Afuera del refugio

Como es natural, la mayoría de los daños ocasionados por el huracán María ocurrieron en el exterior. Para verlo, hubo que salir del refugio en que se había convertido nuestra casa.

Techo de madera del refugio

Ese es el techo de madera del garaje o lo que quedó de él

Salieron volando el revestimiento del techo de madera tanto de la terraza como el garaje, y parte de los paneles de madera. Todo lo que se había guardado en la terraza se mojó, incluyendo unas máquinas de carpintería. La mata de guineo, sobreviviente de Irma, no pudo con María y se dobló.

Ficus caído que ya no sirve de refugio

Ese ficus proporcionaba una de las mejores sobras de Caguas

Lo más triste fue la caída del ficus, plantado frente a la casa. El árbol era viejo y frondoso. De tarde, nos sentábamos bajo su sombra y disfrutábamos de la brisa. También ofrecía cierta privacidad. Aun así, decidimos no replantarlo. Hay uno pequeño que siempre luchó por crecer. Ahora tendrá la oportunidad.

Casa de madera que fue refugio alguna vez

Uno de mis lugares favoritos para retratar…

El techo de la casa parecía una piscina de tanta agua. Todos los drenajes de agua se bloquearon con hojas. Había un mar de hojas: en el techo, en el balcón, en la marquesina, en la terraza, hasta dentro de la casa.

El río Cagüita

El río Cagüita se desbordó, pero no llegó a inundar despiadadamente

Más allá de nuestra casa, el mayor daño lo sufrieron los árboles. El que no cayó quedó deshojado. El color marrón de la mayoría daba la impresión de que habían sido incendiados.

Sé que los árboles reverdecerán, que nueva flora surgirá y que podremos arreglar el techo de madera de mi casa. Pero al momento que escribo esto (2 de octubre de 2017), el paisaje es desolador. Por eso el interior de la casa sigue siendo nuestro refugio.

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