Bolígrafo naranja para corregir ortografía.

Más ortografía para escritores

¿Alguna vez comenté que ya terminé de leer la Ortografía de la lengua española (Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, 2010)? Leí la última página allá para el 26 de septiembre de 2014. De hecho, ya había terminado el mamotreto cuando publiqué la entrada relacionada con los nombres de los personajes.

Hubo algunas otras recomendaciones que quedaron en el tintero y que olvidé debido al año sabático. Hace poco las reencontré y me parece buena idea compartirlas:

  • Dedicatorias: La dedicatoria no termina con un punto final, aun cuando se encuentra en una página sola porque pertenece a un libro (poemario, relatario, novela) o entre el título y el cuerpo por tratarse un texto poco extenso (poema, cuento, ensayo). Se puede considerar el uso del punto si la dedicatoria es extensa, pero si consta de varios párrafos, cada uno debe llevar su punto.
  • Género epistolar: Si el texto es epistolar, ya sea porque consiste en una sola carta, como podría ser el caso de un cuento, o porque consta de varias cartas, como ocurre en algunas novelas, se colocan dos puntos en el saludo y en la próxima línea comienza el cuerpo de la carta con mayúscula inicial. En un mundo ideal, ese sería el formato de los correos electrónicos.
  • Versos: Cuando un verso de un poema es tan extenso que ocupa más de lo que permite el papel en el que está escrito, se coloca lo que falta en la línea siguiente, al margen derecho y antecedido por un corchete de apertura.
  • Raya: La raya se utiliza para señalar los diálogos, preferiblemente en texto narrativos o ensayísticos, sin embargo, para los dramáticos, cuya base es precisamente el diálogo, se puede señalar cada parlamento antecedido por el nombre del personaje, sea en letra redonda o la versalita y un punto o un punto, seguido inmediatamente por la raya.
  • Citas: Cualquier cita que aparezca dentro de un texto literario debe marcarse por medio de las comillas. Recuerden que el orden en español debe ser comillas angulares, inglesas, simples.
  • Título de colección: Si el libro forma parte de una colección, saga o serie, el título de la misma solo se marca mediante la mayúscula en las palabras que lo componen, salvo artículos y preposiciones.
  • Tipografía: Para efectos tipográficos no se recomienda que una línea final de párrafo contenga menos de cinco caracteres sin contar el punto final o el signo de interrogación o exclamación si ese fuera el caso. Sin embargo, hay que tener claro que el mundo no se acaba si contienes menos de cinco caracteres.
  • Guion al final de línea: Se recomienda no separar con guion una palabra al final de una línea. Los programas de procesamiento de palabras, como Word, evitan que esto ocurra. No obstante, si el escritor decide hacerlo por una cuestión estilística, se espera que no ocurra en más de tres líneas consecutivas. (Aclaración: La plataforma WordPress, que alberga este blog, coloca el guion automáticamente para adaptar la entrada al tamaño del aparato donde se lea. Escribo mis posts sin guion).
  • Guion al final de título: Tampoco se aconseja dividir una palabra al final de la línea si se trata del título, es decir, los únicos guiones que deben aparecer en un título son los de las palabras compuestas.
  • Títulos en versalita: El tipo de letra versalita, se puede usar tanto en títulos como en subtítulos, teniendo en cuenta que debe iniciar con mayúscula cualquier palabra que así lo exijan las reglas de ortografía. De paso, en cualquier título o subtítulo se puede escribir todo en mayúscula, no así el cuerpo del texto.
  • Tilde en letra mayúscula: Si, de acuerdo con las reglas de acentuación, a una letra en mayúscula le corresponde la tilde, hay que ponérsela. No importa si está en mayúscula o en versalita, el acento ortográfico no se elimina. Repito: Las letras mayúsculas y versalitas se acentúan si así corresponde. No hay excusa debido a que las letras básicas (Arial, Times New Roman, Book Antiqua, etc.) y muchas de las artísticas colocan la tilde en la mayúscula o la versalita sin ningún problema.

