A jugar con la palabra

Juego de palabra © Gladys Guerra Arcelay

Para leer Rayuela, de Julio Cortázar, no es necesario seguir un orden lógico. Abrir en libro en una página fortuita es suficiente para comenzar disfrutarlo. Y es que Rayuela es una experiencia lúdica en todos los sentidos.

En primer lugar, destaca su aleatoriedad. Se la puede leer de forma lineal en su totalidad o hasta el capítulo 56. En segundo lugar, se la puede leer según se sugiere en el “Tablero de dirección” que encabeza el texto y que implica una alternancia nostradámica de los capítulos. Por último, quien lea puede convertirse en lector cómplice y decidir por sí mismo el orden en que la quiera leer.
Esta última forma surge de uno de sus planteamientos constantes que consiste en el rol del lector quien no debe ser un ente pasivo o hembra, término utilizado en la novela, sino activo y primordialmente lúdico.

Por otro lado, la ausencia de una trama provoca el que la palabra se convierta en el centro del texto y sea políglota, como los personajes, y que, como ellos, vaya de lo erudito a lo pedante, de lo sublime a lo cruel.

Como el título sugiere, para leer la novela hay que estar dispuesto a entrar al mundo del juego en el que la participación activa es importante para poderlo, y poderla, disfrutar plenamente.

Publicado originalmente en hayArte.

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