos bajo su sombra y disfrutábamos de la brisa. También ofrecía cierta privacidad. Aun así, decidimos no replantarlo. Hay uno pequeño que siempre luchó por crecer. Ahora tendrá la oportunidad.

Casa de madera que fue refugio alguna vez

Uno de mis lugares favoritos para retratar…

El techo de la casa parecía una piscina de tanta agua. Todos los drenajes de agua se bloquearon con hojas. Había un mar de hojas: en el techo, en el balcón, en la marquesina, en la terraza, hasta dentro de la casa.

El río Cagüita

El río Cagüita se desbordó, pero no llegó a inundar despiadadamente

Más allá de nuestra casa, el mayor daño lo sufrieron los árboles. El que no cayó quedó deshojado. El color marrón de la mayoría daba la impresión de que habían sido incendiados.

Sé que los árboles reverdecerán, que nueva flora surgirá y que podremos arreglar el techo de madera de mi casa. Pero al momento que escribo esto (2 de octubre de 2017), el paisaje es desolador. Por eso el interior de la casa sigue siendo nuestro refugio.

María, el huracán

He sobrevivido varios fenómenos atmosféricos: huracanes, tormentas, vaguadas, ondas, frentes de frío, sequías, lloviznas, garúas, brizas… thunderstorms, coldwaves y blizzards, por eso de ser climatológicamente bilingüe. Nada, absolutamente nada de lo anterior me preparó para el huracán María.

Un minion

Ahí está el minion, entre Northern Exposure y Big Bang Theory. Adivinen a qué miembro humano de la familia pertenece cada serie…

Se trató de un huracán categoría 4 con ráfagas que sobrepasaron la categoría 5. Me consideraba una veterana de huracanes. Sobreviví Hugo en el 89 y Georges en el 98, por mencionar los más peligrosos. Georges cruzó Puerto Rico de este a oeste a 5 millas por hora y su ojo, que se sintió en San Juan, se estacionó sobre la Isla. Recuerdo perfectamente la virazón y el que viviera en un décimo piso, por lo que las ráfagas se sentían más fuertes. Sin embargo, Georges fue un nene de teta al lado de María.

Comenzó a llover desde el martes, 19 de septiembre, por la noche. Nada que no hubiera vivido antes. Sí había notado que, los días previos, Cathy y Lucy, las perrijas, estaban intranquilas, contrario al comportamiento antes del huracán Irma. Ese martes, estuvieron calmadas. De hecho, nos acostamos a dormir a la hora acostumbrada, porque habíamos terminado los preparativos a tiempo. Nada que no hubiera hecho en otra ocasión. Pasé la virazón de Georges durmiendo.

Una ventana de la sala por culpa de María

Así quedó una de las ventanas de la sala

Durante la madrugada, los vientos eran tan intensos que hacían temblar las ventanas de la habitación. Los había estado escuchando entre despierta y dormida hasta que una ráfaga pareció querer entrar a la casa. Wu Siumán sugirió refugiarnos en la habitación que parecía más segura, después del baño: mi oficina. Debo confesar que para entonces las ráfagas y los vientos eran tan intensos que estaba asustada. Fue el terror lo que me hizo extender un edredón en el suelo y echarme a dormir.

Así me la pasé el resto de la madrugada y durante la mañana del miércoles, 20, dormitando.

Aunque la casa ubica en zona inundable, sabíamos que no se inundaría. No contábamos con que se nos metiera agua por las ventanas de la habitación y la sala. En el cuarto, el colchón se salvó gracias a una cubierta impermeable. Todo lo que estaba encima se perdió: sábanas, almohadas, frisas. También se dañó la mesa del televisor. En la sala no tuvimos tanta suerte. El futón que hacía las veces de sofá se mojó, al igual que los dos libreros. Uno de ellos se llenó de hongo y perdí un solo libro (un diccionario francés-inglés que conservaba por su antigüedad). Los demás libros se salvaron por mi costumbre de no colocarlos pegados del fondo.

Librero a punto de llenarse de hongo por culpa de María

El piso del librero a punto de llenarse de hongo

Hubo una filtración en el clóset de la oficina. La descubrimos a tiempo, por lo que el edredón no se mojó. La razón de la filtración se encuentra en el exterior de la casa pero eso corresponde a la entrada siguiente.

A la larga, no sufrimos más pérdidas en el interior, nuestro refugio. Tengo entendido que la pared del ojo de María pasó por Caguas. No lo dudo. No tengo idea de la velocidad de las ráfagas más intensas o los vientos sostenidos. Tampoco quiero saber. Solo sé que María fue un huracán categoría 4 con la intensidad de un categoría 5 y ningún fenómeno atmosférico me preparó para ella.