Con esta entrada terminan mis recomendaciones ortográficas para escritores de textos creativos a base de o presentado la nueva Ortografía de la RAE. Las logré presentar antes de que volvieran a cambiar las reglas. (Oquei, mal chiste).

Suero de leche envasado.

¿Qué hacer con el suero de leche? Quinta idea: Sustituto de la leche

La última alternativa que presento para utilizar el suero que sobra después de preparar el yogur griego es usarlo como sustituto de la leche. Por esa razón, no presentaré una receta como tal.

Cuando digo que se use el suero de leche como sustituto de leche, no me refiero a que se haga indiscriminadamente, es decir, donde quiera que una receta diga “usar leche”, se sustituye por el suero. No siempre funciona o, por lo menos, sabe bien. No obstante, en repostería es muy útil.

Mi experiencia en ese campo ha sido principalmente con panes, bizcochos y muffins. La ventaja que ofrece es que, contrario a la batida o a la limonada probiótica, donde queda un sabor amargo, en repostería mezcla bien con el resto de los ingredientes.

Algunos ejemplos son:

De los últimos dos presentaré las recetas en futuras entradas. Otras opciones encontradas en la red son las siguientes (se debe recordar que en español suero de leche corresponde tanto a “whey” como a “buttermilk” en inglés y que son dos productos diferentes. En todo momento, me refiero al primero):

Como se puede ver, el suero de leche puede convertirse en un producto muy versátil en panadería y repostería y para otros menesteres en la cocina.

Portada para las instrucciones

Lápices de Cupido: Manualidad para San Valentín

Hacer estos dichosos lápices de Cupido fue uno de esos líos en los que me metí, innecesariamente. Lo peor no fue eso, sino que involucré en el asunto a la gran Natalie y a HAA, que aún deben estar molestos conmigo.

Lápiz de Cupido originalEl año pasado para estas fechas, tomé un taller de cuento con María Zamparelli. Ella inició el mismo, obsequiando un lápiz transformado en flecha de Cupido. Como para esos momentos formaba parte del comité que organizó el cuarto certamen de Cartas de Amor, traje la idea como un detalle para entregar a los seleccionados por el jurado, independientemente del premio que obtuvieran.

Manualidad terminada

El proyecto fue una pesadilla. Trabajamos en él tres personas y nos tardamos media hora, perdón, tres días. Qué tres días, un mes completo.

Materiales

  • Lápices
  • Dos láminas de foami (goma EVA) con o sin escarcha: una roja y otra de otro color como negro, blanco, dorado, plateado, rosado, etc.
  • Molde de corazones y plumas de flechas (puede hacerse a ojo).
  • Tijeras

Procedimiento

  1. Figuras trazadas en foamiTrazar la figura en la parte posterior del foami con el molde que corresponda. Rojo para el corazón y cualquier otro color para las plumas.
  2. Cortando el trazo en foamiProceder a cortar con cuidado.
  3. Cortando las muescasDoblar por la mitad el foami cortado y se cortan dos muescas en el centro.
  4. Colocando la figura en el lápizInsertar el lápiz a través de las muescas. Las plumas van en la goma, y el corazón en la punta.
  5. Fáciles de hacer los lápices de CupidoListo, al fin.

El trabajo que pasamos fue tanto, que salimos del taller de mal humor, con hambre y llenos de escarcha.

En cuantos al certamen, las cartas ganadoras se publicaron en el periódico Diálogo en la nota titulada: Cartas de amor… para todos los amores, por Antonella Vega. ¡Espero que las disfruten hiperbólicamente!

Todos los lápices de Cupido

Ficha de A Brief History of Time

A Brief History of Time, de Stephen Hawking

Según el reto de lectura mensual en el que me metí, en enero se supone que haya leído un libro de un género nuevo para mí. Pero como creo haber leído algo de todos los géneros y me propuse que para este reto me circunscribiría a libros que ya tengo en la casa, cambié el tema a un libro de un género que no acostumbro a leer. Entra en escena: A Brief History of Time, de Stephen Hawking.

No se trata del primer libro dedicado a la física al que me enfrento. Creo que es el segundo. No acostumbro a leer libros científicos, aun cuando Wu Siumán es físico. Por eso pensé que sería el libro idóneo para comenzar este reto.

Entrada al laboratorio del científico loco

Wu Siumán es científico, así se establece en la puerta de entrada a su laboratorio

A Brief History of Time consta de once capítulos y tres apéndices, además del reconocimiento, un glosario, el índice y la introducción a cargo de Carl Sagan. No es un libro dirigido a especialistas. El propio Hawking lo establece al justificar la sencillez del mismo y la falta de fórmulas (excepto la inevitable E = mc2), debido a que está enfocado en el público general.

El acercamiento al estudio de la astrofísica (universo, tiempo-espacio) es histórico por lo que todas las explicaciones se presentan según la cronología de los descubrimientos. La redacción es fácil de seguir aun cuando la dificultad aumenta. Llama la atención cómo el conocimiento del universo (origen, comportamiento y composición) ha cambiado a lo largo de los siglos, aunque en el siglo XX el adelanto fue monumental. Los especialistas conocen hoy día más que la ciudadanía de a pie. Tiene que ser así, porque la velocidad en la que se producen los descubrimientos es tal que solo unos pocos en el planeta logran mantenerse al día. No se debe perder de perspectiva que el libro se publicó a finales de la década de los 80. Han pasado 28 años desde entonces. Asusta imaginar qué ha descubierto la astrofísica en este tiempo.

Como dato curioso, Hawking transmite una personalidad relajada, propensa al buen humor, pero no al chiste fácil. No sé cuánto corresponda a la realidad.

En A Brief History of Time se presenta de manera sencilla la evolución del estudio del universo para que cualquier lector puedan entender sin mayores dificultades, pese la cantidad de información y del uso de un vocabulario especializado, forzoso en este tipo de texto, aun cuando esté dirigido a todo tipo de lector.

Para febrero, se supone que el libro sea de un autor de mi zona. Sin embargo, me pareció más interesante cambiar el tema un tanto: un libro que trate del lugar donde nací. Sabrán el título cuando lo reseñe.

Logo del reto de lectura de 2017

Logo del proyecto Editing Dangerously | © Philip Uglow

2017: The Year of Editing Dangerously

I believe more in the scissors
than I do in the pencil.
Truman Capote

Si algo aprendí en el 2016 es que no todas las personas tienen que ser escritoras. No es una obligación, ni siquiera moral. Habrá a quien simplemente no le interese. También aprendí que no todo el mundo tiene la capacidad de ser escritor. Habrá quien quiera y realmente no puede, y quien no puede, pero tampoco quiere. Por último, también aprendí que de nada sirve querer ser escritor, si no se está dispuesto a pasar el trabajo de editar. Para eso hay que tener babilla. Como todavía estoy deliberando cuál es mi posición como escritora, me propuse que el 2017 sería “the year of editing dangerously” (ya sé que como traductora debería usar la versión en español, pero en inglés suena más peligroso. Apedréenme si quieren).

Maquinilla Olympia con flores | © Valeria Moschet

Instrumento para reescribir | Fotografía de Valeria Moschet

Ensayos académicos

Es cierto que la redacción académica no es creación literaria, pero no quiero cerrarme a la posibilidad de que este sea el único tipo de escrito al que me debería dedicar. En el 2016 produje cuatro “papers”, tres de los cuales se publicaron y el que falta aún no se ha sometido a consideración.
Este tipo de trabajo no se me hace fácil. Requiere mucha investigación. No me quejo; investigar es una de mis pasiones. No obstante, producir el texto puede conllevar meses de búsqueda, lectura, descarte de recursos, redacción, corrección, verificación, corrección, edición y corrección.
Por mi línea de trabajo no me queda más opción que realizar ensayos académicos. Es un requisito, es lo que se espera de mí, me guste o no. Por suerte, lo disfruto.

El mal de la poesía

Me persigue. Y no soy poeta. No. Trato muy mal los poemas pacos que escribo a lo loco. Ni los reviso. Aun así, tengo el descaro de escribir un poemario en una semana. Me parece que la aseveración anterior merece una explicación. Lo habré escrito en tiempo récord, pero llevaba pensando en él casi un año. Se trataba de un sentimiento que tenía que sacarlo del sistema y que aún no estoy lista para tratar en narrativa. En otras palabras, parece que desarrollé sentimientos y no sabía qué hacer con ellos; los vertí en verso y ahora… no sé qué hacer con ellos. Se trata de todo un poemario y me siento incapaz de separar los hermanos poemas. Eso sería una crueldad.

Útiles de oficina para editar | © Stefan Schweihofer

Instrumentos imprescindibles para editar | Fotografía de Stefan Schweihofer

Narradora escribiendo

Quiero ser narradora… igual que todo el mundo y su primo. Y la prima también. Y no olvidemos a Raymundo. Ni a los puristas que ahora están convulsando. A este respecto estoy considerando que quizás se trate de un asunto de querer y no poder. Quizás mi misión es ser lectora y no escritora. Total, debe haber más lectores que escritores, si no esto sería un club exclusivo en el que nos leeríamos unos a otros y no admitiríamos la intrusión del mundo exterior.

Disculpen la digresión. Durante el 2016 me encontré con una situación anómala: escribí narraciones extensas. Soy fanática de la microficción y comencé por ahí. Incluso, una vez me quejé de que me siento encajonada en la clasificación de microcuentista. Pero este año, hasta escribí una novela corta en tres semanas (espero que nadie piense que es una obra maestra).

O estoy madurando como escritora u ocurre una alineación planetaria extraña.

La maldición de la mención

Parece que la superé. Quizás tenga algo que ver lo poco que participé en certámenes para concentrarme en convocatorias para revistas y antologías. Sin embargo, tampoco sometí muchos textos para este tipo de evento.

Me sorprendo de mí misma porque usaba los concursos como medio de obligarme a escribir. Es decir, me topaba con unas bases que me llamaban la atención. Escribía algún cuento que girara entorno al tema presentado, antes de la fecha de cierre, y lo enviaba. ¿Qué seguía? Una súplica a Yukiyú para que no obtuviera premio que en el 99 % de los casos se me concedía, lo que me daba tiempo para revisarlo. Solo hay un detalle muy pequeño, insignificante en realidad: rara vez lo revisaba con calma. Eso significaba que si encontraba otras bases que parecieran admitir el texto, lo revisaba como pudiera, lo envía y volvía a suplicarle a Yukiyú. ¿Ven el patrón? Me consolaba con que tenía un cuento terminado.

Pero en el 2016 no necesité de bases con temas y fechas límites. Muchos relatos surgieron, así nada más, por generación espontánea. Encima los terminaba aun sin tener fecha límite. No necesito concursos para escribir.

Té de hierbas para la edición | © Mira DeShazer

Té de hierbas para la inspiración | Fotografía de Mira DeShazer

The Year of Editing Dangerously

Lo antes escrito me lleva a pensar que tengo muchos textos sin revisar. Escribir es fácil si se tiene la capacidad o si se quiere. No hay duda de que pertenezco a ese último grupo. No obstante, para mí, la labor más importante de quien escribe es revisar. Reconocer que lo primero que se escribió no sirve y para mejorarlo hay que reescribir, recortar, editar para luego alejarse del texto antes de volver a revisar, reescribir, recortar y editar. Para eso hay que tener babilla, se debe reconocer que uno no es un genio, que ser escritora implica pasar trabajo.

Aspiro a pasar buena parte del 2017 revisando, reescribiendo, recortando y editando. Puede que cree algo original, pero su destino terminará siendo el de lo escrito anteriormente. Quizás así logre publicar un libro decente. O quizás descubra que no tengo la babilla suficiente, que no estoy hecha para ser escritora y me olvide del asunto.

Por todo lo anterior, armada con una tijera y un bolígrafo rojo, he denominado al 2017: The Year of Editing Dangerously (ya sé que debería decir “revising” y no “editing”, pero a veces me paso de optimista).